En construcción, de Tristán Ulloa. No pensaba volver a ningún lugar sin vos - Alfa y Omega

No me canso de repetirlo, pero cuando uno sale del teatro con un nudo en el estómago y tocado aunque sea por unos instantes por la magia, parece que se regresa nuevo y vuelve sus pasos convencido de que el espíritu también necesita alimentarse. Pero si encima se alimenta con gusto, esto es, con una obra bien hecha y mejor pensada e interpretada, todos los ingredientes están puestos sobre la mesa para que disfrute y se deje llevar por ese placer casi místico de sentirse bien con uno mismo y con la cultura que nos atrapa. Así es como uno se transforma cuando disfruta con el arte. Así es como uno muta cuando lo hace suyo. Así es como uno entra en el otro y se deja atravesar para que no le duela pero sí para que le construya. Igual que en la obra En Construcción, vamos todos modelándonos desde los pies hasta el alma (Benedetti ya me entiende, le robo siempre algún verso).

Sole y Pablo son una pareja de argentinos que dejan atrás su país cuando el corralito y las caceroladas; lo recuerdan, ¿verdad? Un momento de crisis que obligó (y obliga) a soñar con una mano delante y otra detrás pero siempre con la esperanza de encontrar algo mejor. Agarraron sus maletas, su hija y sus anhelos y se presentaron en Madrid, ya no buscando tanto un futuro como un presente para hacerlo suyo. A partir de ahí, la misma historia de siempre. El drama, en general, de estar construyéndose a cada paso mientras todo se derrumba. La dura tarea se hacerse pasar por uno de nosotros (de españoles –me refiero–); curiosa empresa. El ser extranjero como un estigma que por veces hay que borrar; o mejor aún, maquillar y que no se note. Una historia de los que van y vienen. Una metáfora del camino. El peregrinaje más absoluto y la huida más clamorosa.

Pero si bien todas estas cosas nos suenan, no está de más que señale que los diálogos son brillantes. Que hay ternura, mucha, y respeto. Me gustaría que se quedaran con esta última palabra porque les aseguro que cuando vayan a ver y vivir la obra saldrán convencidos de que en el amor siempre debe haber un hueco para las reconciliaciones y los desvaríos, pero desde el respeto. Y por qué no, también hay caídas y desengaños. Pero ahí está el truco. Uno no puede vivir de espaldas a la pared constantemente para que las lágrimas no se noten. (…) El caso es que son noventa minutos espléndidos, entre otras cosas, porque es de estas obras que a medida que va deslizándose va creciendo. Y lo actores, ¿qué decir cuando tienes delante a dos personas que te atrapan? Y no estoy hablando de Carolina Román y Nelson Dante, sino de Sole y Pablo. Porque son a ellos a quienes ves. Maravillosos. Son redondos. Es eso por lo que luchaba Stanislavski cuando con su método buscaba traspasar fronteras y dotar al actor de mucho más que una buena interpretación puesto que lo que quería en realidad era hacer de él un ser completo y perfecto. Lo consiguen. Para que se hagan una idea, sobre las tablas van a oír a Jorge Drexler, verán los pasos de un tango, se deleitarán con las notas de un piano, con fotografías, retratos… Lindo. Relindo.

A estas alturas ya sabrán que no se pueden perder la obra. Tristán Ulloa (su director) y los actores se lo merecen. Pero si he de ser franca, ustedes también se merecen acercarse a esta ventana abierta a la realidad para contemplarse –seguro– entre esas cuatro paredes. Sí, estoy por apostar que a más de uno se le pondrá la piel de gallina y se encogerá en el asiento por miedo a seguir revelándose. Porque, que nadie se engañe: todos estamos En construcción. A cada paso, en cada palabra; perseguimos ser fabricados, probados y perfeccionados. Gracias, Tristán.

En Construcción

★★★★☆

Teatro:

Teatro del Barrio

Dirección:

Calle Zurita, 20

Metro:

Lavapiés

OBRA FINALIZADA