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El
pasado 13 de abril, el Consejo de la Juventud, de la
Comunidad de Madrid, negó la entrada a Deleju,
la asociación de jóvenes de la Delegación
Diocesana de Infancia y Juventud del Arzobispado de
Madrid. Le asiste toda la razón a Lucía
Gallo, representante de uno de los grupos a quienes
también se les ha obstaculizado la entrada, cuando
afirma: «Nos parece indignante que, por no compartir
las mismas opiniones, no dejen entrar a nuevas asociaciones
en el Consejo de la Juventud»
Inés Vélez
El Consejo de la Juventud, de la Comunidad de Madrid,
fue creado para ser una plataforma de asociaciones representativa
de la juventud madrileña. Pero, según
Carlos Álvarez, representante, dentro del Consejo,
de la Federación de Estudiantes de Madrid (FEM),
«en la actualidad, la dirección del Consejo
de la Juventud tiene un pensamiento enormemente exclusionista
e intolerante. Quiere que sólo una determinada
línea se imponga en sus documentos y pretende
excluir cualquier otro modo de pensar». Tan es
así, que se ha ido creando una reglamentación
interna que conduce directamente a esta discriminación
excluyente.
El pasado 13 de abril, durante la Asamblea General del
Consejo, se negó la entrada a Deleju, la asociación
de la Delegación Diocesana de Juventud, y se
hizo todo lo posible para que, mediante una más
que complicada burocracia, una docena de asociaciones
juveniles, de diferentes tendencias, no lograran entrar
en el Consejo. «Como jóvenes con un claro
matiz católico -explica Juan Ortega, presidente
de Deleju- solicitamos nuestra incorporación
al Consejo de la Juventud porque queremos que se nos
oiga. Queremos tener una voz allí. Hemos presentado
la documentación exigida y cumplimos todos los
requisitos. En la última asamblea, nuestra incorporación
fue sometida a votación y fue rechazada por 18
votos en contra, 16 a favor y varias abstenciones. Consideramos
que la actitud de la dirección del Consejo puede
ser contraria a los valores de la Constitución.
El artículo 1.1, entre otros, consagra los valores
del pluralismo, igualdad y libertad».
Según varios asistentes a la Asamblea General
del pasado 13 abril, antes de la votación, los
miembros de la Delegación Diocesana de Juventud
fueron sometidos a varias preguntas desagradables. «En
el apartado de altas y bajas, se presentaron dos asociaciones
para ser admitidas -explica, a Alfa y Omega, Lucía
Gallo, secretaria de la Federación de Asociaciones
Juveniles Al revés, que representa a más
de 1.000 jóvenes de Parla, Coslada y Alcorcón,
a quienes también se les ha obstaculizado la
entrada en el Consejo-: Iuve, que fue admitida
sólo como observador en el Consejo, sin derecho
a voto; y Deleju, que optaba a entrar como miembro de
pleno derecho tras un año como miembro observador
y cumpliendo todos los requisitos, en tiempo y forma.
A los representantes de Deleju les hicieron preguntas
que no venían a cuento. Primero, les preguntaron
qué obispo les dirigía y, en segundo lugar,
qué opinaban de los preservativos. Con estas
preguntas se pretendía desacreditarlos».
En el mismo sentido se ha pronunciado Carlos Álvarez,
representante de FEM: «Les hicieron preguntas
que no tenían nada que ver con poder entrar o
no. A la pregunta de qué obispo les dirigía
-con la intención de poner en duda su funcionamiento
democrático interno, requisito fundamental para
entrar en el Consejo de la Juventud- respondieron
que son elegidos en una asamblea de jóvenes.
Con respecto a los preservativos, dijeron que ellos
no habían ido a hablar de ese tema». Asimismo,
según Miguel Osorio, presidente de Iuve, la asamblea
del sábado fue muy triste porque «la actitud
del Consejo es intolerante, muy poco plural y cerrada
a la participación».
A pesar de este jarro de agua fría, los jóvenes
de la Delegación Diocesana de Juventud han expresado
su intención de reiterar su petición en
la próxima asamblea del Consejo. «No renunciamos
a nuestro derecho -asegura Juan Ortega-. Vamos
a intentar alcanzar el mayor consenso posible y que
nos conozcan todas las asociaciones, tanto las que han
votado a favor como las que han votado en contra. Nos
alejamos de cualquier signo político, nuestra
identidad es la de jóvenes cristianos. Somos
representativos de la juventud madrileña».
En los mismos términos se ha expresado, curiosamente,
la Presidenta del mismo Consejo, Nuria Ayuso, en declaraciones
a este semanario: «Una gran parte de la población
joven de Madrid es cristiana. Los católicos representan
un sector importante de la juventud». Pero, hoy
por hoy, según nos dice Carlos Álvarez,
«hay pocas asociaciones en el Consejo de la Juventud
que representen a los jóvenes cristianos de Madrid.
Se supone que el Consejo de la Juventud representa mayoritariamente
a la juventud madrileña pero, hoy por hoy, no
es así».
El Consejo de la Juventud, de la Comunidad de Madrid,
es una entidad con personalidad jurídica propia
que trabaja muy directamente con la Consejería
de Educación de la Comunidad de Madrid. Cuenta
con un presupuesto de 30 millones de pesetas y, en la
actualidad, está integrado por 44 asociaciones
juveniles de ámbito regional, de las cuales,
sólo 29 son de pleno derecho. Muchas críticas
está recibiendo el Consejo de la Juventud desde
diversos sectores de la población juvenil. «Nos
parece indignante que, por no compartir las mismas opiniones,
no dejen entrar a nuevas asociaciones en el Consejo
de la Juventud -ha asegurado, a Alfa y Omega, Lucía
Gallo-. Queremos que se revise el reglamento interno
del Consejo; sólo fomenta la endogamia. Es absurdo
que si una asociación cumple todos los requisitos
y la Comisión permanente emite un informe favorable,
luego la Asamblea tenga que votar. Estamos enviando
cartas a don Carlos Mayor Oreja, consejero de Educación
de la Comunidad, y a don Alberto Ruiz Gallardón,
para que sepan lo que está pasando».
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