En
Medina de Rioseco (Valladolid), la capilla funeraria de
don Álvaro de Benavente fue construida a mediados
del siglo XVI. Es uno de los ejemplos más relevantes
del trabajo en yeso, de los hermanos Corral, de Villalpando;
sin duda de una belleza sorprendente. En una ocasión,
don Eugenio dOrs la calificó como La Capilla
Sixtina del arte castellano. La Fundación BBVA y
la Diputación de Valladolid, dentro de la iniciativa
Proyecto Almirante, han rehabilitado esta Capilla de los
Benavente de Medina de Rioseco. La recuperación del
monumento comenzó en enero de 2000, y se ha presentado
en marzo de 2002, gracias al trabajo de más de veinte
técnicos
Carmen María Imbert
De la Capilla funararia de don Álvaro de Benavente
se hace mención en diferentes escritos de distintas
épocas. Ya el cronista de Rioseco, Ventura García
Escobar, en 1849 resaltaba, en un artículo publicado
en el Seminario Pintoresco Español, el «detalle
de las formas en los accidentes de adorno, en el refinamiento
de la ejecución, cubiertos los muros del santuario
en sus faces internas, de un riquísimo estuco».
Poco después, en 1861, el archivero e historiador
mallorquín José María Quadrado se refiere
a ella: «En el reducido trecho de veinte y ocho pies
en cuadro, se propuso el renacimiento, diríamos,
casi almacenar mejor que ostentar el caudal de sus riquezas
y la fecundidad de su capricho». Al estar edificada
en Castilla, es valorada por sobrevivir a las mutilaciones,
reformas y destrucciones parciales, tanto de la Guerra de
la Independencia contra los franceses, como de las desamortizaciones
de la legislación liberal durante la minoría
de edad de Isabel II.
La Capilla es el resultado de la piedad y largueza de sus
Patronos, los Benavente. Hijo de padre mercader y madre
descendiente de familia de rancia estirpe, don Álvaro
de Benavente hizo fortuna en su oficio de banquero. La preocupación
por lo espiritual, por la salvación de su alma, se
refleja en su interés por comprar la iglesia de Rioseco,
Santa María de Mediavilla. Donde estaba emplazada
la sacristía, edificará una capilla «tan
suntuosa y rica, que fuera en ornato de la dicha iglesia
y acrecentamiento de ella y no en disminución»,
y hará que se dedique a la Concepción de la
Virgen Santísima. A sus descendientes les dejó
la encomienda, con gran detalle del número y calidad
de las misas y ceremonias que por él y sus allegados
debían celebrarse. Prueba de este empeño es
la decoración y dotación de la Capilla, donde
tenían, «junto a las gradas del altar mayor
della, dos sepulturas donde están enterrados Juan
de Benavente y María de Palacios, que tienen dos
piedras blancas». La Capilla se convirtió así
en panteón de la familia. A su muerte dejó
numerosas donaciones a diferentes iglesias y monasterios
de Valladolid, también a varios de Rioseco, como
una limosna anual destinada a los casamientos de las huérfanas
del lugar. Una persona que pagó hasta la fidelidad
de su criada, a la que incluía con sus sobrinos en
el testamento, no escatimó en detalles que se contemplan,
rehabilitados, desde marzo de 2002.
Fotografías
-
Reja de acceso a la Capilla
- Muro de los pies de la Capilla: retablo de Cristo en Majestad;
y luneto de la Creación, por Jerónimo del
Corral
- Detalles de la bóveda: representación de
la virtud de la Fortaleza; abajo, un detalle de la representación
de la Esperanza durante el proceso de limpieza
- Detalles de la bóveda: representación de
la virtud de la Fortaleza; abajo, un detalle de la representación
de la Esperanza durante el proceso de limpieza