Punto de Vista
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La
guerra de la paz
Me
imagino la sonrisa de satisfacción de
Sadam Hussein al ver las manifestaciones en
contra de la guerra organizadas en todo el mundo.
Ni una sola pancarta, ni un solo grito en contra
de Hussein. Si el dictador de Bagdad no ha ganado
ya la batalla psicológica a Estados Unidos,
es porque en Bagdad y en Roma ha resonado fuerte
la voz del Papa que condenaba la guerra, con
el mismo vigor que pedía a Hussein el
cumplimiento del mandato de la ONU. Mucho me
temo que el multitudinario No a la guerra, magníficamente
orquestado por los simpatizantes de la revolución
baasista iraquí régimen
de partido único, de corte marxista,
surgido en plena guerra fría, se
convierta en un solapado Sí a Sadam,
con el ingenuo apoyo de tantísimas gentes
movidas por la buena voluntad. Esas manifestaciones,
por muy manipuladas que hayan estado, han sido
necesarias en la medida que han supuesto una
llamada de atención sobre lo que puede
ocurrir en el mundo si dejamos que se instale
como único orden posible la ley del más
fuerte. Estados Unidos no está investido
de la autoridad moral necesaria para atacar
a ningún país con la mera sospecha
de que represente una amenaza para la seguridad
mundial. Esa autoridad reside, hoy por hoy,
en las Naciones Unidas que, por cierto, no han
hecho nada todavía para obligar a Israel
o Marruecos a cumplir sus resoluciones sobre
la retirada de los territorios palestinos ocupados,
o el referéndum de autodeterminación
del Sahara.
A raíz del 11 de septiembre de 2001,
el mundo entero estuvo al lado de Estados Unidos,
al extremo de cerrar los ojos ante la guerra
de venganza contra Afganistán. Pero si
Estados Unidos está perdiendo credibilidad
entre sus propios aliados, es porque todavía
no se ha atrevido a definir con precisión
su visión global de la seguridad. ¿Cómo
sería el mundo después de una
ocupación violenta de Irak y el establecimiento
de un régimen pronorteamericano en Bagdad?
¿Seguirán los palestinos sometidos
al expansionismo israelí, basado en una
atroz manipulación del Talmud? ¿Podrán
contenerse todos los movimientos islamistas
adoctrinados por el wahabismo saudí (el
mismo de Ben Laden, encantado con la
teoría de la guerra de civilizaciones),
y por todas las ramificaciones de los Hermanos
Musulmanes infiltradas en toda Europa y el mismo
Estados Unidos?
Por supuesto, la guerra puede y debe evitarse.
Pero el camino no es el miedo a una postguerra
que desataría el caos mundial, sino la
globalización de la justicia. Empezando,
sin duda, por el desarme del régimen
iraquí. Esa ha sido la intención
del Papa como único árbitro moral
que tiene hoy el mundo, en ausencia de la más
mínima confianza en las intenciones de
la primera potencia militar y económica.
Inmediatamente después, hay que seguir
con Israel y con los palestinos. Y todo ello
pasa por reforzar la autoridad de la ONU, en
lugar de debilitarla. El mayor servicio que
Estados Unidos puede ofrecer al mundo consiste
en no suplantar a las Naciones Unidas, sino
en apoyarlas.
Manuel Cruz
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Punto de Vista
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Amor,
noviazgo
y responsabilidad
Si
todos lo hacen, si no causamos
daño a nadie, si con
la píldora o el preservativo
podemos evitar un embarazo,
¿para qué esperar?,
¿por qué no
cerciorarnos antes del
matrimonio si nos vamos
a complementar en un aspecto
tan importante como el sexual?
Las causas del boom de las
relaciones sexuales prematrimoniales
según las encuestas,
el 70% de las parejas van
al matrimonio habiéndolas
tenido hemos de buscarlas
en la crisis familiar, en
los anticonceptivos y en la
hipersexualidad dominante.
La Iglesia las prohibe; pero
las relaciones sexuales prematrimoniales
no son malas porque las prohiba
la Iglesia, sino que la Iglesia
las prohibe porque son malas.
Las relaciones sexuales prematrimoniales
dañan el amor. Los
jóvenes que ya consiguen
en el noviazgo lo que deberían
alcanzar en el matrimonio,
¿irán a éste
con la ilusión de quienes
esperan su entrega íntima
cuando ya se pertenecen totalmente?
Es claro que no. El no haber
sido capaces de esperar hasta
el matrimonio, ¿no
les llevará después
a dudar el uno del otro? Porque
también una vez casados
se presentarán ocasiones
en que habrán de dominarse,
y el precedente que tienen
no es precisamente positivo.
Se da un mayor número
de rupturas entre las parejas
que han tenido relaciones
sexuales previas al matrimonio,
que entre las que no las han
tenido. En España,
mujeres que tuvieron relaciones
sexuales antes del matrimonio,
se separaron después
de cinco años el 26%,
mientras que sólo lo
hicieran el 3,7% ¡siete
veces menos! de las
que se casaron sin haberlas
tenido.
No pocos cónyuges comienzan
bien su vida íntima
y después desembocan
en una verdadera inadaptación
sexual. Vemos, pues, que ni
en caso de ruptura porque
la experiencia fue mal, ni
en caso de seguir porque fue
bien, es un dato fiable lo
que ocurre en la experiencia
sexual prematrimonial.
Acaso los novios no están
preparados para recibir al
hijo que puede venir, posibilidad
que existe por muchas precauciones
que se tomen. Aparte de que
la angustia en que viven los
meses anteriores al nacimiento
no es el mejor ambiente para
acoger al niño. Todo
esto, en el supuesto de que
no se inclinen por el aborto,
con todo el trauma que supone
para una mujer haber aniquilado
a su primer hijo.
Es necesario tener un sentido
espiritual del matrimonio,
convencidos de que, siendo
importante en él el
aspecto sexual, en modo alguno
es el único; de poseer
criterios claros sobre el
noviazgo, período de
preparación al matrimonio,
pero no matrimonio anticipado;
y de evitar los peligros,
porque la atracción
del hombre y de la mujer busca
su plenitud en la unión
física, y si no se
evitan las ocasiones próximas,
los resultados no se harán
esperar.
Siendo fieles a estos tres
puntos, el problema, aunque
no se solucione del todo,
se mitigará en gran
parte.
Luis Riesgo Menguez
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