Entrevista a doña Mónica López Barahona, vocal del Comité Asesor de Ética
Intangible dignidad
del embrión
El pasado mes de abril de 2002, el Gobierno español pidió que se constituyera el Comité Asesor de Ética para clarificar si se puede utilizar a los más de 40.000 embriones congelados y almacenados en España, para la investigación. El Comité acaba de publicar el informe La investigación con células troncales. La Decana de la Facultad de Ciencias Biosanitarias, doña Mónica López Barahona, a la que entrevistamos, es uno de los vocales del Comité, que ha propuesto la modificación de la Ley de 1988 sobre Reproducción Humana Asistida y la posibilidad de adoptar a los embriones congelados que resulten viables

Carmen María Imbert

Cómo valora la Ley sobre Técnicas de Reproducción Humana Asistida?
La ley en absoluto es el modelo que yo planteo. Es obsoleta para el momento actual, imprecisa y deja cuestiones muy importantes por resolver. Desde el punto de vista científico utiliza términos que no están incluidos en ningún manual de embriología, como el término preembrión. Lo mejor que se podría hacer es matizarla y modificarla.

Hay expertos que afirman que es una ley que atenta contra el ser humano. ¿Qué opina usted?
Desde luego, no responde en absoluto a una concepción personalista del embrión. Desde el momento que utiliza el término equivocado de preembrión, está clasificando a los embriones: aquellos de menos de catorce días con unos derechos, otros de vida superior a catorce días con mayores derechos. Esto no es un planteamiento justo y, además, parte de un equívoco científico. Tampoco creo que sea justo plantear un plazo de cinco años para mantener embriones congelados, puesto que no se sabe, desde el punto de vista científico, cuándo el embrión congelado muere; por lo tanto, decir cinco años viene a ser como decir seis, cuatro u ocho. Hay puntos de la ley cuestionables.

En España, ¿cuántos embriones congelados permanecen almacenados?
No se sabe con exactitud. Se habla de alrededor de 40.000; hay 186 unidades de reproducción asistida en nuestro país, y una unidad de una actividad media tiene congelados alrededor de 800.

Con los 40.000 embriones congelados y dado que nuestra legislación permite que se sigan produciendo más, la propuesta que usted hace de adoptar embriones ¿a cuáles se refiere?
Mi propuesta va precedida de unas premisas, entre las que, de manera absolutamente clara, indico que la propuesta sólo es válida si previamente se modifica la ley y se impide, siguiendo el modelo de la ley alemana, que se generen más embriones de los que se van a implantar en el útero.

¿Usted cree que con el panorama político español actual es posible cambiar esa ley?
Posible es; depende de la voluntad del poder legislativo.

¿Cuál es el criterio oficial de la Iglesia católica sobre embriones congelados?
En su día la Iglesia católica se manifestó, en el documento Donum vitae, contra la práctica de la reproducción asistida. Dado que el hecho de que existan embriones congelados es una consecuencia de la reproducción asistida la Iglesia católica entiende que, ante un desorden moral previo, como es la reproducción asistida, cualquier solución que se dé para los embriones congelados siempre se encuadraría dentro del mal menor, y por lo tanto nunca sería un bien. Todas las alternativas que se barajan dentro de la Iglesia tienden a salvaguardar la dignidad del embrión.

Sin embargo, voces autorizadas dentro la Iglesia católica se han inclinado por propuestas diferentes a la suya. ¿A qué se debe?
Hay dos modos de salvaguardar la vida del embrión: uno es abrir la posibilidad de la adopción prenatal, y otro, dejarlos como están y, al cabo de los años, los embriones morirán, puesto que la congelación indefinida no es viable desde el punto de vista biológico. Esta segunda opción se enmarca dentro de algo similar a lo que sería la muerte natural. Ninguna de las dos son al cien por cien buenas, porque hay un desorden moral previo.

Con la posibilidad legal de la adopción prenatal, sin que exista un límite a la producción de embriones sobrantes, ¿no se abre la puerta a una producción de embriones, en vista de la adopción?
Esta propuesta no se puede entender sin tener en cuenta una serie de premisas. Una de las condiciones es la de que se regule la adopción prenatal del mismo modo que se hace la adopción de recién nacidos. Hoy se trafica con vidas humanas en países en vías de desarrollo. La adopción, por tanto, ya está sujeta a ese tipo de actuación, y la adopción prenatal no dejaría de estarlo.

¿No se corre el riesgo de legitimar e incluso promover, inconsciente y paradójicamente, una nueva forma de manipulación del embrión?
No me inclinaría nunca a abrir la puerta de la adopción prenatal sin la premisa previa de generar únicamente los embriones que fueran a utilizarse para la reproducción.

Entonces, ¿no es una posibilidad pendiente de una realidad legal inexistente, que hoy no se puede llevar a la práctica?
No es así realmente. Mi voto particular lo plantee en dos vertientes: la primera es que yo no puedo compartir alguna de las recomendaciones que establecen mis compañeros del Comité de Ética, puesto que parto de una concepción del embrión fundamentada en una concepción personalista del ser humano, que reconoce el valor intrínseco de toda vida humana individual, presente en el embrión humano. La vida no puede entrar en juego con otros valores, porque es el supuesto anterior a todos ellos. Con mi voto particular he tratado de ofrecer una alternativa para los embriones que ya están congelados.

¿Será posible excluir toda forma de selección genética de embriones?
Primero es necesario conocer el número exacto de los embriones congelados, el momento en que se congelaron y la forma. Lo segundo es que no se puede descongelar a ninguno sin tener primero a una mujer a la que se le pueda implantar el embrión, ya que no se le puede mantener vivo. Con todas estas condiciones previas, se procedería a la descongelación. Algunos de ellos, al descongelarlos veríamos que están ya sin vida, otros morirían en el proceso de descongelación. Sus células troncales embrionarias que mantengan la capacidad de proliferar, podrían ser empleadas para la investigación, sin plantear ningún problema ético, como se hace con la donación de órganos. También se encontrarán embriones seriamente dañados carentes de vida integrada que se pueden considerar no viables. Y, por último, aquellos con vida que no mueran en el proceso de descongelación y que sólo pueden desarrollarse en el útero de una mujer. El intervenir estos embriones e intentar obtener las células troncales les causaría la muerte y, a mi modo de ver, esto es inaceptable.