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Los
Reyes de España con el Papa,
durante
una audiencia en la Santa Sede en noviembre
de 2000
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Escribe
el Nuncio Apostólico de Su Santidad
en España
Juan Pablo II despierta
la conciencia
de la Humanidad
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En
estos veinticinco años de pontificado,
Su Santidad Juan Pablo II ha despertado
la conciencia de la Humanidad sobre
los problemas más candentes de
nuestro tiempo. La dignidad humana aparece
como el hilo conductor de sus pronunciamientos
y de su actividad.
Elegido el 16 de octubre de 1978, durante
el solemne rito de inicio de su misión
de Supremo Pastor de la Iglesia, dijo:
«Abrid las puertas a Cristo [...]
Ayudad al Papa a servir al hombre y
a la Humanidad entera».
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El
4 de marzo de 1979, Juan Pablo II publicó
su primera encíclica, Redemptor
hominis, en la cual pone de relieve
que el camino de la Iglesia, que será
el suyo, es el del hombre redimido por
Cristo.
En
Italia, en México (del 27 al
31 de enero de 1979, viaje en el que
pude acompañarle) y en los Estados
Unidos de América (del 1 al 8
de octubre de 1979), el Papa saluda
a todos y recuerda particularmente a
los católicos su misión
de proseguir la obra redentora de Cristo
a favor de la Humanidad, invitándoles
a luchar «con incansable perseverancia
por la dignidad de cada hombre»
(Boston, 1 de octubre de 1979). La dignidad
de la persona humana, fundamento de
justicia y de paz fue el tema del discurso
pronunciado en la sede de las Naciones
Unidas en Nueva York (2 de octubre de
1979) por Juan Pablo II, con el que
marca claramente la nota dominante de
su ministerio. En el mencionado discurso,
Su Santidad dijo: «Toda la actividad
política, nacional e internacional
[
] procede del hombre, se ejerce
mediante el hombre y es para el hombre.
Si tal actividad es separada de esta
fundamental relación y finalidad,
se convierte, en cierto modo, en fin
de sí misma y pierde gran parte
de su razón de ser [
] Puede
incluso llegar a ser origen de una alienación
específica; puede ser extraña
al hombre; puede caer en contradicción
con la Humanidad [
] La razón
de ser de toda política es el
servicio del hombre, es la asunción,
llena de solicitud y responsabilidad,
de los problemas y tareas esenciales
de su existencia terrena en su dimensión
y alcance social, de la cual depende,
a la vez, el bien de cada persona».
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La
dignidad humana aparece como el
hilo conductor de sus pronunciamientos.
La voz del Papa de hace veinticinco
años es la misma
que la de hoy.
No tenemos un Pontífice
con dos etapas, sino
con una coherencia inquebrantable
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La
voz del Papa de hace veinticinco años
es la misma que la de hoy. No tenemos
un Pontífice de geopolítica
mundial con dos etapas, sino con una
coherencia inquebrantable en el caminar
de su misión. Desde el inicio
de su pontificado, el primer día
de cada año, ha dirigido al mundo
un rico mensaje desarrollando un tema
sobre la paz e invitando a la reflexión
y a iniciar el nuevo período
con renovados deseos de servicio a la
Humanidad. Este año proponía
a los hombres de buena voluntad que
construyesen un mundo mejor para todos,
un mundo pacífico fundado en
cuatro pilares: la verdad, la justicia,
el amor y la libertad. Enfatizaba que
el amor es verdadero cuando sentimos
las necesidades de los otros como propias
y compartimos con ellos lo que poseemos,
empezando por los valores del espíritu,
por los bienes espirituales.
En su reciente Exhortación Ecclesia
in Europa, publicada el 28 de junio
pasado, el Papa nos recuerda que hay
muchos hombres y mujeres que parecen
desorientados, inseguros, sin esperanza,
en angustia existencial. «Se notan
demasiadas crisis familiares, conflictos
étnicos, actitudes racistas,
tensiones interreligiosas, egocentrismo,
indiferencia ética, búsqueda
obsesiva de los propios intereses, sensación
de soledad». El Papa hace ver
la importancia de la dimensión
espiritual del hombre y la necesidad
de cultivarla. Explica el fundamento
sólido del respeto de la dignidad
humana, y de los derechos y deberes
del hombre, de todo hombre y del hombre
todo, en su naturaleza creada a imagen
y semejanza de Dios. Cuando le quitamos
esta dimensión trascendente,
el fundamento queda muy frágil,
porque así somos los hombres
dejados a nuestro arbitrio, como lo
prueba la Historia personal y comunitaria.
Siguiendo las huellas del Maestro divino,
Juan Pablo II ha despertado y seguirá
despertando la conciencia de la humanidad
sobre el hombre de hoy, su dignidad,
sus derechos, sus deberes y sobre la
dimensión trascendental de su
vida.
+ Manuel Monteiro de Castro
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