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Testimonios
de misioneros de los cinco continentes
en el Congreso Nacional de Misiones
«Nadie sabía allí
quién es Jesucristo...»
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«Llegué
a un territorio inmenso y superpoblado,
adonde todavía no había
llegado la Iglesia. Nadie sabía
quién era Jesucristo, y me encontré
a mí mismo solo entre miles de
personas. No sabía por dónde
comenzar. No había nada. Así
que empecé a caminar. Caminé
por el fango de las calles durante días.
Me dejé ver, y esperé a
que la gente se preguntara quién
era»: así comienza el testimonio
de un sacerdote español destinado
durante decenas de años en la República
Dominicana. Su historia no es muy distinta
a la de los miles de misioneros que, un
día, dejaron casa, familia y comodidades
para vivir en territorios olvidados. Son
palabras profundas que encierran una gran
soledad, siempre aliviada por el Espíritu.
Este sacerdote, anónimo, discreto,
fue uno de los 760 asistentes al Congreso
nacional de Misiones que, bajo el título
Es la hora de la misión, tuvo lugar
en Burgos los pasados 18 a 21 de septiembre.
Como él, religiosos, religiosas,
laicos y contemplativos de los cinco continentes
fueron testigos de un intercambio de experiencias
y conocimientos sobre la misión
ad gentes en el siglo XXI. Los asistentes
pudimos escuchar a la Iglesia viva hablando
de entrega total, de evangelización,
de amor, y también tuvimos la oportunidad
de compartir mesa y comida y de escuchar
historias anónimas como la de este
sacerdote que, si bien no había
escrito una ponencia, llevaba impresas
en su corazón vivencias eternas.
Por eso, una de las frases más
repetidas por los misioneros era: «Mi
vida es un constante milagro»
Juan Luis Vázquez
A. Llamas Palacios
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(Micronesia,
Oceanía)
«Tengo
una familia en Micronesia»
Rosario Arberas es Mercedaria misionera
de Berriz. Lleva nada más y nada
menos que desde el año 1954 en
las islas Marianas y Carolinas de la Micronesia,
en Oceanía. Éste es su testimonio:
Nuestro Instituto está concentrado
en 8 distintas islas. Las Marianas tienen
ya tres siglos de cristianismo, la fe
aquí está mucho más
arraigada, se puede decir que el 95% de
sus habitantes son cristianos.
En las Carolinas el primer cristiano fue
bautizado hace 100 años. La Iglesia
allí ha crecido, y a pesar de que
es un pueblo que no es piadoso, sí
que es muy fiel.
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Yo
he estado siempre dedicada a la educación.
Al principio, sobre todo, nos dedicábamos
a Primaria; ahora, a Secundaria. Nos preocupa
mucho la promoción de la mujer
porque allí, no es que esté
despreciada o maltratada, pero sí
que es verdad que no tiene voz. En algunas
de nuestras islas, incluso nuestras hermanas
indígenas del lugar sufren porque
el hombre tiene que estar por encima de
ellas, y a pesar de estar bien formadas,
y teniendo la autoridad, no pueden casi
actuar. El deseo único de la mujer
allí es ser madre. Nosotros queremos
formarles bien primero, para que puedan
comprender y hacer suyos los valores humanos,
el respeto a ellas mismas, y que la vida
es algo tan sagrado que hay que tratarla
con cuidado.
Después de la segunda guerra mundial,
Estados Unidos ha intervenido allí
porque es un área muy importante,
y en este momento están desarrollando
su propia economía con asistencia
exterior; pero falta formación,
faltan ciertos principios
Puedo decir que he vivido allí
50 años felices, porque son personas
muy acogedoras, muy abiertas, solidarias...,
y a los misioneros nos consideran tan
suyos que puedo decir: Hay una familia
que me ha adoptado. Te dicen: «Tú
eres nuestra, si caes enferma te cuidaremos
»
Es mucho gozo ver que la gente es así,
abierta, que no mira las diferencias de
raza, etc.
En cuanto a la fe, hay dificultades. Ahora
tenemos ya el primer obispo nativo. Es
muy difícil tener sacerdotes, porque
el celibato no lo acaban de entender allí,
pero sin embargo hay cantidad de diáconos
casados, con toda la responsabilidad de
la Iglesia, llevando las parroquias, y
viviendo una vida de matrimonio preciosa,
ejemplares en la sociedad.
Nosotras, como religiosas, hemos tenido
suerte, porque empezamos con una escuela
de Secundaria, y hoy son ellas, las nativas,
las que llevan el movimiento de nuestra
Congregación. Son ellas las que
nos guían, y a nosotras nos toca
aprender de ellas su manera de interpretar
la fe, que es lo que más puede
mover al pueblo, más que algo que
les traes del exterior.
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(Macao-China)
«No
se puede entrar como misionero»
El padre Luis Ruiz,
jesuita, fue uno de los misioneros estrella
del Congreso.
Ha pasado buena parte de sus 91 años
anunciando el Evangelio de Jesucristo
y atendiendo a los más pobres en
varias provincias chinas. A los 73 años
empezó a trabajar en la ayuda a
los leprosos; hasta la fecha, ha prestado
sus servicios en más de 150 leproserías,
y sigue evangelizando y trabajando...
¿Cómo
es la situación de los católicos
en China?
Varía según la provincia
de que se trate. Hay zonas, como los alrededores
de Pekín, donde hay un gran miedo
a la influencia de la Iglesia católica.
De ahí vienen las noticias de apresamientos
de cristianos y de obispos. En otras zonas
no es preciso organizar celebraciones
clandestinas; cada pueblo tiene su iglesia,
y he podido verlas repletas de fieles,
incluso de noche.
¿Facilitan el trabajo de los misioneros
en el país?
Nosotros no podemos entrar como misioneros;
lo hacemos como profesores o trabajadores
sociales. Cuando me dan el visado para
entrar en China, me dicen: «Te lo
damos, pero no prediques». A mí
sólo me dejan concelebrar. A pesar
de todas las dificultades, la Iglesia
avanza. Cuando salí de China, había
tres millones de fieles. Hoy, el Gobierno
da una cifra de diez millones de católicos,
contando las dos Iglesias.
¿Cómo viven la fe los cristianos
de las zonas más difíciles?
Ellos tienen sus celebraciones de noche
o de madrugada, muchas veces en casas
particulares. Cuando se infiltra un espía
en las celebraciones, suelen coger a algunos
hombres y pasan unos días en prisión.
Siempre están nerviosos por lo
que pueda pasar. Esto también pasa
con los sacerdotes; asumen el riesgo y,
a veces, los encarcelan durante unos días.
Tienen un valor formidable, un gran coraje.
Pero esta situación cambiará
algún día, con la ayuda
del Señor. Lo que no se comprende
es la actitud de los países cristianos,
que van allí por motivos económicos
y no plantean el problema a las autoridades
chinas, que interpretan los derechos humanos
y la libertad religiosa a su manera.
Nosotros evangelizamos a través
del trabajo social, con leprosos, tuberculosos,
etc., pero aprovechamos para anunciar
el Evangelio con mucha discreción,
con catequesis nocturnas. Y esto llega
también al personal del Gobierno;
al vernos saludar al leproso, darle la
mano, se preguntan: «¿Por
qué?» Nuestra fórmula
es bien sencilla: ayudar, dar esperanza,
dar una vida digna. Llega un momento en
que hasta el personal del Gobierno nos
pide Biblias.
Yo vivo de la fe. Si te paras a pensar
si tienes o no dinero, no haces nada.
Nosotros decimos: «Dios proveerá»;
y Dios provee.
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(Japón)
«Soy
pobre,
todo lo recibo
del Señor»
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La
Hermana Mitsue Takahara es carmelita
en un convento de clausura, en Sevilla.
Su testimonio en el Congreso fue
emocionante en todos los aspectos,
al narrar su conversión,
con su dulzura y su abandono en
el Señor. Éstas fueron
algunas de sus palabras para «Alfa
y Omega»:
A diario, como todas las carmelitas
tenemos vocación de misioneras,
hablamos de las cosas que pasan
en los países de misión,
llevamos algunas revistas y compartimos
los pareceres. También decimos:
Vamos a ofrecer esto por los misioneros,
y hacemos todo con las intenciones
para el bien de las misiones. Es
algo muy natural para nosotras,
lo hacemos constantemente.
Estamos muy unidas en la oración
con el Papa y con los misioneros,
y recorremos todo el mundo a través
de la misión.
Lo que más me gusta y me
llama de santa Teresita de Lisieux
es la confianza y el abandono en
Dios. Como el niño en brazos
de Dios. Yo soy muy pobre. No soy
nada, recibo todo del Señor |
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(India)
«Mi
vida ha sido un milagro constante»
La Hermana Rosa Porta ha pasado 30 años
de su vida en la India (llegó allí
en el año 1961). Pertenece a la
Compañía Misionera del Sagrado
Corazón de Jesús, y actualmente
reside en Madrid apoyando la animación
misionera de grupos de jóvenes.
Nos dice:
Mi primera adaptación en la India
fue tremenda, porque era un país
completamente distinto, con lenguas distintas
,
no fue fácil. Luego ya fue muy
bonito, porque me fui a la leprosería,
y estuve conviviendo con mis enfermos
que fueron parte de mi familia. He aprendido
de ellos una barbaridad, en todos los
sentidos: la tolerancia, la relación
entre las religiones (a pesar de los encontronazos
entre musulmanes e hindúes), pero
aparte de eso el indio es muy acogedor,
es respetuoso, muy religioso
Yo
digo siempre que la India me ha enseñado
a descubrir a Dios. Y a valorar más
la figura de Jesús en mi vida.
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Yo
digo siempre: La misión es un milagro
constante. Para mi vida también.
Mi vida ha sido un milagro constante. Cuando
a veces me dicen «¿Cómo
puedes creer en Dios?» Yo contesto:
«Es que no lo puedo dudar, porque
lo he palpado».
Ahora soy considerada non-grata para la
India, y no pude volver. Me fui de allí
porque estaba enferma y vine a recuperarme
a España. Esto es porque nuestra
congregación ha trabajado mucho con
los adibasis, los primitivos de la India,
con quienes se ha hecho una labor de Iglesia
muy importante. Los adibasis estaban explotados
por todos los medios de allí
Empezamos por escuelitas, y ahora ya hay
adibasis con carreras. |
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(Camerún,
África)
«Desarmado
por la fe del pobre»
Carlos Collantes
es misionero javeriano, y actualmente
lleva tres años en España,
trabajando en la animación misionera
y compartiendo su experiencia cristiana
y misionera con su parroquia y su comunidad
de origen. Ha pasado más de 10
años en Camerún. Éstas
son sus impresiones para Alfa y Omega:
Estuve
en Camerún durante 10 años,
en una parroquia en la capital, en la
periferia urbana, un barrio que fue creciendo
desde 7.000 a 50.000 habitantes, en unas
condiciones muy duras. Después
estuve en otra ciudad, la tercera del
país; ahí estaba como responsable
de la formación de un grupo de
estudiantes camerunenses de Filosofía.
Los primeros javerianos camerunenses.
Mi experiencia de fe es una experiencia
que se va enriqueciendo, y la gente sencilla
nos ayuda a crecer en la propia fe. Hay
gente que anuncia el Evangelio con su
sencillez y su fe profunda. Una de las
cosas que yo he aprendido es la capacidad
que tiene la gente sencilla de alabar
a Dios, en medio del sufrimiento, de las
dificultades; gente que está sufriendo,
que a lo mejor está haciendo una
comida al día, que te viene a la
misión, y que te dice espontáneamente:
«Dios es grande», y eso te
desarma
Es una experiencia de fe
que yo acojo de ellos. El estar en contacto
con esta gente que siente a Dios de forma
espontánea enriquece mi fe; y,
luego, ver también cómo
los pobres son capaces de compartir, no
todos, claro, porque no se puede generalizar,
ni hacer idealismos fáciles, pero
dentro de su pobreza comparten con otros
que están peor que ellos.
También ha sido muy importante
y bonito ver cómo el Evangelio
enriquece la solidaridad que ellos mismos
viven como un valor muy importante de
sus tradiciones locales. La solidaridad
es muy fuerte, aunque a veces se queda
limitada a la etnia o el clan. El Evangelio
ensancha y profundiza esa solidaridad.
Yo he vivido en situación pluriétnica.
En la capital y desde la parroquia intentábamos
responder a esta situación, con
una misa en la que utilizábamos
2, 3 lenguas, y luego, como estaba diciendo,
veíamos cómo la solidaridad
se enriquecía a través de
la caridad: la gente ayudaba al otro porque
lo necesita, y porque es hermano mío
en Jesús. La fe se enriquece allí,
y, al volver aquí, compartes ese
poso que te ha ido dejando esa experiencia.
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(Madagascar,
África)
«Soy
muy feliz.
A pesar de mi edad, continúo
en la misión»
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Sor
Inmaculada Fernández, palentina,
es Hija de la Caridad de San Vicente
de Paúl. Vive en Madagascar
desde 1971, es decir, 32 años.
Hoy tiene 68 y una gran labor a
su cargo:
Primeramente me encargué
de los niños en un hospital.
Ahora estoy en una misión
en el sur del país, con las
obras propias de Hijas de la Caridad:
colegio infantil; también
tenemos internado para las chicas
que quieren estudiar; nos ocupamos
de todos los pobres, y yo especialmente
me ocupo de un dispensario, y, aunque
sólo soy enfermera, actúo
casi como si fuera médico.
Al día paso alrededor de
100/110 consultas.
Y luego tengo 30 camas para los
tuberculosos. También nos
ocupamos de los leprosos, pero para
ellos sólo hay 8 camas, así
que cogemos a los más graves.
También tengo niños
malnutridos que vienen en un estado
tremendo, y les tratamos de ayudar
con alimentación y demás.
Desde el punto de vista de la fe
soy muy feliz, y estoy muy contenta
con la misión que el Señor
me ha confiado. El pueblo malgache
que vive en la miseria y que está
un poco olvidado me ha dado muchísimo,
porque saben compartir, es un pueblo
alegre que se da al otro, y aunque
la mayoría son paganos, sobre
todo en las tribus en las que nosotros
trabajamos, es un pueblo que cree
en un Dios como ser superior, y
no nos es difícil transmitirles
la fe, porque nos aceptan. A pesar
de mi edad continúo en la
misión. |
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(Paraná,
Argentina)
«El
misionero nos hace pensar
en la vida eterna»
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El
arzobispo emérito de Paraná,
monseñor Estanislao Karlic,
uno de los principales ponentes
del Congreso, respondió así
a nuestras preguntas:
¿Cuál
es la situación de Argentina
en estos momentos?
La situación económica
en Argentina presenta algunos signos
de mejora, pero es muy profundo
el desorden moral que tenemos en
el país, por la idolatría
del tener. Por otro lado, hemos
tenido signos estupendos de solidaridad
en todo el país. La colecta
en las misas ha aumentado este año,
aun en una situación de crisis;
se ha despertado una mayor conciencia
de solidaridad.
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La
historia más reciente de Argentina,
¿cómo afecta a los católicos
en su país? ¿Se da el perdón?
La Iglesia ha hablado siempre del perdón,
y ha dicho que una caridad que no perdona
no es caridad en plenitud. Por otra parte,
nunca ha defendido lo que ha sido injusto
o criminal. Lo que pedimos al Señor
es que nos permita predicar la reconciliación,
que es una virtud de confianza en Dios
y también de esfuerzo nuestro.
Hay algunas manifestaciones contra la
Iglesia que nos hacen sufrir mucho, pero
nosotros tenemos que responder predicando
el Evangelio.
¿Cómo es la evangelización
en Argentina? ¿Siguen dependiendo
de misioneros enviados de Europa?
Hay un cierto número de sacerdotes
de España y de Italia en nuestro
país, pero también tenemos
cerca de 500 sacerdotes argentinos misioneros
en otras partes del mundo en este momento.
La mayor dificultad en Argentina es el
clima general de secularización;
el pueblo argentino está sometido
por los medios de comunicación
a una visión del hombre contraria
al Evangelio. Son proposiciones inmanentistas
y hedonistas. Nosotros trabajamos con
la catequización en las parroquias
y realizando misiones populares, lo cual
es una fuente de gracia pensando en la
evangelización ad gentes.
Lo mejor que puede ofrecer un misionero
es su fe, su caridad y su esperanza. Por
su fe nos abre al misterio de Jesucristo;
por su caridad nos da su corazón
y su compañía, y tal vez
alguna ayuda material; por su esperanza,
nos ayuda a caminar y pensar en la vida
eterna, porque no podemos dejar de hablar
de la eternidad.
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(Zimbawe)
«Dios quiera
que vuelva
a Zimbawe»
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Lola
Pérez Carrasquilla es Misionera
hija del Calvario. Nacida en Córdoba,
ha estado 15 años en Zimbawe.
Nos da su testimonio:
Desde el año 82 he estado
en Zimbawe. Allí he trabajado
en el campo de la sanidad, y me
he encontrado con un lugar maravilloso
de África que me tiene cautivado
el corazón.
Dios quiera que vuelva para quedarme
en Zimbawe. Mi experiencia es una
experiencia de dolor, de alegrías,
de todo
El pueblo africano
es un pueblo muy acogedor. Yo me
sentí en mi casa, nada más
llegar. Estuve trabajando con la
tribu tunga, los más pobres
del país. Me sentí
muy fortalecida por la fe de la
gente, aunque no fueran cristianos.
Al poquito de llegar allí,
me dieron un nombre: muembe, que
significa pájaro
, porque
soy muy inquieta y me muevo mucho.
En la misión, ahora mismo,
somos cinco Hermanas: cuatro son
africanas, yo soy la única
española. Llevo viviendo
con ellas 15 años. Los sacerdotes
también son africanos; ahora
hay uno español, de Segovia. |
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(Oaxaca,
Méjico)
«La
Iglesia mejicana tiene una memoria viva
de sus mártires»
Juana
Pagán, misionera comboniana, ha
recorrido Méjico de arriba abajo,
durante nueve años, prestando una
especial atención a los jóvenes
y a las comunidades indígenas del
país, especialmente en la región
de Oaxaca. Éste es su testimonio:
En Oaxaca, la zona donde yo trabajé,
hay un gran problema de sincretismo; la
carencia de sacerdotes y de catequistas
ha originado la aparición de los
llamados rezanderos, personas que han
aprendido de memoria algunas oraciones,
incluso en latín, que acuden en
los momentos especiales de la vida: nacimientos,
muertes..., para darles un sentido de
trascendencia. Estos rezanderos se aprovechan
de la gente y obtienen mucho dinero. La
llegada de los misioneros ha originado
una oposición muy fuerte. Asimismo,
las sectas también están
presentes en todo el país, sobre
todo los Testigos de Jehová. Sin
embargo, pienso que la presencia de la
Virgen de Guadalupe y la devoción
que le tiene el pueblo mejicano es una
gran barrera contra la penetración
de las sectas. La Iglesia mejicana tiene
fuerza suficiente para ser evangelizadora
de sí misma y para mandar misioneros
al exterior. Lo que ocurre es que la misión
ad intra no se ha desarrollado del todo,
porque hay muchos misioneros ad extra,
fuera de las fronteras mejicanas, pero
la misión en algunas zonas del
interior del país se ha descuidado
un poco.
Es necesaria también la recuperación
de la familia, porque en Méjico
existe mucho machismo, lo que hace que
sea muy difícil que los jóvenes
se hagan una idea clara de Dios como Padre.
La insurrección de los rebeldes
en Chiapas, provocada por la situación
de pobreza y miseria que afecta a muchas
poblaciones indígenas, fue vivida
por la Iglesia con cautela, rechazando
siempre la violencia y apoyando las iniciativas
de paz de monseñor Samuel Ruiz.
El hecho de que el Gobierno haya sido
masón durante muchos años,
hace que la masonería esté
aún implicada en la política
mejicana, lo que conlleva una cierta persecución,
unas veces abierta y otras veces más
sutil. En cuanto a los mártires
católicos de la historia de Méjico,
la Iglesia está muy orgullosa de
ellos, hayan subido o no a los altares,
y hoy tiene una memoria muy viva de ellos.
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(Francia)
Europa,
o las «heridas
contra el hombre»
Doña
Isabel de Andía, del Centre
National de la Recherche Scientifique,
en París, una de las dos
mujeres que participaron en los
trabajos del Sínodo de Obispos
de Europa en 1999, habla sobre la
peculiaridad de la misión
ad gentes en una Europa necesitada
de una reevangelización:
Es la Iglesia la que ha creado el
humanismo europeo, transmitiéndole
la tradición grecolatina.
Hoy, sin embargo, se ha producido
una ruptura entre Evangelio y cultura,
una ruptura que va a más;
hoy el Papa llega a hablar de cultura
de muerte, por el rechazo de la
vida que se da en la actualidad.
Europa ha perdido la memoria de
sus raíces cristianas, y
también ha aislado la razón
de la fe; además, ha desgajado
la libertad del amor. Todo ello
son heridas contra el hombre. Lo
primero que hay que recuperar es
la búsqueda de la verdad;
sólo ha partir de ahí
se puede emprender el diálogo
con la cultura actual. El segundo
paso nos toca a nosotros, los cristianos:
es el amor. Ser testigos, pero no
sólo con la labor social;
el testimonio debe ser un testimonio
de fe.
Cuando uno se pregunta: ¿Qué
puedo hacer por Europa?, la respuesta
es inmediata: Lo que haces. Debemos
hacer lo que tenemos que hacer,
con valor, sin lamentarse todo el
tiempo diciendo que es imposible.
Hemos recibido mucho de la Iglesia.
Hay un momento en el que, escogiendo
a Cristo, Camino, Verdad y Vida,
haces frente a las acusaciones contra
el cristianismo; es un momento en
que el espíritu obedece a
la doctrina de la Iglesia, aun cuando
la cultura en la que vive es contraria.
Éste es un acto de humildad,
con el que la conciencia reconoce
la humildad del mismo Cristo. |
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«Estamos
en la misión
por agradecimiento al Señor»
Florencio
y María Fernanda son un matrimonio
del Camino Neocatecumenal en misión
en Marsella (Francia). Casados
desde hace 17 años, tienen nueve
hijos, de tres meses a 16 años:
¿Por qué decidisteis
ir a la misión con vuestros hijos?
Por agradecimiento al Señor, por
lo bien que lo ha hecho en nuestras vidas;
yo habla Florencio pasé
la juventud en el ateísmo y en
la droga, buscando un sentido a la vida,
que no encontraba. Después de un
accidente de coche en el que hubo varios
muertos, entré de nuevo en la Iglesia.
Años después, nos ofrecimos
para ir a la misión; en una convivencia,
el Papa nos dio una cruz y nos envió
como misioneros a Marsella.
¿Cómo evangeliza una familia
en uno de los países más
desarrollados del mundo?
En Francia, de cada tres matrimonios,
más de uno está divorciado;
existen muchísimas familias monoparentales,
y familias formadas por hijos de distintos
padres. Es el Estado el que se encarga
de la educación de los hijos; pero
como no existe una moral ya que
el Estado francés es laico,
se limita a poner parches, dando ayudas
económicas. Nuestra misión
allí es hacer presente, la familia,
con nuestra vida cotidiana, recogiendo
la visión del Papa de evangelizar
Europa reconstruyendo aquello que no existe:
una familia tradicional, con un padre
y una madre, con hijos. Nosotros no hacemos
gran cosa, simplemente vivir y ofrecer
nuestra vida por este país.
¿Cómo os reciben allí?
No son muy expresivos. Nosotros hacemos
allí lo que yo llamo una pastoral
de contagio, entre los vecinos, los compañeros
de colegio de los niños
Cuando
nos preguntan, es cuando ofrecemos razones
de nuestra fe; pero sin imposiciones,
porque es una sociedad que está
de vuelta y no quiere escuchar ya nada
que tenga que ver con la religión.
Existe una pobreza espiritual y humana
muy grande; las personas llegan de nuevo
a la Iglesia muy destruidas, sin voluntad
ni autoestima, aunque sean intelectuales,
o tengan una buena profesión. Jesucristo
las va reconstruyendo poco a poco. Yo
creo que el Señor nos ha enviado
a Marsella como una barrera frente a las
sectas y al Islam; y no es que hagamos
proselitismo, sino que sólo aportamos
nuestra presencia.
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(España)
«Demos gratis
lo que hemos recibido»

La
Hermana María tiene 26
años y, desde los 17, pertenece
a la Congregación de las
Esclavas carmelitas de la Sagrada
Familia. Se trata de una obra
que nace en 1980 y que pronto,
con la ayuda de Dios, podrá
salir a la misión, allí
donde la Iglesia la reclame. Nos
da su testimonio:
Nuestra aspiración misionera
es anunciar a los demás
lo que nosotros hemos recibido,
darlo gratis. En esa llamada nos
sentimos invitados a salir y a
anunciar el reino de Dios.
Tenemos seis comunidades en España,
y queremos ir a anunciar a Jesucristo
allí donde nos llamen.
Desde ahí queremos estar
donde seamos necesarias.
Nuestra vida es de oración
por la mañana y apostolado
en las parroquias, colegios públicos
e institutos. No tenemos colegios
ni hospitales ni nada, no es nuestro
carisma.
Personalmente, estoy gozosa, y
doy gracias a Dios cada día
por la llamada que me ha hecho
de la vocación. Este Congreso,
personalmente, está siendo
un impulso muy grande, para, cuando
llegue a mi comunidad, transmitirle
esto que yo estoy recibiendo.
Hay que esperar el momento, que
el Espíritu tiene su momento,
pero es verdad que apetece llegar
y decirle a la madre superiora:
¡Madre, vayámonos
a la misión!
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