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Testimonios de misioneros de los cinco continentes en el Congreso Nacional de Misiones
«Nadie sabía allí quién es Jesucristo...»

«Llegué a un territorio inmenso y superpoblado, adonde todavía no había llegado la Iglesia. Nadie sabía quién era Jesucristo, y me encontré a mí mismo solo entre miles de personas. No sabía por dónde comenzar. No había nada. Así que empecé a caminar. Caminé por el fango de las calles durante días. Me dejé ver, y esperé a que la gente se preguntara quién era»: así comienza el testimonio de un sacerdote español destinado durante decenas de años en la República Dominicana. Su historia no es muy distinta a la de los miles de misioneros que, un día, dejaron casa, familia y comodidades para vivir en territorios olvidados. Son palabras profundas que encierran una gran soledad, siempre aliviada por el Espíritu.
Este sacerdote, anónimo, discreto, fue uno de los 760 asistentes al Congreso nacional de Misiones que, bajo el título Es la hora de la misión, tuvo lugar en Burgos los pasados 18 a 21 de septiembre. Como él, religiosos, religiosas, laicos y contemplativos de los cinco continentes fueron testigos de un intercambio de experiencias y conocimientos sobre la misión ad gentes en el siglo XXI. Los asistentes pudimos escuchar a la Iglesia viva hablando de entrega total, de evangelización, de amor, y también tuvimos la oportunidad de compartir mesa y comida y de escuchar historias anónimas como la de este sacerdote que, si bien no había escrito una ponencia, llevaba impresas en su corazón vivencias eternas. Por eso, una de las frases más repetidas por los misioneros era: «Mi vida es un constante milagro»

Juan Luis Vázquez
A. Llamas Palacios

(Micronesia, Oceanía)
«Tengo una familia en Micronesia»

Rosario Arberas es Mercedaria misionera de Berriz. Lleva nada más y nada menos que desde el año 1954 en las islas Marianas y Carolinas de la Micronesia, en Oceanía. Éste es su testimonio:
Nuestro Instituto está concentrado en 8 distintas islas. Las Marianas tienen ya tres siglos de cristianismo, la fe aquí está mucho más arraigada, se puede decir que el 95% de sus habitantes son cristianos.
En las Carolinas el primer cristiano fue bautizado hace 100 años. La Iglesia allí ha crecido, y a pesar de que es un pueblo que no es piadoso, sí que es muy fiel.

Yo he estado siempre dedicada a la educación. Al principio, sobre todo, nos dedicábamos a Primaria; ahora, a Secundaria. Nos preocupa mucho la promoción de la mujer porque allí, no es que esté despreciada o maltratada, pero sí que es verdad que no tiene voz. En algunas de nuestras islas, incluso nuestras hermanas indígenas del lugar sufren porque el hombre tiene que estar por encima de ellas, y a pesar de estar bien formadas, y teniendo la autoridad, no pueden casi actuar. El deseo único de la mujer allí es ser madre. Nosotros queremos formarles bien primero, para que puedan comprender y hacer suyos los valores humanos, el respeto a ellas mismas, y que la vida es algo tan sagrado que hay que tratarla con cuidado.
Después de la segunda guerra mundial, Estados Unidos ha intervenido allí porque es un área muy importante, y en este momento están desarrollando su propia economía con asistencia exterior; pero falta formación, faltan ciertos principios...
Puedo decir que he vivido allí 50 años felices, porque son personas muy acogedoras, muy abiertas, solidarias..., y a los misioneros nos consideran tan suyos que puedo decir: Hay una familia que me ha adoptado. Te dicen: «Tú eres nuestra, si caes enferma te cuidaremos...» Es mucho gozo ver que la gente es así, abierta, que no mira las diferencias de raza, etc.
En cuanto a la fe, hay dificultades. Ahora tenemos ya el primer obispo nativo. Es muy difícil tener sacerdotes, porque el celibato no lo acaban de entender allí, pero sin embargo hay cantidad de diáconos casados, con toda la responsabilidad de la Iglesia, llevando las parroquias, y viviendo una vida de matrimonio preciosa, ejemplares en la sociedad.
Nosotras, como religiosas, hemos tenido suerte, porque empezamos con una escuela de Secundaria, y hoy son ellas, las nativas, las que llevan el movimiento de nuestra Congregación. Son ellas las que nos guían, y a nosotras nos toca aprender de ellas su manera de interpretar la fe, que es lo que más puede mover al pueblo, más que algo que les traes del exterior.

(Macao-China)
«No se puede entrar como misionero»

El padre Luis Ruiz, jesuita, fue uno de los misioneros estrella del Congreso.
Ha pasado buena parte de sus 91 años anunciando el Evangelio de Jesucristo y atendiendo a los más pobres en varias provincias chinas. A los 73 años empezó a trabajar en la ayuda a los leprosos; hasta la fecha, ha prestado sus servicios en más de 150 leproserías, y sigue evangelizando y trabajando...

¿Cómo es la situación de los católicos en China?
Varía según la provincia de que se trate. Hay zonas, como los alrededores de Pekín, donde hay un gran miedo a la influencia de la Iglesia católica. De ahí vienen las noticias de apresamientos de cristianos y de obispos. En otras zonas no es preciso organizar celebraciones clandestinas; cada pueblo tiene su iglesia, y he podido verlas repletas de fieles, incluso de noche.

¿Facilitan el trabajo de los misioneros en el país?
Nosotros no podemos entrar como misioneros; lo hacemos como profesores o trabajadores sociales. Cuando me dan el visado para entrar en China, me dicen: «Te lo damos, pero no prediques». A mí sólo me dejan concelebrar. A pesar de todas las dificultades, la Iglesia avanza. Cuando salí de China, había tres millones de fieles. Hoy, el Gobierno da una cifra de diez millones de católicos, contando las dos Iglesias.

¿Cómo viven la fe los cristianos de las zonas más difíciles?
Ellos tienen sus celebraciones de noche o de madrugada, muchas veces en casas particulares. Cuando se infiltra un espía en las celebraciones, suelen coger a algunos hombres y pasan unos días en prisión. Siempre están nerviosos por lo que pueda pasar. Esto también pasa con los sacerdotes; asumen el riesgo y, a veces, los encarcelan durante unos días. Tienen un valor formidable, un gran coraje. Pero esta situación cambiará algún día, con la ayuda del Señor. Lo que no se comprende es la actitud de los países cristianos, que van allí por motivos económicos y no plantean el problema a las autoridades chinas, que interpretan los derechos humanos y la libertad religiosa a su manera.
Nosotros evangelizamos a través del trabajo social, con leprosos, tuberculosos, etc., pero aprovechamos para anunciar el Evangelio con mucha discreción, con catequesis nocturnas. Y esto llega también al personal del Gobierno; al vernos saludar al leproso, darle la mano, se preguntan: «¿Por qué?» Nuestra fórmula es bien sencilla: ayudar, dar esperanza, dar una vida digna. Llega un momento en que hasta el personal del Gobierno nos pide Biblias.
Yo vivo de la fe. Si te paras a pensar si tienes o no dinero, no haces nada. Nosotros decimos: «Dios proveerá»; y Dios provee.

(Japón)
«Soy pobre, todo lo recibo del Señor»

La Hermana Mitsue Takahara es carmelita en un convento de clausura, en Sevilla. Su testimonio en el Congreso fue emocionante en todos los aspectos, al narrar su conversión, con su dulzura y su abandono en el Señor. Éstas fueron algunas de sus palabras para Alfa y Omega:

A diario, como todas las carmelitas tenemos vocación de misioneras, hablamos de las cosas que pasan en los países de misión, llevamos algunas revistas y compartimos los pareceres. También decimos: Vamos a ofrecer esto por los misioneros, y hacemos todo con las intenciones para el bien de las misiones. Es algo muy natural para nosotras, lo hacemos constantemente.
Estamos muy unidas en la oración con el Papa y con los misioneros, y recorremos todo el mundo a través de la misión.
Lo que más me gusta y me llama de santa Teresita de Lisieux es la confianza y el abandono en Dios. Como el niño en brazos de Dios. Yo soy muy pobre. No soy nada, recibo todo del Señor.

(India)
«Mi vida ha sido un milagro constante»

La Hermana Rosa Porta ha pasado 30 años de su vida en la India (llegó allí en el año 1961). Pertenece a la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús, y actualmente reside en Madrid apoyando la animación misionera de grupos de jóvenes. Nos dice:
Mi primera adaptación en la India fue tremenda, porque era un país completamente distinto, con lenguas distintas..., no fue fácil. Luego ya fue muy bonito, porque me fui a la leprosería, y estuve conviviendo con mis enfermos que fueron parte de mi familia. He aprendido de ellos una barbaridad, en todos los sentidos: la tolerancia, la relación entre las religiones (a pesar de los encontronazos entre musulmanes e hindúes), pero aparte de eso el indio es muy acogedor, es respetuoso, muy religioso... Yo digo siempre que la India me ha enseñado a descubrir a Dios. Y a valorar más la figura de Jesús en mi vida

Yo digo siempre: La misión es un milagro constante. Para mi vida también. Mi vida ha sido un milagro constante. Cuando a veces me dicen «¿Cómo puedes creer en Dios?» Yo contesto: «Es que no lo puedo dudar, porque lo he palpado».
Ahora soy considerada non-grata para la India, y no pude volver. Me fui de allí porque estaba enferma y vine a recuperarme a España. Esto es porque nuestra congregación ha trabajado mucho con los adibasis, los primitivos de la India, con quienes se ha hecho una labor de Iglesia muy importante. Los adibasis estaban explotados por todos los medios de allí... Empezamos por escuelitas, y ahora ya hay adibasis con carreras.

(Camerún, África)
«Desarmado por la fe del pobre»

Carlos Collantes es misionero javeriano, y actualmente lleva tres años en España, trabajando en la animación misionera y compartiendo su experiencia cristiana y misionera con su parroquia y su comunidad de origen. Ha pasado más de 10 años en Camerún. Éstas son sus impresiones para Alfa y Omega:

Estuve en Camerún durante 10 años, en una parroquia en la capital, en la periferia urbana, un barrio que fue creciendo desde 7.000 a 50.000 habitantes, en unas condiciones muy duras. Después estuve en otra ciudad, la tercera del país; ahí estaba como responsable de la formación de un grupo de estudiantes camerunenses de Filosofía. Los primeros javerianos camerunenses.
Mi experiencia de fe es una experiencia que se va enriqueciendo, y la gente sencilla nos ayuda a crecer en la propia fe. Hay gente que anuncia el Evangelio con su sencillez y su fe profunda. Una de las cosas que yo he aprendido es la capacidad que tiene la gente sencilla de alabar a Dios, en medio del sufrimiento, de las dificultades; gente que está sufriendo, que a lo mejor está haciendo una comida al día, que te viene a la misión, y que te dice espontáneamente: «Dios es grande», y eso te desarma... Es una experiencia de fe que yo acojo de ellos. El estar en contacto con esta gente que siente a Dios de forma espontánea enriquece mi fe; y, luego, ver también cómo los pobres son capaces de compartir, no todos, claro, porque no se puede generalizar, ni hacer idealismos fáciles, pero dentro de su pobreza comparten con otros que están peor que ellos.
También ha sido muy importante y bonito ver cómo el Evangelio enriquece la solidaridad que ellos mismos viven como un valor muy importante de sus tradiciones locales. La solidaridad es muy fuerte, aunque a veces se queda limitada a la etnia o el clan. El Evangelio ensancha y profundiza esa solidaridad. Yo he vivido en situación pluriétnica. En la capital y desde la parroquia intentábamos responder a esta situación, con una misa en la que utilizábamos 2, 3 lenguas, y luego, como estaba diciendo, veíamos cómo la solidaridad se enriquecía a través de la caridad: la gente ayudaba al otro porque lo necesita, y porque es hermano mío en Jesús. La fe se enriquece allí, y, al volver aquí, compartes ese poso que te ha ido dejando esa experiencia.

(Madagascar, África)
«Soy muy feliz. A pesar de mi edad, continúo en la misión»

La Hermana Mitsue Takahara es carmelita en un convento de clausura, en Sevilla. Su testimonio en el Congreso fue emocionante en todos los aspectos, al narrar su conversión, con su dulzura y su abandono en el Señor. Éstas fueron algunas de sus palabras para Alfa y Omega:

Sor Inmaculada Fernández, palentina, es Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl. Vive en Madagascar desde 1971, es decir, 32 años. Hoy tiene 68 y una gran labor a su cargo:
Primeramente me encargué de los niños en un hospital. Ahora estoy en una misión en el sur del país, con las obras propias de Hijas de la Caridad: colegio infantil; también tenemos internado para las chicas que quieren estudiar; nos ocupamos de todos los pobres, y yo especialmente me ocupo de un dispensario, y, aunque sólo soy enfermera, actúo casi como si fuera médico. Al día paso alrededor de 100/110 consultas.
Y luego tengo 30 camas para los tuberculosos. También nos ocupamos de los leprosos, pero para ellos sólo hay 8 camas, así que cogemos a los más graves. También tengo niños malnutridos que vienen en un estado tremendo, y les tratamos de ayudar con alimentación y demás.
Desde el punto de vista de la fe soy muy feliz, y estoy muy contenta con la misión que el Señor me ha confiado. El pueblo malgache que vive en la miseria y que está un poco olvidado me ha dado muchísimo, porque saben compartir, es un pueblo alegre que se da al otro, y aunque la mayoría son paganos, sobre todo en las tribus en las que nosotros trabajamos, es un pueblo que cree en un Dios como ser superior, y no nos es difícil transmitirles la fe, porque nos aceptan. A pesar de mi edad continúo en la misión.

(Paraná, Argentina)
«El misionero nos hace pensar en la vida eterna»

El arzobispo emérito de Paraná, monseñor Estanislao Karlic, uno de los principales ponentes del Congreso, respondió así a nuestras preguntas:

¿Cuál es la situación de Argentina en estos momentos?
La situación económica en Argentina presenta algunos signos de mejora, pero es muy profundo el desorden moral que tenemos en el país, por la idolatría del tener. Por otro lado, hemos tenido signos estupendos de solidaridad en todo el país. La colecta en las misas ha aumentado este año, aun en una situación de crisis; se ha despertado una mayor conciencia de solidaridad.

La historia más reciente de Argentina, ¿cómo afecta a los católicos en su país? ¿Se da el perdón?
La Iglesia ha hablado siempre del perdón, y ha dicho que una caridad que no perdona no es caridad en plenitud. Por otra parte, nunca ha defendido lo que ha sido injusto o criminal. Lo que pedimos al Señor es que nos permita predicar la reconciliación, que es una virtud de confianza en Dios y también de esfuerzo nuestro. Hay algunas manifestaciones contra la Iglesia que nos hacen sufrir mucho, pero nosotros tenemos que responder predicando el Evangelio.

¿Cómo es la evangelización en Argentina? ¿Siguen dependiendo de misioneros enviados de Europa?
Hay un cierto número de sacerdotes de España y de Italia en nuestro país, pero también tenemos cerca de 500 sacerdotes argentinos misioneros en otras partes del mundo en este momento. La mayor dificultad en Argentina es el clima general de secularización; el pueblo argentino está sometido por los medios de comunicación a una visión del hombre contraria al Evangelio. Son proposiciones inmanentistas y hedonistas. Nosotros trabajamos con la catequización en las parroquias y realizando misiones populares, lo cual es una fuente de gracia pensando en la evangelización ad gentes.
Lo mejor que puede ofrecer un misionero es su fe, su caridad y su esperanza. Por su fe nos abre al misterio de Jesucristo; por su caridad nos da su corazón y su compañía, y tal vez alguna ayuda material; por su esperanza, nos ayuda a caminar y pensar en la vida eterna, porque no podemos dejar de hablar de la eternidad.

(Zimbawe)
«Dios quiera que vuelva a Zimbawe»

Lola Pérez Carrasquilla es Misionera hija del Calvario. Nacida en Córdoba, ha estado 15 años en Zimbawe. Nos da su testimonio:
Desde el año 82 he estado en Zimbawe. Allí he trabajado en el campo de la sanidad, y me he encontrado con un lugar maravilloso de África que me tiene cautivado el corazón

Dios quiera que vuelva para quedarme en Zimbawe. Mi experiencia es una experiencia de dolor, de alegrías, de todo... El pueblo africano es un pueblo muy acogedor. Yo me sentí en mi casa, nada más llegar. Estuve trabajando con la tribu tunga, los más pobres del país. Me sentí muy fortalecida por la fe de la gente, aunque no fueran cristianos. Al poquito de llegar allí, me dieron un nombre: muembe, que significa pájaro..., porque soy muy inquieta y me muevo mucho. En la misión, ahora mismo, somos cinco Hermanas: cuatro son africanas, yo soy la única española. Llevo viviendo con ellas 15 años. Los sacerdotes también son africanos; ahora hay uno español, de Segovia.

(Oaxaca, México)
«La Iglesia mejicana tiene una memoria viva de sus mártires»

Juana Pagán, misionera comboniana, ha recorrido México de arriba abajo, durante nueve años, prestando una especial atención a los jóvenes y a las comunidades indígenas del país, especialmente en la región de Oaxaca. Éste es su testimonio:

En Oaxaca, la zona donde yo trabajé, hay un gran problema de sincretismo; la carencia de sacerdotes y de catequistas ha originado la aparición de los llamados rezanderos, personas que han aprendido de memoria algunas oraciones, incluso en latín, que acuden en los momentos especiales de la vida: nacimientos, muertes..., para darles un sentido de trascendencia. Estos rezanderos se aprovechan de la gente y obtienen mucho dinero. La llegada de los misioneros ha originado una oposición muy fuerte. Asimismo, las sectas también están presentes en todo el país, sobre todo los Testigos de Jehová. Sin embargo, pienso que la presencia de la Virgen de Guadalupe y la devoción que le tiene el pueblo mejicano es una gran barrera contra la penetración de las sectas. La Iglesia mejicana tiene fuerza suficiente para ser evangelizadora de sí misma y para mandar misioneros al exterior. Lo que ocurre es que la misión ad intra no se ha desarrollado del todo, porque hay muchos misioneros ad extra, fuera de las fronteras mejicanas, pero la misión en algunas zonas del interior del país se ha descuidado un poco.
Es necesaria también la recuperación de la familia, porque en México existe mucho machismo, lo que hace que sea muy difícil que los jóvenes se hagan una idea clara de Dios como Padre.
La insurrección de los rebeldes en Chiapas, provocada por la situación de pobreza y miseria que afecta a muchas poblaciones indígenas, fue vivida por la Iglesia con cautela, rechazando siempre la violencia y apoyando las iniciativas de paz de monseñor Samuel Ruiz. El hecho de que el Gobierno haya sido masón durante muchos años, hace que la masonería esté aún implicada en la política mejicana, lo que conlleva una cierta persecución, unas veces abierta y otras veces más sutil. En cuanto a los mártires católicos de la historia de México, la Iglesia está muy orgullosa de ellos, hayan subido o no a los altares, y hoy tiene una memoria muy viva de ellos.

(Francia)
Europa, o las «heridas contra el hombre»

Doña Isabel de Andía, del Centre National de la Recherche Scientifique, en París, una de las dos mujeres que participaron en los trabajos del Sínodo de Obispos de Europa en 1999, habla sobre la peculiaridad de la misión ad gentes en una Europa necesitada de una reevangelización:

Es la Iglesia la que ha creado el humanismo europeo, transmitiéndole la tradición grecolatina. Hoy, sin embargo, se ha producido una ruptura entre Evangelio y cultura, una ruptura que va a más; hoy el Papa llega a hablar de cultura de muerte, por el rechazo de la vida que se da en la actualidad. Europa ha perdido la memoria de sus raíces cristianas, y también ha aislado la razón de la fe; además, ha desgajado la libertad del amor. Todo ello son heridas contra el hombre. Lo primero que hay que recuperar es la búsqueda de la verdad; sólo ha partir de ahí se puede emprender el diálogo con la cultura actual. El segundo paso nos toca a nosotros, los cristianos: es el amor. Ser testigos, pero no sólo con la labor social; el testimonio debe ser un testimonio de fe.
Cuando uno se pregunta: ¿Qué puedo hacer por Europa?, la respuesta es inmediata: Lo que haces. Debemos hacer lo que tenemos que hacer, con valor, sin lamentarse todo el tiempo diciendo que es imposible. Hemos recibido mucho de la Iglesia. Hay un momento en el que, escogiendo a Cristo, Camino, Verdad y Vida, haces frente a las acusaciones contra el cristianismo; es un momento en que el espíritu obedece a la doctrina de la Iglesia, aun cuando la cultura en la que vive es contraria. Éste es un acto de humildad, con el que la conciencia reconoce la humildad del mismo Cristo.

«Estamos en la misión por agradecimiento al Señor»

Florencio y María Fernanda son un matrimonio del Camino Neocatecumenal en misión en Marsella (Francia). Casados desde hace 17 años, tienen nueve hijos, de tres meses a 16 años:

¿Por qué decidisteis ir a la misión con vuestros hijos?
Por agradecimiento al Señor, por lo bien que lo ha hecho en nuestras vidas; yo -habla Florencio- pasé la juventud en el ateísmo y en la droga, buscando un sentido a la vida, que no encontraba. Después de un accidente de coche en el que hubo varios muertos, entré de nuevo en la Iglesia. Años después, nos ofrecimos para ir a la misión; en una convivencia, el Papa nos dio una cruz y nos envió como misioneros a Marsella.

¿Cómo evangeliza una familia en uno de los países más desarrollados del mundo?
En Francia, de cada tres matrimonios, más de uno está divorciado; existen muchísimas familias monoparentales, y familias formadas por hijos de distintos padres. Es el Estado el que se encarga de la educación de los hijos; pero como no existe una moral -ya que el Estado francés es laico-, se limita a poner parches, dando ayudas económicas. Nuestra misión allí es hacer presente, la familia, con nuestra vida cotidiana, recogiendo la visión del Papa de evangelizar Europa reconstruyendo aquello que no existe: una familia tradicional, con un padre y una madre, con hijos. Nosotros no hacemos gran cosa, simplemente vivir y ofrecer nuestra vida por este país.

¿Cómo os reciben allí?
No son muy expresivos. Nosotros hacemos allí lo que yo llamo una pastoral de contagio, entre los vecinos, los compañeros de colegio de los niños... Cuando nos preguntan, es cuando ofrecemos razones de nuestra fe; pero sin imposiciones, porque es una sociedad que está de vuelta y no quiere escuchar ya nada que tenga que ver con la religión. Existe una pobreza espiritual y humana muy grande; las personas llegan de nuevo a la Iglesia muy destruidas, sin voluntad ni autoestima, aunque sean intelectuales, o tengan una buena profesión. Jesucristo las va reconstruyendo poco a poco. Yo creo que el Señor nos ha enviado a Marsella como una barrera frente a las sectas y al Islam; y no es que hagamos proselitismo, sino que sólo aportamos nuestra presencia.

(España)
«Demos gratis lo que hemos recibido»

La Hermana María tiene 26 años y, desde los 17, pertenece a la Congregación de las Esclavas carmelitas de la Sagrada Familia. Se trata de una obra que nace en 1980 y que pronto, con la ayuda de Dios, podrá salir a la misión, allí donde la Iglesia la reclame. Nos da su testimonio:

Nuestra aspiración misionera es anunciar a los demás lo que nosotros hemos recibido, darlo gratis. En esa llamada nos sentimos invitados a salir y a anunciar el reino de Dios.
Tenemos seis comunidades en España, y queremos ir a anunciar a Jesucristo allí donde nos llamen. Desde ahí queremos estar donde seamos necesarias.
Nuestra vida es de oración por la mañana y apostolado en las parroquias, colegios públicos e institutos. No tenemos colegios ni hospitales ni nada, no es nuestro carisma.
Personalmente, estoy gozosa, y doy gracias a Dios cada día por la llamada que me ha hecho de la vocación. Este Congreso, personalmente, está siendo un impulso muy grande, para, cuando llegue a mi comunidad, transmitirle esto que yo estoy recibiendo. Hay que esperar el momento, que el Espíritu tiene su momento, pero es verdad que apetece llegar y decirle a la madre superiora: ¡Madre, vayámonos a la misión!

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