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Ha liberado a esclavos, en países donde
aún existe la esclavitud; ha promovido
el diálogo interreligioso, con especial
ahínco después de los atentados
del 11 de septiembre de 2001; ha iniciado campañas
para la abolición de la pena de muerte
y contra las minas antipersona; ha ayudado a
miles de personas víctimas de las guerras
o de catástrofes naturales
La Comunidad
de San Egidio nació cuando, en 1968,
Andrea Riccardi, un joven que no había
cumplido aún los 20 años, reunió
a un grupo de estudiantes de bachillerato en
Roma para escuchar y poner en práctica
el Evangelio, inspirado en la primera comunidad
cristiana y en san Francisco de Asís.
Riccardi es hoy, además, profesor de
Historia contemporánea en la Terza Università
degli Studi di Roma, y uno de los más
brillantes historiadores de la Iglesia contemporáneos.
Tras la inauguración del V Congreso Católicos
y vida pública, pronunció una
conferencia sobre Los nuevos mártires
del siglo XX, un desgarrador testimonio que
quiso reivindicar la memoria de los miles de
cristianos que dieron su vida por el Evangelio
y la caridad evangélica en este siglo
plagado de tragedias. Mantuvo, después,
un encuentro con algunos informadores y abordó
diversas cuestiones:
-
El método de San Egidio:
«El corazón de la vida cristiana
nace de la oración. Nuestro secreto es
el de la palabra de Dios en el corazón:
servir a los pobres y vivir el Evangelio; oración
y amor a los pobres. San Pablo dice: Cuando
soy débil, entonces es cuando soy fuerte.
El cristianismo no es un poder, ni tampoco es
una flaqueza. Es una fuerza, pero la fuerza
del débil y del humilde; es la religión
del Crucificado. En este sentido, creemos que
los débiles pueden cambiar la Historia,
que tienen la fuerza para cambiarla. También,
en la medida en que el poderoso reconoce su
propia debilidad, se hace hombre. El poderoso
que niega su debilidad se convierte en superhombre,
y en el superhombre, al final, hay siempre algo
de demoníaco. La fe cristiana renueva
el hombre y renueva su presencia en la sociedad.
El siglo XXI será el de la espiritualidad
y la solidaridad para los cristianos. No hay
solidaridad sin espiritualidad. Pero una espiritualidad
sin solidaridad se convierte en New Age».
- África, ¿tiene
solución?
«No quiero poner una placa a San Egidio
por los acuerdos de paz en Mozambique, porque
eso pasó hace 10 años. Pero sí
fue algo muy importante, porque en esa guerra
hubo un millón de muertos, y en Mozambique
ya no se muere por la guerra. Hoy, en Monzambique,
en Malawi, en Guinea-Bissau, estamos emprendiendo
una nueva lucha contra el sida. Es un problema
que no se comprende en Europa, porque los enfermos
de Madrid o de Roma reciben tratamiento, pero
no así los de Nairobi, Bissau o Maputo.
Muchos se preguntan: ¿Por qué
hay tanta violencia en África? ¿Por
qué en Ruanda, un país católico,
hemos presenciado una tragedia como la de 1994?
El mal está en todas partes. Pero lo
que debemos constatar es la fuerza del bien,
el coraje de tantos cristianos que han dado
su propia vida en África: europeos y
africanos. Estoy convencido de que, de estos
martirios comunes, nace una cultura de solidaridad
cristiana entre Europa y África.
Hoy, con la globalización, el papel del
Estado está en proceso de redefinición.
En África, además, por la división
del continente (tras la era colonial), no hay
Estados homogéneos. Éste es el
problema de África. Ahora, debemos contribuir
a que sea posible la convivencia, debemos prevenir
las guerras. Creo que la solución no
debe ser sólo africana, sino que debe
ser una solución internacional. Como
ha dicho Juan Pablo II, y creemos en San Egidio,
África es hoy el banco de pruebas de
la conciencia internacional, de la política
internacional.
La Comunidad de San Egidio está presente
en 22 países africanos. Me enorgullezco
cuando digo que el continente en el que está
más extendida no es Europa, sino África.
Son comunidades que trabajan por los pobres,
que rezan..., un movimiento de la sociedad».
- San Egidio, en España:
«La presencia de la Comunidad quiere
recordar a España, con tantas personas
ricas y aisladas, el mundo de la pobreza: los
vagabundos, los gitanos, los ancianos
Creo que el problema español consiste
en que España ha pasado, con una rapidez
única en Europa, de ser un país
por entero católico (aunque ¿era
enteramente católico? No lo creo) a ser
un país extremadamente pluralista y consumista.
Esa velocidad ha creado vértigo y ha
generado multitud de paradojas. Creo que la
España de hoy no va tan deprisa, y que
puede ya reflexionar más tranquilamente.
Además, creo que Europa necesita a España,
igual que necesita a Italia. Una Europa sin
España y sin Italia perdería su
lado mediterráneo, que es una parte fundamental
del continente».
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