| Comunión
y Liberación ha
cumplido, este año, sus Bodas de Oro. Entre
las novedades de esta iniciativa del Espíritu
para la Iglesia y para el mundo, dentro de este
floreciente movimiento, se encuentra la de que su
fundador, don Luigi Giussani, ha llamado al sacerdote
madrileño, catedrático de la Facultad
de Teología San Dámaso, de Madrid,
don Julián Carrón, para que le acompañe
en la misión de alentar la vida de la gracia
entre sus miembros. Ofrecemos las primeras impresiones
de este sacerdote español sobre su nueva
tarea |
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El
fundador de Comunión y Liberación,
hace años, con sacerdotes españoles
del movimiento (don Julián Carrón,
en la foto, el segundo a la derecha de Don Giussiani),
durante un encuentro en Italia.
Arriba, don Julián en un reciente encuentro
con Don Giussiani
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¿Qué
supone para usted que Don Giussani le haya llamado
a colaborar con él?
En primer lugar, una sorpresa. Es algo tan desproporcionado
que estoy lleno de curiosidad acerca de lo que
Cristo hará delante de mis ojos.
¿Qué contenido tiene esta nueva
labor?
Hasta ahora he sido profesor en la Facultad de
Teología San Dámaso, de Madrid,
y a partir de ahora reduciré mi labor allí
y me trasladaré a vivir a Milán,
participando más directamente en la responsabilidad
del movimiento, junto con otras personas que,
desde hace tiempo, colaboran con Don Giussani.
¿Cómo se enmarca jurídicamente
esta nueva labor dentro de Comunión
y Liberación?
No hay ningún cargo específico.
Está todavía por ver en qué
consiste y cómo se concreta esta labor
de acompañar a Don Giussani en la responsabilidad
que él me da.
Comunión y Liberación nace
en Italia, y usted es español. ¿Qué
paralelismos entre la situación de la Iglesia
en ambos países le facilitarán a
usted este nuevo trabajo?
Fundamentalmente, estamos en un contexto cultural
muy semejante. Los desafíos no son muy
distintos, así como tampoco lo son en otros
lugares donde está presente el movimiento.
Si hubiese que resumir este desafío en
una palabra sería nihilismo, la
impresión de que nada resiste el paso del
tiempo, que nada interesa lo suficiente para la
propia vida; aquí, el cristianismo propone
algo verdaderamente interesante para el hombre
de hoy.
¿Cuál es la situación de
Comunión y Liberación en el
mundo, y en concreto en España?
El movimiento está extendido en más
de setenta países, aunque la presencia
en todos ellos es muy distinta. En los países
bálticos, por ejemplo, se trata de una
presencia embrionaria, mientras que en Brasil,
Estados Unidos o Rusia es más consistente.
Lo que a nosotros nos llama la atención
es que, en sitios tan diversos, el movimiento
pueda encontrar al hombre en las situaciones más
variadas y que el cristianismo le suscite el interés.
En España, estamos presentes en una quincena
de ciudades y provincias, aunque también
con una presencia distinta: la más consistente
está en Madrid, y también hay núcleos
fuertes en Cataluña, Canarias, Andalucía
y algunas ciudades de Castilla; estamos en desarrollo
y crecimiento. Nuestro desafío fundamental
es educativo; ver si el cristianismo está
en condiciones de generar un sujeto unido en el
que la fe afecte a todas sus dimensiones: el trabajo,
el afecto, el ocio..., de modo que todos esos
ámbitos puedan ser impregnados de la novedad
cristiana.
¿Qué personas cercanas en su
historia personal ha tenido especialmente presentes
en este momento?
La más decisiva, obviamente, es la de don
Giussani, cuya estima no deja de conmoverme. A
través de él, Cristo me ha hecho
experimentar la vida con una intensidad para mí
antes desconocida, llevando así a plenitud
lo que otros habían empezado. Pienso fundamentalmente
en el tan querido don Francisco José Pérez
y Fernández-Golfín, obispo de la
diócesis de Getafe, recientemente fallecido;
y asimismo en tantos amigos con quienes he compartido
la aventura de la vida del movimiento en estos
años, como Javier Prades, José Miguel
García, o, más recientemente, en
la Facultad de Teología San Dámaso,
Alfonso Carrasco. En todo esto, tiene especial
relevancia la paternidad del cardenal arzobispo
de Madrid; sin su disponibilidad a dejarme colaborar
más estrechamente con Don Giussani, sería
imposible hablar ahora de esta nueva situación.
Alfa y Omega
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