Recogida de firmas para presentar una Iniciativa Legislativa Popular
Las familias quieren dejar claro
qué es matrimonio
Las asociaciones que luchan en defensa de la familia –matrimonio abierto a la vida– están recogiendo firmas para que salga adelante una Iniciativa Legislativa Popular que tiene por objetivo dejar claro en el Código Civil que sólo es matrimonio el compuesto por hombre y mujer. Esta medida contrasta con el anteproyecto presentado por el Gobierno en el Consejo de Ministros que pretende equiparar las uniones homosexuales a los matrimonios
El Gobierno que preside don José Luis Rodríguez Zapatero aprobó, la semana pasada en el Consejo de Ministros, un anteproyecto de ley destinado a modificar ciertos artículos del Código Civil, para que el mal llamado matrimonio homosexual tenga cabida en el ordenamiento jurídico. En el artículo 44, el Gobierno pretende que se diga que «la identidad de sexo de ambos contrayentes no impide la celebración del matrimonio ni sus efectos». Además, se quiere modificar otros 13 artículos en los que los términos hombre y mujer se sustituyan por el genérico cónyuge. Con esta medida, queda incluso abierta la posibilidad de que las parejas homosexuales adopten niños.
Una porción minoritaria de españoles celebraba la aprobación del anteproyecto en la sede del PSOE, sin saber, quizá, que la acepción del término cónyuge que aparece en el Diccionario de la Real Academia Española dice «marido y mujer respectivamente» y, para mayor claridad, remite al término consorte, que significa «marido respecto de la mujer y mujer respecto del marido». Es verdad que lo que el término cónyuge signifique para los académicos no influye en la interpretación que el día de mañana se pudiera hacer de la ley que el anteproyecto del Gobierno pretende sacar adelante, pero sí demuestra su valor sociológico y antropológico la afirmación de que es matrimonio el compuesto por hombre y mujer, cónyuges, como dice el Diccionario.
«La medida propuesta tendrá consecuencias negativas que afectarán a toda la sociedad», explica la Conferencia Episcopal Española. Por ese motivo, las voces en contra no se han hecho esperar. Desde diferentes asociaciones dedicadas a la protección a la familia se ha pedido al Gobierno que recapacite antes de lanzarse al proceso legislativo que concluirá, supuestamente, a mediados de 2005, con la equiparación de las parejas homosexuales a los matrimonios.


Iniciativa Legislativa Popular

La familia –hombre y mujer abiertos a la vida– está en peligro y el Estado debería protegerla por una simple cuestión de supervivencia: el Estado está compuesto por ciudadanos y los ciudadanos nacen y se hacen en las familias. Ante esta situación, el Foro Español de la Familia se puso, hace ya meses, manos a la obra. El pasado mes de junio, la mesa del Congreso admitió una Iniciativa Legislativa Popular –una de las formas de promover una ley en el Parlamento– por la que se solicita una modificación del Código Civil destinada a dejar muy claro que matrimonio sólo es el compuesto por hombre y mujer, y que sólo ellos pueden adoptar niños. Hacen falta 500.000 firmas para que el proyecto llegue al trámite parlamentario. Don Benigno Blanco, Vicepresidente del Foro, afirma que «hay muchas más personas en este país» dispuestas a apoyar a la familia. Se puede obtener información en la web: www.forofamilia.org o en el teléfono 915550182. Los promotores de esta iniciativa son conscientes de que es posible que nunca se convierta en ley, pero, al menos, habrán «apelado a la reflexión sensata y responsable de lo que está pasando». Aún tienen la esperanza de que el Gobierno, que prometió un talante dialogante, abra consultas antes de que el texto presentado el pasado viernes por el Consejo de Ministros se convierta en norma, pero, si no lo hace, don Benigno Blanco afirma que habrá que pensar en las movilizaciones.
Si la intención de equiparar las uniones homosexuales a los matrimonios heterosexuales ha molestado a todos los que son conscientes de que el matrimonio es el formado por hombre y mujer, la decisión de promover la adopción de niños por parte de estas parejas está suscitando indignación. A pesar de que el ministro de Justicia, don Juan Fernando López Aguilar, afirma que una serie de informes atestiguan que crecer en un ambiente homosexual no afecta a los niños, el sentir mayoritario destaca que, ante la duda, es mejor no experimentar con ellos. El propio Defensor del Menor planteaba la posibilidad de que se fijara una moratoria de dos años entre la equiparación de las parejas homosexuales a los matrimonios y la concesión del derecho de adopción. Para don Benigno Blanco, es distinto pensar en genérico «y dejarse llevar por la cultura dominante, que pensar en un niño en concreto». Quizá por eso, la Concapa, asociación de padres de alumnos, proponía a los políticos que experimentasen «con sus hijos, cediendo la guarda y custodia, al menos por una temporada, a parejas del mismo sexo, para que luego nos contaran si la experiencia es o no beneficiosa y extrapolable al resto del país».
La Federación Española de Profesionales por la Ética ha emitido un comunicado en el que exige al Gobierno que reconozca a los niños su derecho a educarse en una familia. Los homosexuales esgrimen un desconocido derecho a tener hijos como principal defensa de sus aspiraciones de adopción. Pero desde muy diversos ámbitos se ha dejado claro que el derecho que entra en juego en una adopción no es el de los padres a tener un hijo, sino el del hijo a tener unos padres. Y, en ese sentido, lo que se busca para un niño que ha perdido a su familia natural es un «ambiente humanamente seguro», según explica don Benigno Blanco. Pero, como dice el refrán, «hecha la ley, hecha la trampa». El artículo 175.4 del Código Civil dice que, «fuera de la adopción por ambos cónyuges, nadie puede ser adoptado por más de una persona». Ahora bien, si el Gobierno consigue que el significado de cónyuges deje de ser el que tiene en el diccionario –hombre y mujer– e incluya los de hombre y hombre o mujer y mujer, las parejas homosexuales podrán adoptar hijos.


Textos legislativos ambiguos

El Gobierno está jugando con la ambigüedad de algunos artículos para introducir las peticiones de ciertos grupos de homosexuales. El primer hueco lo encuentra en el artículo 32 de la Constitución, que afirma que «el hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica». El texto no habla de matrimonio entre hombre y mujer; sencilla y obviamente habla sólo de matrimonio, el único posible. Lo mismo ocurre con algunos de los artículos del Código Civil, motivo por el que la propuesta del Foro Español de la Familia, de aclarar bien los conceptos, permitiría tapar ciertos huecos. Por ejemplo, el artículo relativo al matrimonio, el 44, dice que «el hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio conforme a las disposiciones de este Código», pero no dice que el matrimonio sea entre hombre y mujer. Además, en la enumeración de matrimonios no permitidos, como los que suponen incesto, no está el de personas del mismo sexo. Esto no significa que el legislador quisiera abrir la puerta a los matrimonios homosexuales, sino que quizá ni se le ocurrió que una pareja de homosexuales pretendiera llamarse matrimonio.

María S. Altaba

 

La Federación Española
de Profesionales
por la Ética ha emitido
un comunicado en el que exige
al Gobierno
que reconozca
a los niños
su derecho a educarse
en una familia

 

Nota de la Conferencia Episcopal Española
Matrimonio homosexual:
propuesta errónea e injusta

El Gobierno ha aprobado un anteproyecto de ley con el que pretende equiparar las uniones de homosexuales con los matrimonios y permitir que adopten niños.
La Conferencia Episcopal Española, que ya en varias ocasiones ha explicado las razones por las que la Iglesia se opone a esta medida, ha emitido una nueva Nota cuyo texto les ofrecemos íntegramente, en la que recoge algunos párrafos de sus recientes documentos Matrimonio, familia y «uniones homosexuales» y En favor del verdadero matrimonio:

El Consejo de Ministros ha aprobado un anteproyecto de ley que pretende equiparar al matrimonio la unión de personas del mismo sexo. Se trata de una propuesta errónea e injusta. Porque «el matrimonio, engendrando y educando a sus hijos, contribuye de manera insustituible al crecimiento y estabilidad de la sociedad. Por eso le es debido el reconocimiento y el apoyo legal del Estado. En cambio, a la convivencia de homosexuales, que no puede tener nunca esas características, no se le puede reconocer una dimensión social semejante a la del matrimonio y a la de la familia».
Las personas homosexuales no deben ser discriminadas en sus derechos ciudadanos. Pero las instituciones sociales deben ser tuteladas y promovidas por las leyes. El matrimonio es una institución esencialmente heterosexual, es decir que «no puede ser contraído más que por personas de diverso sexo: una mujer y un varón. A dos personas del mismo sexo no les asiste ningún derecho a contraer matrimonio entre ellas. El Estado, por su parte, no puede reconocer este derecho inexistente, a no ser actuando de un modo arbitrario que excede sus capacidades y que dañará, sin duda muy seriamente, el bien común. Las razones que avalan estas proposiciones son de orden antropológico, social y jurídico».
La medida propuesta tendrá consecuencias negativas que afectarán a toda la sociedad. No se trata de reconocer un pretendido derecho a algunas personas que en nada perjudicaría a los demás. «Si el Estado procede a dar curso legal a un supuesto matrimonio entre personas del mismo sexo, la institución matrimonial quedará seriamente afectada. Fabricar moneda falsa es devaluar la moneda verdadera y poner en peligro todo el sistema económico. De igual manera, equiparar las uniones homosexuales a los verdaderos matrimonios, es introducir un peligroso factor de disolución de la institución matrimonial y, con ella, del justo orden social».
«¿Será posible seguir sosteniendo la verdad del matrimonio, y educando a los hijos de acuerdo con ella, sin que padres y educadores vean conculcado su derecho a hacerlo así por un nuevo sistema legal contrario a la razón? ¿No se acabará tratando de imponer a todos por la pura fuerza de la ley una visión de las cosas contraria a la verdad del matrimonio?»
La adopción ha de mirar siempre al bien de los niños, no a supuestos derechos de quienes los desean adoptar. Dos personas del mismo sexo, que pretenden suplantar a un matrimonio, no constituyen un referente adecuado para la adopción. «La figura del padre y de la madre es fundamental para la neta identificación sexual de la persona. Ningún estudio ha puesto fehacientemente en cuestión estas evidencias».
Si esta legislación se llevara adelante, abandonaríamos la sabiduría humana y jurídica de toda la Humanidad. «La historia universal lo confirma: ninguna sociedad ha dado a las relaciones homosexuales el reconocimiento jurídico de la institución matrimonial».