El
doctor Enrique Rojas es catedrático
de Psiquiatría y autor del numerosos
libros, entre otros, Los lenguajes del
deseo, editado en Temas de Hoy
¿Cómo definiría lo que
es la infidelidad?
Es una experiencia de mucho sufrimiento psicológico,
que significa que uno de los dos componentes
de la relación conyugal tiene una relación
por fuera de ese matrimonio. Es una vivencia
de gran dolor que da lugar a un impacto que,
en muchos casos, puede ser muy grave.
¿Qué secuelas quedan en las
personas que han sufrido una infidelidad?
Principalmente, un fondo de inseguridad ante
la otra persona por miedo a que vuelva a repetir
algo similar. De todas maneras, la infidelidad
no es de las situaciones más graves
que pueden ocurrir en una crisis conyugal.
Es mucho más grave la crisis conyugal
por inmadurez, por monotonía, por cansancio,
por apatía, por no compartir cosas
juntos, por discusiones constantes
Porque,
cuando hay infidelidad, si la otra persona
tiene un acto de amor grande como es el perdón,
esa pareja puede salir adelante, incluso con
más fuerza que antes.
O sea, que no sólo se debe perdonar,
sino que se puede salir reforzado de una crisis
así
El perdón es fundamental, pero el perdón
significa, por un lado, «Te perdono,
me perdonas»: recibir el perdón
de la otra persona, y, después, me
esfuerzo por olvidar. Cuando una persona dice:
«Perdono, pero no olvido», eso
no es casi nada. El perdón se acompaña,
a corto plazo, de un esfuerzo por no recordar
esas páginas negativas.
Pero tiene que haber un tiempo de duelo,
al menos
Lógicamente es un impacto fuerte que
se produce con esa sensación. Pensemos
hoy que, al tener la ética un componente
de permisividad y de relativismo, muchas de
estas cosas son divertidas, ingeniosas, sugerentes,
pero tienen un aire frívolo desde fuera,
que, dentro, llevan la gran dureza de una
tragedia. Yo he descrito, en mi libro Los
lenguajes del deseo, el síndrome de
«Amaro»: el amaro es una planta
labiada que tiene forma de corazón
en su base, que huele muy mal y que corrige
ciertas afecciones de la piel, y extrapolo
esto a lo que está pasando hoy en la
televisión, que es «el deseo
apasionado de conocer la vida de los famosos,
siempre que esté rota». Interesa
la vida ajena de los famosos, pero con la
condición sine qua non de que
sea siempre que esté rota. El
divertimento, el pasatiempo, el patio de vecindad,
el Los ricos también lloran, el
mecanismo de compensación
es
muchas cosas.
¿Cree que el ser humano tiende a
la fidelidad, o a la infidelidad?
Las dos están muy cerca. La posible
infidelidad está siempre a la vuelta
de la esquina, por las muchas posibilidades
que tiene el ser humano hoy de salirse de
la pista. La infidelidad es un concepto mental.
Una persona que es fiel no se pone en situaciones
de riesgo que puedan comprometer su situación
conyugal. Ante la posibilidad de que ocurra
algo así, uno tiene la valentía
de huir. Y es un concepto mental que tiene
muy poca gente en una sociedad tan divertida,
tan relativista, tan permisiva
¿Cree que también es algo
de nuestros tiempos?
Creo que sí, aunque puede también
que ahora suene más porque estamos
en una sociedad neopagana, y el neopaganismo
trae también el divertimento y la exploración
en otras vías
¿Los hombres son más infieles
que las mujeres?
En general, sí, hay una tradición
machista, que está herida pero no muerta.
A la mujer se le sigue aplicando la ley del
embudo: al hombre, la parte de arriba, el
embudo ancho, se le permiten más cosas;
a la mujer, la parte de abajo, se le permiten
muchas menos. Y luego, por otra parte, la
vida del hombre hasta ahora ha tenido mucha
más relación con la economía,
más independencia para funcionar
De todas formas, en el año 2002, en
la Universidad Complutense, se hizo un estudio
con una muestra muy amplia, con 4.000 alumnos,
y el 85% decía que el primer valor
en la relación afectiva con otra persona
era la fidelidad.
Quedan secuelas en la persona engañada,
sí, pero
¿también
en el que engaña?
Hay un coste psicológico del que ha
sido infiel, que es ver un poco las consecuencias
de destrozar a la otra persona. Hay un sufrimiento
personal en las personas que tienen una cierta
conciencia moral. Los que no tienen esa conciencia,
evidentemente, no sienten nada, les parece
que todo es normal, un carrusel de experiencias
sin un fondo ético.
¿Cómo evitar los deseos de
ser infiel?
No ponerse en situaciones de riesgo, evitar
momentos en los cuales uno puede fugarse de
esa fidelidad. Es difícil porque, a
veces, todo empieza siendo una experiencia
divertida, sugerente, refrescante
, un
burbujeo de champán
, y puede
acabar siendo algo trágico. Hay que
evitar eso, poner una cota, no entrar al trapo.
¿Cree que puede llegar a ser una
enfermedad?
Lo que pasa es que las personas que son infieles
de forma recurrente lo que traducen es lo
que está debajo, y debajo hay una inmadurez
afectiva: un señor de 50 años
puede tener una edad afectiva de un adolescente.
Esto no tiene una solución fácil,
porque a determinadas edades habría
que hacer un trasplante de cabeza para
solucionar tales problemas.
A. Ll. P.