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Balmes
contra Rousseau
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¿Con
qué derecho se
pregunta Balmes puede
prohibirse a un hombre que profese
una doctrina y que obre conforme
a ella, si él está
convencido de que aquella doctrina
es verdadera, y que cumple con
su obligación o ejerce
un derecho cuando obra conforme
a lo que la misma le prescribe?
En efecto, la prohibición
ha de llevar la sanción
de la pena, y cuando se aplique
a esa pena, se castigará
a un ser humano que en su conciencia
es inocente. La justicia supone
el culpable, y nadie es culpable
si primero no lo es en el tribunal
de su propia conciencia. Ante
este planteamiento, Balmes objeta
lo siguiente:
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Un
poco más de coherencia
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En
pocos días, y dentro
de una misma semana, el Partido
Socialista ha sido protagonista
de dos iniciativas muy distintas
y, en mi opinión, contrapuestas.
La primera de ellas se ha producido
aquí, en Navarra, en
donde han hecho comparecer a
la Consejera de Salud en el
Parlamento para, a través
de la Vicesecretaria General
del PSN-PSOE, interesarse por
el derecho de las mujeres a
poder abortar en nuestra tierra
y evitar así, según
decía la señora
Torres, que las navarras «sean
ciudadanas de segundo orden».
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Ver,
oír... y contarlo
Verdad y consenso
Por
José Francisco Serrano
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¡Qué
razón tiene el filósofo
Jaime Nuiola cuando, en su
artículo de La Gaceta
Fin de semana, 4 y 5 de diciembre,
titulado La verdad en el debate
público, afirma: «Como
ha sostenido la filósofa
canadiense Cheryl Misak,
la noción de verdad debe
volver al centro de la filosofía
moral y de la vida pública.
Si no hay verdad, no es posible
el debate, porque la discusión
deja de ser un proceso de búsqueda
y se transforma meramente en una
tramoya del poder. Si no hay verdad,
no tiene sentido tampoco el pluralismo
democrático, y la mejor actitud
sería entonces la de optar
por un silencio quietista. Defender
el pluralismo no implica una renuncia
a la verdad, o su subordinación
a un perspectivismo culturalista.
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