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El
pasado día 8 de diciembre, el Papa celebró
en Roma el 150 aniversario del dogma de la Inmaculada
Concepción. Los actos de conmemoración
tuvieron sabor español

Bendición de Su Santidad
el Papa Pío IX del monumento
a la Inmaculada Concepción desde la Embajada
de España, el 8 de diciembre de 1857
La celebración,
el pasado 8 de diciembre, de los 150 años
del dogma de la Inmaculada Concepción,
por parte de Juan Pablo II, tuvo un sabor muy
español. Varios de los actos que conmemoraron
la promulgación de la Bula Innefabilis
Deus, en 1854, por parte de Pío
IX quedaron como su misma historia
ligados a iniciativas de representantes de nuestro
país.
El momento más popular, como todos los
años, tuvo lugar en la tarde de ese día,
frente a la Embajada de España ante la
Santa Sede, en la céntrica Plaza de España,
cuando el Papa desafió la llovizna para
ofrecer un homenaje floral a la imagen de la Virgen.
El obispo de Roma pronunció, con voz cansada
pero decidida, la meditación que compuso
especialmente para la ocasión, en la que
pidió la ayuda de la Virgen para «construir
un mundo en el que la vida del hombre siempre
sea amada y defendida, toda forma de violencia
desterrada, y todos busquen tenazmente la paz».
Entre los diez mil peregrinos había muchos
españoles. El embajador de España
ante la Santa Sede, don Jorge Dezcallar, entregó
al Santo Padre una fotografía enmarcada
en plata en la que se inmortaliza el momento en
el que Pío IX, en 1857, bendecía
aquella misma estatua de María como memorial
de la proclamación del dogma.
Entre las personas que saludaron al Papa, además
de un grupo de personas en silla de ruedas, se
encontraban el cardenal Julián Herranz,
Presidente del Consejo Pontificio para los Textos
Legislativos; y el arzobispo Cipriano Calderón,
ex Vicepresidente de la Comisión Pontificia
para América Latina.
En la Eucaristía celebrada en la basílica
de San Pedro, el Pontífice puso la Iglesia
en manos de María: «Sé Tú
quien guíe a tus hijos en la peregrinación
de la fe, haciéndolos siempre más
obedientes y fieles a la Palabra de Dios imploró.
Sé Tú quien acompañe a cada
cristiano en el camino de la conversión
y de la santidad, en la lucha contra el pecado
y en la búsqueda de la verdadera belleza,
que es siempre huella y reflejo de la belleza
divina», concluyó.
El toque más español de las celebraciones
en el Vaticano lo dio quizá el concierto
que patrocinó la Embajada española,
el día anterior, en la Sala de las Audiencias
Pablo VI. Fue dirigido por el maestro español
monseñor Pablo Colino, y debía contar
con la participación de Monsterrat Caballé,
que, sin embargo, tuvo que ser sustituida, a última
hora, por la soprano italiana Lucia Aliberdi,
a causa de un «percance físico»,
según explicaron los organizadores. En
la velada musical participaron, además,
la Academia Filarmónica Romana, la Capilla
Julia, y la orquesta Amigos de la Armonía.
Dezcallar, declaró a Alfa y Omega
que, al patrocinar este concierto, se han querido
subrayar los lazos históricos que han ligado
a España, y en particular a su Embajada,
con la proclamación del dogma de la Inmaculada
Concepción. La noche del 7 de diciembre
ha servido, de este modo, para poner de relieve
«las antiguas y estrechas relaciones que
se han dado entre España y la Santa Sede
a través de la Historia», añadió
el representante español.
Jesús Colina. Roma
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