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La
ideología de la confusión
Ofrecemos
a nuestros lectores un extracto
de la interesante conferencia
que, con el título Ideología
de género: naturaleza
y consecuencias, pronunció
monseñor Juan Antonio
Reig, obispo de Segorbe-Castellón
y Presidente de la Subcomisión
episcopal para la Familia y
Defensa de la Vida, en el Congreso
Internacional de la Familia
organizado recientemente por
la Universidad Católica
San Antonio, de Murcia
Cada
vez está más difundido
el uso de la expresión
género, en vez
de la palabra sexo, con
la encubierta pretensión
de eliminar la idea de que los
seres humanos nos dividimos
en dos sexos. Existen se
afirma, al menos, cinco
géneros: heterosexual
masculino, heterosexual femenino,
homosexual, lesbiana, bisexual.
Desde la IV Conferencia Mundial
de la ONU sobre la Mujer, realizada
en septiembre de 1995 en Pekín,
esta perspectiva de género
ha venido extendiéndose
vertiginosamente. Esta peligrosa
ideología, surgida de
la llamada revolución
sexual, de finales de 1960,
está unida al feminismo
de género, o feminismo
radical. Nos encontramos ante
una nueva revolución
cultural: sea cual sea su sexo,
el ser humano podría
elegir su género: podría
decidirse por la heterosexualidad,
la homosexualidad, el lesbianismo.
Podría hasta decidir
ser transexual, cambiar de sexo.
Las feministas de género
denuncian la urgencia de deconstruir
los roles socialmente construidos
del hombre y de la mujer, porque
esta socialización dicen
afecta a la mujer negativa e
injustamente. Pretenden liberarse,
sobre todo, del matrimonio y
de la maternidad. Están,
por tanto, a favor del aborto
y de la promoción de
la homosexualidad, el lesbianismo
y todas las demás formas
de sexualidad fuera del matrimonio.
Se trata de una revolución
cuyo objetivo es alcanzar una
nueva cultura, un mundo
nuevo y arbitrario, verdaderamente
libre, que excluya el matrimonio,
la maternidad, la familia, y
acepte todo tipo posible e imaginable
de práctica sexual.
El feminismo de género
ha encontrado favorable acogida
en un buen número de
importantes instituciones internacionales,
entre las que se encuentran
algunos organismos de la Organización
de las Naciones Unidas. Además,
numerosas series televisivas
difunden
abiertamente esta ideología.
El término feministas
de género fue acuñado
por Christina Hoff Sommers,
en su libro Who Stole Feminism?
(¿Quién robó
el feminismo?), con el fin de
distinguir el feminismo de ideología
radical surgido hacia fines
de 1960, del anterior movimiento
feminista de paridad (que cree
en la igualdad legal y moral
de los sexos). Este feminismo
de género, que exige
el derecho a determinar la propia
identidad sexual, tuvo una fuerte
presencia en la Cumbre de Pekín.
Las artífices de la nueva
perspectiva de género
apuntaron la necesidad de deconstruir
los roles socialmente construidos,
que, según ellas, pueden
ser divididos en tres categorías:
masculinidad y feminidad;
relaciones familiares (padre,
madre, marido y mujer);
y ocupaciones o profesiones.
Estas feministas radicales abogaron,
también, por la promoción
de la libre elección
en asuntos de reproducción
y de estilo de vida. Con la
expresión libre elección
de reproducción,
se referían al aborto
libre; mientras que estilo
de vida apunta a promover
la homosexualidad, el lesbianismo
y toda otra forma de sexualidad
fuera del matrimonio.
Contra
la familia y la religión
Las feministas
de género consideran
la familia y el trabajo del
hogar como carga, que
afecta negativamente los
proyectos profesionales
de la mujer. Para evitarlo,
urge, especialmente, desconstruir
la educación. Así
lo expresó en su discurso
la Presidenta de Islandia, Vigdis
Finnbogadottir, en una conferencia
preparatoria a la Conferencia
de Pekín: «La educación
es una estrategia importante
para cambiar los prejuicios
sobre los roles del hombre y
la mujer en la sociedad, para
asegurar así que niñas
y niños hagan una selección
profesional informada, y no
en base a los tradicionales
prejuicios sobre el género».
Todos los demás defensores
de la perspectiva de género
sostienen, también,
que las niñas deben ser
orientadas hacia áreas
no tradicionales, y no se las
debe exponer a la imagen de
la mujer como esposa o madre,
ni se les debe involucrar en
actividades femeninas tradicionales.
En la misma línea, incluyen
la promoción de la libre
elección en asuntos
de reproducción y de
estilo de vida. En su agenda
figura como prioritario, no
sólo los derechos
reproductivos de la mujer lesbiana,
sino el derecho de las
parejas lesbianas a concebir
hijos a través de la
inseminación artificial,
y de adoptar legalmente a los
hijos de sus compañeras.
Este ataque declarado contra
la familia se extiende también
a la religión. Para el
feminismo de género
la religión es un invento
de hombres para oprimir a las
mujeres. Numerosas ONG acreditadas
ante la ONU se han empeñado
en criticar a quienes ellos
denominan fundamentalistas
(cristianos católicos,
evangélicos y ortodoxos,
judíos y musulmanes).
Pero es el cristianismo, sobre
todo el catolicismo (y más
concretamente el Vaticano),
a quien hay que atacar frontalmente.
Para ello, las feministas radicales
postulan la reimagen de Dios
como Sophia: Sabiduría
femenina. Estas teólogas
del feminismo de género
atacan directamente al cristianismo
como propulsor del abuso infantil,
y proponen descubrir y adorar
no a Dios, sino a la Diosa,
siendo ésta la mujer
misma.
La extensión de esta
ideología de género
ha producido multitud de dramas:
ruptura de matrimonios, violencia
doméstica, abusos y violencias
sexuales (intra y extra familiares),
pederastia, esterilizaciones
quirúrgicas masivas de
jóvenes, abortos, etc.
En España, cada cuatro
minutos se produce una ruptura
matrimonial; y cada siete, un
aborto. Asimismo, la presión
mediática de los colectivos
homosexuales ha llegado a provocar
una cultura gay, con
la injusta equiparación
de las parejas de hecho
con el matrimonio y la posibilidad
de adopción por parejas
de homosexuales.
Cuanto llevamos dicho se manifiesta,
desgraciadamente, en nuestro
contorno político-cultural.
El Gobierno español comparte
todas y cada una de las tesis
defendidas por la ideología
de género y las promueve.
La presión mediática
del colectivo homosexual es,
sobre todo en ciertos medios,
asfixiante. Se anuncia, para
el próximo curso escolar,
una nueva asignatura obligatoria
sobre educación sexual
basada en esta ideología
de género. El Gobierno
español pretende, además,
modificar la legislación
actual para sacar adelante leyes
contrarias al matrimonio y la
familia, con la injusta equiparación
de las uniones de homosexuales
con el matrimonio y la posibilidad
de adopción por parejas
de homosexuales, etc.
La
diferencia sexual
Comprender la verdad
y el significado de la sexualidad
humana, y el Evangelio del matrimonio
y la familia, sólo será
posible si partimos de una antropología
adecuada. Como la persona entera
es varón o mujer, la
masculinidad o feminidad se
extiende a todos los ámbitos
de su ser y se manifiesta en
todas sus dimensiones: fisiológicas,
psicológicas y espirituales.
Cada hombre viene al mundo como
ser sexuado (nace varón
o mujer). En efecto, masculinidad
y feminidad son los dos únicos
modos de vivir la existencia,
de ser persona humana. Sus diferencias
reclaman la unión y la
entrega del uno al otro para
poder cumplir su propia vocación
(el amor) mediante una vida
en común.
En contra de cuanto afirma la
ideología de género,
la sexualidad es una dimensión
esencial. La sexualidad define
el modo de ser, de manifestarse
y comunicarse; de sentir, expresar
y vivir el amor humano, y se
refleja necesariamente en la
relación social. Es,
además, un hecho biológico
que sólo la mujer puede
ser madre, y sólo el
varón puede ser padre.
La procreación se vincula
indisolublemente al amor (a
la comunión esponsal),
como labor conjunta de los dos
sexos.
Utilizar la palabra género
en nuestro lenguaje no es simplemente
un signo de moda. Detrás
de ese término se esconde
una ideología malévola
que busca abrirse paso en las
conciencias para instalarse
en nuestra cultura, cada vez
más andrógina
o unisex. Se trata, en definitiva,
de una revolución extrema:
lograr una cultura nueva, o
contracultura, que excluya el
matrimonio, la maternidad, la
familia, y acepte todo tipo
posible e imaginable de práctica
sexual. En España estamos
sufriendo, cada vez más,
las consecuencias de esta perversa
ideología. Se refleja
en el talante de nuestros gobernantes
y en las reformas legislativas
que pretenden aprobar en contra
del matrimonio, la familia,
la educación, la transmisión
de la vida, etc.
No obstante, la conducta humana
tiene su base en la naturaleza
y no puede desvincularse de
ella. Por ello, la pretendida
ruptura con la biología
(con la propia naturaleza) no
libera a la mujer ni al varón;
es más bien un camino
de perversión que conduce
a lo patológico.
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Esta
peligrosa ideología,
surgida de la llamada revolución
sexual, está unida
al feminismo de género,
o feminismo radical:
sea cual sea su sexo,
el ser humano podría
elegir
su género: heterosexualidad,
homosexualidad, lesbianismo,
hasta decidir cambiar de sexo |

Como
la persona entera es varón
o mujer,
la masculinidad o feminidad se
extiende a todos los ámbitos
de su ser y se manifiesta en todas
sus dimensiones:
fisiológicas, psicológicas
y espirituales
La
palabra género
esconde una ideología
malévola que busca
instalarse
en nuestra cultura,
cada vez más andrógina
o unisex. Se trata,
en definitiva, de lograr una
contracultura, que excluya
el matrimonio,
la maternidad, la familia.
En España estamos sufriendo,
cada vez más, las consecuencias
de esta perversa ideología |
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