Análisis del fundamentalismo laicista
Un lobo con disfraz
de cordero

La primera imagen que viene a la mente, cuando se pronuncia la palabra fundamentalismo, es la de un musulmán con un cargamento de bombas pegado al cuerpo y que hace estallar en cualquier lugar concurrido de Israel, o la de los terroristas suicidas que hicieron estallar los aviones de las Torres Gemelas. Solemos identificar a los fundamentalistas como los seguidores de una religión concreta –normalmente, el Islam–, pero no suele ser común que alguien descubra en el desarrollo normal de nuestra sociedad secularizada signos de este fenómeno, toda vez que la llamada tolerancia se ha instalado como valor supremo en el imaginario común.
En nuestro ámbito cotidiano, la concepción del mundo y del ser humano que defiende la Iglesia católica le ha hecho ser el blanco de acusaciones que la tildan de fundamentalista, en la línea de quienes consideran así a quien defiende con convicción determinados postulados religiosos.


Ante la tentación del nacionalismo
La nación no es un absoluto

Entrevista al profesor
don Alejandro Rodríguez de la Peña

«La verdad se propone,
no se impone»

El doctor Soler es profesor de Relaciones Iglesia-Estado en la Facultad de Derecho Canónico, de la Universidad de Navarra


Leyendo los documentos de Juan Pablo II sobre el nacionalismo, la conclusión general es la siguiente: hay una cierta prevención ante el nacionalismo, que siempre se menciona con una tonalidad negativa. Casi siempre la palabra nacionalismo aparece adjetivada.


El medievalista don Alejandro Rodríguez de la Peña, profesor de Historia Medieval y Vicedecano de la Facultad de Humanidades de la Universidad San Pablo-CEU, responde a nuestras preguntas acerca del fundamentalismo


¿Cuáles son las causas del fundamentalismo?
Principalmente, el anteponer una lectura ad litteram de los textos sagrados a una mirada trascendentalizada a las creencias desde el corazón y el alma.