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Declaraciones de responsables de diferentes movimientos eclesiales sobre la primera encíclica de Benedicto XVI, Dios es amor
Un mensaje esencial
| Julián Carrón, Presidente de Comunión y Liberación |
«En las primeras líneas de su encíclica, el Papa nos recuerda que no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida, y con ello, una orientación decisiva. El Papa subraya que Cristo aferra toda la naturaleza humana -alma y cuerpo- y la lleva a su plenitud; de este modo muestra la humanidad de la fe, que es lo que hace que sea razonable ser cristiano. El amor de Cristo se sigue haciendo visible también a través de los hombres en los que Él se refleja. En estos tiempos de confusión, damos gracias de corazón a Benedicto XVI porque recuerda a todo el mundo cuál es la naturaleza del cristianismo, y, a los cristianos, la necesidad continua de cambiar, para que la fe no se reduzca a una idea o a una ética». |
| Jesús María Delgado, Director de la Legión de Cristo en España |
«Nada podía ser más actual que esta encíclica. En un momento en el que los conflictos más lejanos (Iraq, Palestina, Irán...), por un lado, pero también los cercanos (aumento de número de abortos, violencia doméstica, enfrentamientos políticos...), toman medidas alarmantes, urge volver a lo más nuclear y central de la fe: Dios es amor. Un amor encarnado que se llama Jesucristo y que viene al hombre para salvarlo, para darle razones para la esperanza. Ese amor nos lanza a todos los cristianos al compromiso apostólico, puesto que la Iglesia es comunidad de amor. Éste es el mensaje de la encíclica, el mensaje perenne de la Iglesia, porque en ella hemos descubierto que Deus caritas est». |
| Eduardo Aguirre, movimiento apostólico de Schoenstatt |
«En nombre del movimiento apostólico de Schoenstatt en España, aprovecho la oportunidad para agradecer al Santo Padre la primera encíclica que ofrece a la Iglesia y al mundo, y que viene a renovarnos en lo esencial de nuestra fe cristiana. Con profundidad, claridad y mucha oportunidad, nos renueva en el mensaje central de Cristo, que debe animar constantemente nuestra vida cotidiana. En ella se deben unir, en total armonía, amor humano y amor de Dios; la realidad natural y la realidad de lo divino, como una sola realidad, verdadera e ineludible. Al insistir en lo esencial de nuestra fe cristiana, se nos recuerda que tener fe es más que sólo saber que Dios existe; tener fe significa una llamada a amar con todas las fuerzas de nuestro ser, basada en el acontecimiento del encuentro con Cristo, que nos ama primero, hasta el extremo de dar su vida por nosotros». |
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Chiara Lubich, fundadora
del movimiento Focolar |
«Dios es amor». ¡Cuánta gratitud hacia el Papa Benedicto XVI ya desde el título de su primera encíclica! Ha encendido en nosotros una esperanza de que el gran anuncio Dios es amor, de que la palabra amor devuelta a su esplendor original, se expanda hasta el infinito, como cuando se lanza una piedra en el agua y se forman círculos cada vez más amplios. El interés de los medios, ya antes de su presentación, y todavía más ahora, lo hace prever.
Dios es amor es, ciertamente, la Palabra que Jesús quiere decir hoy al mundo, en este nuevo milenio. Sí, el amor está inscrito en la naturaleza misma de la Iglesia, como lo escribe el Papa. A la herencia de su riquísima historia, en estas últimas décadas se han agregado nuevos carismas suscitados por el Espíritu. De boca en boca, valorado por el testimonio, el anuncio: ¡Dios es amor! Dios te ama así como eres, ha transformado la vida de millones de personas. |
Monseñor Javier Echevarría,
prelado del Opus Dei |
«Deus caritas est, dice el texto latino de San Juan que el Papa ha querido escoger como título de su primera encíclica. Dios es amor, se lee en casi todas las traducciones de esa frase. ¿La caridad y el amor se identifican? En parte sí y en parte no. El Catecismo de la Iglesia católica recuerda que la caridad es la virtud con la que amamos a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a nosotros mismos, por amor a Dios. Más adelante, afirma que «la caridad asegura y purifica nuestra capacidad humana de amar». Porque el hombre necesita amar y ser amado. El amor fiel, correspondido, delicado, es el anhelo más profundo del corazón. En Cristo descubrimos nuestra vocación y nuestra grandeza. Y parte esencial de ese descubrimiento es la caridad, el amor que Jesucristo ennoblece y purifica. El mundo del trabajo se ve enriquecido por la caridad. Ejercitar la propia profesión de acuerdo con el precepto evangélico significa realizarla por amor, con deseo de servir, poniendo el corazón, pensando en los demás. Santificar el trabajo equivale a convertirlo en expresión de amor a Dios y ocasión de entrega a los demás, impregnarlo de justicia y de caridad». |
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