Cinco películas importantes aspiran a conseguir el premio más deseado en el mundo del cine: la estatuilla del Oscar, que se traduce en dólares y puertas abiertas para
el ganador. Dos dramas homosexuales, un alegato antirracista, una denuncia
del terrorismo, y un argumento antimacarthista son los candidatos a tocar la gloria
del glamour, el próximo mes
Brokeback mountain, del famoso Ang Lee, arrasó en la 63 edición de los Globos de Oro, y ahora se presenta como la favorita para recibir el Premio de la Academia. El film, basado en un relato de la Premio Pulitzer Annie Proulx, trata de la historia de atracción sexual entre dos vaqueros que trabajan perdidos en los montes de Wyoming en los años sesenta. Ennis Del Mar y Jack Twist empiezan una relación de amistad que un día se convierte en encuentro sexual. Sin embargo, cada uno sigue su vida, se casan y fundan una familia sin renunciar a verse periódicamente para mantener relaciones. La película, protagonizada por Heath Ledger y Jake Gyllenhaal, se anuncia como el gran romance gay de la temporada, pero tiene mucho de gay y poco de romance. De gay tiene su carácter propagandístico, y de romance sólo el nombre, ya que sólo encontramos egoísmo e instintividad en los personajes. La obsesión de uno por el otro sólo es comparable a la falta de respeto que muestran por sus esposas, injustamente humilladas y menospreciadas. La película es aburrida, reiterativa, diseñada a base de paisajes bucólicos y música intimista. Pero no cuela, se le nota demasiado su afán didactista y su voluntad de encandilar a la opinión pública de cara a los Oscars.
Otra cosa es Munich, de Spielberg, una cinta muy polémica sobre el conflicto de Oriente Medio e inspirada en la novela Venganza, de George Jonas. El argumento parte del atentado palestino de las Olimpiadas de Munich, de 1972, donde fueron secuestrados y ejectuados once componentes del equipo israelí. A partir de ese momento, el film desarrolla la venganza que el Gobierno de Jerusalén, presidido por Golda Meir, organizó con un grupo de agentes secretos vinculados al Mossad. La orden era asesinar aparatosamente a once palestinos relevantes del aparato de Yasir Arafat. La película, criticada por judíos y palestinos, es dura con unos y con otros, y plantea no tanto la cuestión política como la moral. De hecho, el personaje protagonista, Avner, que interpreta Eric Bana, experimenta una evolución que va desde la indolencia de un obediente agente secreto, a la conciencia de un padre de familia que se cuestiona sobre el sentido humano y ético de su luctuoso encargo. Spielberg no renuncia a sus obsesiones personales, como la ausencia del padre, la búsqueda de la propia identidad y las difíciles relaciones entre la historia individual y la universal.
Más cercana al corazón y a la emoción es Crash, de Paul Haggis, guionista de Million dollar baby. Película coral y circular, al estilo de Magnolia o Vidas contadas, construye, a partir de la anécdota racista, una radiografía del hombre contemporáneo, de su soledad, de su necesidad de perdón, de su búsqueda de sentido y redención. Diversos personajes de Los Ángeles se entrecruzan y entrecruzan sus dramas, en un tempo cinematográfico excelente y con la sutura de una emocionante partitura. Delincuentes, el fiscal general, un cerrajero chicano, un tendero iraní, un policía prepotente... se enfrentan a una vida sin air-bag y piden a gritos un amor que les rescate.
George Clooney dirige, en blanco y negro, un film sobre las relaciones de los medios de comunicación con la caza de brujas del senador MacCarthy, Buenas noches y buena suerte. La película está muy bien rodada, muy bien interpretada y, aunque es interesante en su planteamiento, es muy pobre en tramas secundarias, escasa en diseño de personajes y algo elemental en sus cargas de profundidad. Pero es un trabajo respetable y digno de atención.
Juan Orellana