El cardenal arzobispo de Madrid, desde Munich
¿Por qué en el centro de Madrid no hay una columna a la Virgen?

El Papa Benedicto XVI concluye hoy su visita a Alemania. El cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid, ha acompañado al Santo Padre en este periplo. El pasado domingo, la cadena Cope entrevistó al cardenal Rouco, quien, desde Munich, nos traslada sus primeras impresiones del viaje papal:

Benedicto XVI ha viajado a su Alemania natal en viaje oficial, y usted le ha acompañado. Cuéntenos qué ha encontrado en Munich.
Estamos en la ciudad de Munich, en un terreno que fue, hasta hace no muchos años, el aeropuerto de la ciudad. La animación es muy grande, el tiempo es hermoso, luce el sol. Ayer, cuando sobrevolábamos Suiza y una parte de Austria, los Alpes se podían admirar como pocas veces ocurre en los viajes aéreos hacia esta ciudad alemana. Hoy, el cielo también está mostrando la mejor cara para este encuentro del Santo Padre con los católicos y con sus paisanos de Baviera y de Alemania. Ayer vivimos la recepción, que fue muy emotiva. El Papa estuvo realmente muy emocionado. El momento culminante de la recepción fue ese acto mariano de oración bellísima en la plaza de María, en la plaza de la columna de María, que es el corazón y el centro de la ciudad de Munich. El Papa había llegado allí de joven, como arzobispo, recién nombrado, para postrarse ante la Virgen antes de su entrada en la catedral de Munich. Allí, delante de ella, se había despedido cuando marchó a Roma, nombrado cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Y hoy, lo que ha querido hacer en su primer viaje a su tierra ha sido rendirle el homenaje de devoción y de amor a la Virgen en la plaza de la ciudad de Munich. Yo creo que es muy hermoso que una ciudad tenga como centro -físico, geográfico, histórico, cultural, artístico, vivo- una columna con María. A veces me da envidia cuando pienso en las ciudades españolas, en una ciudad como la de Madrid. ¿Por qué no podrían hacer una columna como la de María en la Puerta del Sol o en la plaza Mayor?

Usted, que es testigo de primera fila, ha pulsado el ambiente desde ayer mismo. ¿Cómo lo ha encontrado?
Reciben al Papa como un hijo de su tierra y a la vez como un hijo de Alemania y como al Papa, como al pastor de la Iglesia universal. Él lo ha subrayado mucho en sus palabras de respuesta a las del Presidente de la República Federal de Alemania, que fueron palabras en las que brilló el testimonio neto y claro de un cristiano, aunque sea un cristiano protestante. Y también lo subrayó de nuevo en sus palabras en la plaza central de Munich, ante el Presidente del land de Baviera, el señor Stoiber, que es católico, y que también tuvo palabras de un creyente y que las pronunció sin rodeo ninguno. En cualquier caso, emergía lo que podía llamarse la acogida del paisano en la tierra. Pero simultáneamente se notaba que a quien se acogía era al sucesor de Pedro, pastor de la Iglesia universal, que había nacido en esa tierra, que había sido educado espiritual, vocacional y teológicamente en ella. El Papa, en las palabras tan bellas que pronunció en la plaza de María, hizo alusión al oso de su escudo, y contó la historia de san Corbiniano, primer obispo de Munich, al que el oso quería impedir que fuese a Roma. A él no se lo impidió. Luego, cuando llegaron a Roma, Corbiniano le dijo al oso que se fuera, porque le ayudó después a trasladar los cachivaches en un peregrinaje duro y penoso hasta Roma en la segunda mitad del primer milenio del cristianismo, en la Edad Media que comenzaba a alumbrar. «Yo no le pude decir que se marchase, porque yo me quedé para servir a la Iglesia y para servir al Señor». Dentro del discurso ha sido una cosa muy bella.

Y en el acto de la tarde de ayer, según hemos visto en los medios de comunicación, se veía al Papa conmovido.
A eso me estoy refiriendo. Ahí es donde pronunció estas palabras de respuesta al Presidente de Baviera, y ante el señor cardenal arzobispo de Munich, que es su sucesor en la diócesis. Fueron palabras en tono conmovido y con enorme cariño. El acto fue un acto mariano, porque allí cantamos tres bellísimas canciones a la Virgen, muy populares, de Baviera. Él hizo una bellísima oración a la Virgen. Y luego al final se cantó el himno de Baviera, que es un himno muy piadoso porque dice: «Dios contigo, país de los bávaros». A mí eso también me da otro poco de envidia, que no tengamos en España un himno que conecte con la hondura de las raíces cristianas y católicas del alma de nuestro pueblo, que está profundamente unido a Jesucristo a lo largo de toda su historia y, por lo tanto, profundamente cristiano y católico. Y un pueblo profundamente mariano. Sólo hay que recordar cómo Juan Pablo II se refería a España cuando hablaba de ella. La llamaba Tierra de María. Baviera es también muy tierra de María. Las columnas de la Virgen se encuentran en muchos pueblos de Baviera. Si aquí el centro de la ciudad de Munich es la columna de la Virgen, en una España que es tierra de María, ¿no podríamos llegar a esa normalidad, a esa cordialidad en el trato diario con ella, también de una forma visible, patente, testimoniada? Si llegáramos, sería una gran alegría. En Madrid, con la Virgen de la Almudena tenemos que hacer eso, y mucho más.

Intervención del Papa ante la columna de María, en Munich