La
Comisión de Sanidad del Congreso de
los Diputados, con el apoyo del Partido Popular,
ha propuesto recientemente que se permita
el uso de la píldora abortiva RU-486
en España. La prensa no se ha hecho
prácticamente eco de esta iniciativa,
a pesar de que la reacción de la Iglesia,
en boca del obispo de Salamanca y responsable
de la subcomisión de Familia y pro-vida
de la Conferencia Episcopal, ha sido inmediata:
«Un ataque más contra la vida».
Precisamente este siglo XX, el siglo de la
democracia y de los Derechos Humanos, ha supuesto
la consagración legal de una de las
formas de sacrificio humano más perfectas
que existen, y por la que millones de seres
no llegan a ver la luz. Estamos hablando,
naturalmente, del aborto, definido por Juan
Pablo II como «crimen de la Humanidad»,
y sobre el que la madre Teresa de Calcuta
dijo que sería la causa de una tercera
guerra mundial. La cuestión no está
cerrada, ni mucho menos
La
entrada en el ámbito cultural contemporáneo
de cualquier innovación que manipula
o ataca el inicio y desarrollo de una nueva
vida humana sigue un proceso que atraviesa
las siguientes fases. La primera reacción
es un rechazo horrorizado, que deja paso a
un rechazo sin horror, y, a continuación,
lenta y gradualmente, se va haciendo objeto
de curiosidad, estudio y evaluación
y, por fin, va siendo –poco a poco,
pero sólidamente– aceptada. Este
itinerario fue descrito por dos especialistas
en fertilidad, Sophia Klñeegman y Sherwin
Kaufman, hace 30 años. Esta descripción
puede paragonarse a la falta de respuesta
social e institucional a la propuesta de legalizar
el uso de la píldora abortiva RU-486
en España. Véase el proceso:
En 1983, el entonces Gobierno español
promulgaba una de las leyes más controvertidas
de la democracia española: la Ley del
aborto. La protesta pública que levantó
fue de tal calibre que, a pesar de que el
partido en el poder en aquel entonces contaba
con mayoría absoluta, costó
más de dos años promulgar la
ley. El Consejo General de Colegios Médicos,
la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas,
la Real Academia de Doctores, el entonces
Grupo Popular, universitarios de Medicina
y Enfermería, el Movimiento Pro-Vida,
la Unión Ginecológica Española,
la Conferencia Episcopal como tal, y también
numerosos obispos, así como creyentes
a título personal y grupos católicos,
se manifestaron en contra del aborto, llegándose
a recoger, en menos de un año, unas
735.000 firmas. Ante un recurso de inconstitucionalidad,
interpuesto por el entonces miembro del Grupo
Popular José María Ruiz Gallardón,
el Tribunal Constitucional tardó casi
un año en promulgar su veredicto. El
mismo Juan Pablo II pidió respetuosamente
al Rey que no sancionase el texto con su firma.
La ley entró finalmente en vigor el
5 de julio de 1985.
La polémica ley despenalizaba el aborto
(es decir, eximía de las penas previstas
en el Código Penal para un delito catalogado
como crimen) en tres supuestos: en el caso
de que la vida de la madre corra peligro,
en el caso de violación y en el caso
de que el feto presentase graves taras físicas
o psíquicas. Para los defensores del
aborto, esta ley significaba el principio
de la libre interrupción del embarazo
(eufemismo incorrecto utilizado para quitar
hierro a la cuestión). No obstante,
la posibilidad de no ser castigado por abortar
no pasa de ser una excepción a una
ley general que lo castiga, como castiga el
infanticidio y el homicidio.
Aborto
«libre y seguro»
En
1986, el anterior Gobierno volvía a
la carga con un Real Decreto que proveía
a las mujeres de más cauces legales
para abortar: facilidad para el diagnóstico,
no exigencia de requisitos sanitarios serios,
y supresión de las comisiones médicas
que estudiaban cada caso. La organización
Acción Familiar consiguió, mediante
la interposición de un recurso, que
se suspendiese el decreto. Un decenio después,
el 7 de junio de 1995, el Consejo de Ministros
aprobaba un proyecto de ley que introducía
un cuatro supuesto: cuando, a juicio de la
mujer embarazada, la continuación del
embarazo le suponga un conflicto personal,
familiar o social de gravedad.
La ley pretendía eliminar, en algunos
casos, incluso la posibilidad de que el médico
se acogiese a la objeción de conciencia.
La reacción fue durísima por
parte de la Iglesia, pero el terreno social
ya estaba abonado; aunque la ley del cuarto
supuesto no llegó a aprobarse debido
al cambio de Gobierno, el actual partido en
el poder no se ha atrevido a dar marcha atrás
en la legislación sobre el aborto.
Un periódico daba a la píldora
RU-486 el sobrenombre de píldora de
la libertad, porque permite abortar sin el
trauma del quirófano. Se ha presentado
como una solución sencilla y práctica
para eliminar un problema: no plantea dilemas
de conciencia a los médicos, no hay
fetos descuartizados; de alguna forma, se
trata de un aborto sin publicidad. En cierto
sentido, las instituciones médicas
se lavan las manos, dejando la responsabilidad
de la decisión y la ejecución
a la propia mujer. Pero la píldora
no es inofensiva.
Don Julio Cruz y Hermida, profesor titular
de la Facultad de Medicina de la Universidad
Complutense y Jefe del servicio de Obstetricia
y Ginecología del Hospital Central
de la Cruz Roja, comenta al respecto, en una
entrevista concedida a Alfa y Omega: La píldora,
como todo tipo de aborto, tiene efectos secundarios
sobre la mujer. Al impedir la implantación
del óvulo ya fecundado, conlleva el
riesgo de hemorragias, de fuertes dolores
uterinos, e incluso de problemas cardiovasculares.
Además, es falso lo que dice mucha
gente para publicitar la píldora: que
combate el cáncer de útero y
de mama. La progesterona, efectivamente, protege
del cáncer; pero es que la sustancia
que hay en esta píldora es una anti-progesterona.
Es falso: la píldora RU-486 no tiene
fines terapéuticos.
De hecho, dada su poca seguridad y la gravedad
de sus efectos secundarios, la empresa alemana
Hoechst y su filial francesa Rousself-Uclaf,
fabricante de este fármaco, han cedido
sus derechos de fabricación y venta
a la organización Consejo de Población,
para no verse envueltas en una serie interminable
de demandas.
Un
problema antropológico
Cada
año mueren por aborto 50 millones de
personas en el mundo. Prácticamente,
las poblaciones de España y Portugal
juntas. Ésta es la macabra conclusión
de los informes presentados en las cumbres
sobre población y desarrollo de El
Cairo y Pekín. No se trata exclusivamente
de denunciar a los tratantes de tejido fetal,
a médicos asesinos o a madres sin conciencia:
el verdadero problema subyace a nivel antropológico,
y es de una profundidad tal que puede hacer
tambalear hasta sus cimientos los fundamentos
del Derecho, de la democracia, de la política
y de la vida en sociedad.
Se trata, en definitiva, de que cuando unas
personas, legalmente y por escrito en el Derecho
positivo, determinan arbitrariamente el plazo
(8 semanas, 3 meses –es lo de menos–)
para que el nuevo ser engendrado sea considerado
persona y, por tanto, tenga derecho a la vida,
se comete la monstruosidad de legislar contra
un derecho fundamental (la vida) que es anterior
a cualquier código legal (así
lo reconoce la Constitución). Es la
mayor y más grave intolerancia que
puede cometerse contra el hombre: negarle
el derecho a existir.
Las excusas pseudocientifistas no tienen fundamento:
la Medicina ya ha demostrado sobradamente
que hay vida desde el momento de la concepción.
Pero ya lo sancionaba el famoso Juramento
Hipocrático, que todo médico
debe hacer: Por Apolo, Médico y Esculapio,
juro... me abstendré igualmente de
administrar a las mujeres embarazadas pésaros
abortivos; y la Declaración de la Asociación
Médica Mundial de 1971: Mantendré
el mayor respeto por la vida humana desde
el momento de la concepción.
Inma
Álvarez
Historia
de una vida humana
Día
1: Inmediatamente después de la fecundación
comienza el desarrollo celular. Incluso antes
de la implantación, el sexo de la nueva
criatura ya puede determinarse. El juego cromosómico
está completo.
Día 4: Las células comienzan
a diferenciarse.
Día 8: Implantación en el útero.
La nueva vida ya está compuesta por
cientos de células y ha desarrollado
una hormona protectora que evita el rechazo
por parte de la madre.
Día 17: El hígado comienza ha
desarrollar sus propias células sanguíneas.
Día 18: Se aprecian las contracciones
del músculo del corazón.
Día 20: Aparece la base completa del
sistema nervioso.
Día 28: Han comenzado a formarse los
ojos, la médula espinal, el sistema
nervioso, los pulmones, el estómago
y los intestinos.
Día 30: La sangre fluye con regularidad.
Empieza a verse el desarrollo de la oreja
y la nariz.
Día 35: En los ojos se distingue ya
la retina, el cristalino y los párpados.
Las orejas y la nariz empiezan a tomar forma.
Día 40: Ya se puede hacer un electrocardiograma.
Día 42: El esqueleto está completo
y aparecen los reflejos. Los órganos
genitales están diferenciados. Empiezan
a distinguirse los dedos de pies y manos.
Día 43: El cerebro ya da señales
de actividad eléctrica. Se puede hacer
un encefalograma.
Día 49: Los labios se entreabren, hace
pequeñas muecas y, de vez en cuando,
saca la lengua; si le hicieran cosquillas,
las sentiría. El cerebro está
completo. Las huellas digitales de los pies
ya están fijadas.
Día 56: El niño puede formar
un puño, tener hipo, chuparse el pulgar,
dormir y despertarse. Funcionan todos los
sistemas del cuerpo.
Día 60: El cuerpo está completo.
A partir de ahora, hasta los 23 años,
el niño no hace sino crecer y perfeccionarse.
Desde la 9ª semana siente dolor, puede
agarrarse un cabello, recuerda los ruidos
y mueve los brazos y las piernas.
Desde la 11ª y 12ª semana respira
a través del líquido amniótico,
se da cuenta de los sentimientos de su madre,
duerme y se despierta cuando ella lo hace.
Desde la 18ª semana ya funcionan las
cuerdas vocales, puede llorar. Da patadas
y gira sobre sí mismo.
Fuente:
Vida y muerte en el seno de una madre. Asociación
Pro-Vida
Matanza
de inocentes
Junto
con las innumerables víctimas del aborto,
en este día de los Santos Inocentes
de 1997 hay que recordar a tantos millones
de niños que mueren de hambre, que
son víctimas de malos tratos, de explotación
y vejación sexual, que sufren los horrores
de la guerra o que son abandonados por sus
padres.
El diario francés Le Figaro publicaba,
el pasado 17 de diciembre, en la sección
La vie scientifique, un resumen del informe
anual de Unicef: Siete millones de niños
menores de 5 años murieron a consecuencia
de la malnutrición en 1995.
Si bien las cifras del hambre se reducen en
Sudamérica, aún se mantienen
en Asia y África. La ONU calcula que
unos 200 millones de niños menores
de 5 años padecen graves carencias
proteino-energéticas, en una edad en
que su cuerpo está en pleno crecimiento.
Hasta 1990, 40 millones de niños nacían
cada año con riesgo de retraso mental
por la falta de yodo en la alimentación
de sus madres, aunque esta cifra ha disminuído
desde entonces.
Por otro lado, el National Institute for Occupational
Safety and Health, de los Estados Unidos,
denunciaba recientemente que, sólo
en ese país, muere un niño cada
5 días en accidentes laborales, en
la mayoría de los casos realizando
trabajos para los que la ley federal no permite
contratar a menores. A nivel mundial, las
cifras son dramáticas: según
la Organización Mundial del Trabajo
(OIT), son casi 300 millones de niños
entre 5 y 14 años los que trabajan,
la mitad de ellos a jornada completa. En Asia,
las cifras con enormes, debido al bajo coste
de la mano de obra infantil.
Por si esto fuese poco, las noticias sobre
prostitución infantil y violaciones
a menores son, por desgracia, de lo más
corriente. El periódico italiano Il
Corriere della Sera publicaba recientemente
el caso de una niña que se había
quedado ciega debido al shock traumático
que le produjo ser violada por su propio padre.
En el Mensaje para la Jornada Mundial por
la Paz del próximo 1 de enero, el Papa
Juan Pablo II clama contra la violencia de
la prostitución forzada, de la pornografía
infantil y de la explotación laboral
de los menores en condiciones de auténtica
esclavitud.
Opiniones
autorizadas
Profesor
Jerôme Lejeune, catedrático de
Genética de la Sorbona (París):
«Desde el momento mismo de la fecundación,
desde el instante en que a la célula
femenina le llega toda la información
que se contiene en el espermatozoide, existe
un ser humano».
Consejo
de Europa, Resolución n. 4376, Asamblea
del 4-X-82: «La ciencia y el sentido
común prueban que la vida humana comienza
en el acto de la concepción y que,
en este mismo momento, están presentes
en potencia todas las propiedades biológicas
y genéticas del ser humano».
Doctor
Bernard Nathanson, antiguo abortista y actualmente
médico pro-vida: «Con la ciencia
en la mano, en la actualidad, no hay ninguna
duda: cuando se permite el aborto se permite
un acto de violencia mortal, un acto deliberado
de destrucción y, por lo tanto, un
crimen».
Doctor
Lyley, conocido como el «padre de la
Fetología»: «El embrión
domina su medio ambiente y su destino. Se
implanta con tal fuerza fisiológica
que suspende la menstruación de su
madre. Tam-
bién resuelve, por sí solo,
el problema del trasplante; una admirable
proeza: convive dentro de su madre, aunque
sean inmunológicamente incompatibles.
Ninguno de los dos recibe del otro ni tejidos
ni sangre; sin embargo, se toleran mutuamente
en un ambiente de parabiosis. Finalmente,
determina su nacimiento; pues, sin duda, el
comienzo del parto lo decide el feto unilateralmente».
Juan
Pablo II, en la encíclica Evangelium
vitae: «Aunque la presencia de un alma
espiritual no puede deducirse de la observancia
de ningún dato experimental, las mismas
condiciones de la ciencia sobre el embrión
humano ofrecen una indicación preciosa
para discernir racionalmente una presencia
personal desde este primer surgir de la vida
humana: ¿Cómo un individuo humano
podría no ser persona humana?»
Catecismo
de la Iglesia Católica, nn. 2270 y
2272: «La vida humana debe ser respetada
y protegida de manera absoluta desde el momento
de su concepción. Desde el primer momento
de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos
sus derechos de persona, entre ellos, el derecho
inviolable de todo ser inocente a la vida.
La cooperación formal a un aborto constituye
una falta grave, que la Iglesia sanciona con
pena canónica de excomunión»
RU-486,
la píldora asesina
La
píldora RU-486 (o Mitepristone) es
una hormona esteroide similar en estructura
a la hormona progesterona. Inventada en 1980
por el doctor Etienne-Emile Bauileu para la
compañía Roussel-Uclaf, es parte
de una nueva generación de drogas abortivas
llamadas antiprogestinas. El cuerpo de la
mujer produce una hormona natural esencial
para que se produzca y desarrolle el embarazo:
la progesterona; la RU-486 es un antagonista
de esta hormona. Sólamente funciona
en las primeras 9 semanas de embarazo, ya
que, a partir de este momento, la mujer produce
tanta progesterona que la píldora deja
de afectarle. Debido a su alto nivel de fallos,
los investigadores de Roussel comenzaron a
combinarla con prostaglandinas (que producen
contracciones uterinas). Los efectos secundarios
incluyen: hemorragia de tipo menstrual, dolores
y calambres similares a los de un aborto quirúrgico,
náuseas, vómitos y diarreas.
En muchos casos no se produce la expulsión
del feto y hay que extraerlo quirúrgicamente.
No es un anticonceptivo, sino un abortivo
fulminante, que supone en Francia, por ejemplo,
el 30% de los abortos. Está legalizado
su uso en Francia, Gran Bretaña, Suecia
y China, país este último que
la utiliza en cantidades industriales. Sólamente
en Europa ha producido 200.000 abortos en
los últimos 15 años. Las grandes
firmas farmacéuticas y la Organización
Mundial de la Salud se han negado a comercializarla.
I.
A. /Provida/Aceprensa