Mañana, 28 de diciembre, Día de los santos inocentes
Niños perdidos
en el país de Nunca Jamás

La Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados, con el apoyo del Partido Popular, ha propuesto recientemente que se permita el uso de la píldora abortiva RU-486 en España. La prensa no se ha hecho prácticamente eco de esta iniciativa, a pesar de que la reacción de la Iglesia, en boca del obispo de Salamanca y responsable de la subcomisión de Familia y pro-vida de la Conferencia Episcopal, ha sido inmediata: «Un ataque más contra la vida». Precisamente este siglo XX, el siglo de la democracia y de los Derechos Humanos, ha supuesto la consagración legal de una de las formas de sacrificio humano más perfectas que existen, y por la que millones de seres no llegan a ver la luz. Estamos hablando, naturalmente, del aborto, definido por Juan Pablo II como «crimen de la Humanidad», y sobre el que la madre Teresa de Calcuta dijo que sería la causa de una tercera guerra mundial. La cuestión no está cerrada, ni mucho menos

La entrada en el ámbito cultural contemporáneo de cualquier innovación que manipula o ataca el inicio y desarrollo de una nueva vida humana sigue un proceso que atraviesa las siguientes fases. La primera reacción es un rechazo horrorizado, que deja paso a un rechazo sin horror, y, a continuación, lenta y gradualmente, se va haciendo objeto de curiosidad, estudio y evaluación y, por fin, va siendo –poco a poco, pero sólidamente– aceptada. Este itinerario fue descrito por dos especialistas en fertilidad, Sophia Klñeegman y Sherwin Kaufman, hace 30 años. Esta descripción puede paragonarse a la falta de respuesta social e institucional a la propuesta de legalizar el uso de la píldora abortiva RU-486 en España. Véase el proceso:
En 1983, el entonces Gobierno español promulgaba una de las leyes más controvertidas de la democracia española: la Ley del aborto. La protesta pública que levantó fue de tal calibre que, a pesar de que el partido en el poder en aquel entonces contaba con mayoría absoluta, costó más de dos años promulgar la ley. El Consejo General de Colegios Médicos, la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, la Real Academia de Doctores, el entonces Grupo Popular, universitarios de Medicina y Enfermería, el Movimiento Pro-Vida, la Unión Ginecológica Española, la Conferencia Episcopal como tal, y también numerosos obispos, así como creyentes a título personal y grupos católicos, se manifestaron en contra del aborto, llegándose a recoger, en menos de un año, unas 735.000 firmas. Ante un recurso de inconstitucionalidad, interpuesto por el entonces miembro del Grupo Popular José María Ruiz Gallardón, el Tribunal Constitucional tardó casi un año en promulgar su veredicto. El mismo Juan Pablo II pidió respetuosamente al Rey que no sancionase el texto con su firma. La ley entró finalmente en vigor el 5 de julio de 1985.
La polémica ley despenalizaba el aborto (es decir, eximía de las penas previstas en el Código Penal para un delito catalogado como crimen) en tres supuestos: en el caso de que la vida de la madre corra peligro, en el caso de violación y en el caso de que el feto presentase graves taras físicas o psíquicas. Para los defensores del aborto, esta ley significaba el principio de la libre interrupción del embarazo (eufemismo incorrecto utilizado para quitar hierro a la cuestión). No obstante, la posibilidad de no ser castigado por abortar no pasa de ser una excepción a una ley general que lo castiga, como castiga el infanticidio y el homicidio.

Aborto «libre y seguro»

En 1986, el anterior Gobierno volvía a la carga con un Real Decreto que proveía a las mujeres de más cauces legales para abortar: facilidad para el diagnóstico, no exigencia de requisitos sanitarios serios, y supresión de las comisiones médicas que estudiaban cada caso. La organización Acción Familiar consiguió, mediante la interposición de un recurso, que se suspendiese el decreto. Un decenio después, el 7 de junio de 1995, el Consejo de Ministros aprobaba un proyecto de ley que introducía un cuatro supuesto: cuando, a juicio de la mujer embarazada, la continuación del embarazo le suponga un conflicto personal, familiar o social de gravedad.
La ley pretendía eliminar, en algunos casos, incluso la posibilidad de que el médico se acogiese a la objeción de conciencia. La reacción fue durísima por parte de la Iglesia, pero el terreno social ya estaba abonado; aunque la ley del cuarto supuesto no llegó a aprobarse debido al cambio de Gobierno, el actual partido en el poder no se ha atrevido a dar marcha atrás en la legislación sobre el aborto.
Un periódico daba a la píldora RU-486 el sobrenombre de píldora de la libertad, porque permite abortar sin el trauma del quirófano. Se ha presentado como una solución sencilla y práctica para eliminar un problema: no plantea dilemas de conciencia a los médicos, no hay fetos descuartizados; de alguna forma, se trata de un aborto sin publicidad. En cierto sentido, las instituciones médicas se lavan las manos, dejando la responsabilidad de la decisión y la ejecución a la propia mujer. Pero la píldora no es inofensiva.
Don Julio Cruz y Hermida, profesor titular de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense y Jefe del servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Central de la Cruz Roja, comenta al respecto, en una entrevista concedida a Alfa y Omega: La píldora, como todo tipo de aborto, tiene efectos secundarios sobre la mujer. Al impedir la implantación del óvulo ya fecundado, conlleva el riesgo de hemorragias, de fuertes dolores uterinos, e incluso de problemas cardiovasculares. Además, es falso lo que dice mucha gente para publicitar la píldora: que combate el cáncer de útero y de mama. La progesterona, efectivamente, protege del cáncer; pero es que la sustancia que hay en esta píldora es una anti-progesterona. Es falso: la píldora RU-486 no tiene fines terapéuticos.
De hecho, dada su poca seguridad y la gravedad de sus efectos secundarios, la empresa alemana Hoechst y su filial francesa Rousself-Uclaf, fabricante de este fármaco, han cedido sus derechos de fabricación y venta a la organización Consejo de Población, para no verse envueltas en una serie interminable de demandas.

Un problema antropológico

Cada año mueren por aborto 50 millones de personas en el mundo. Prácticamente, las poblaciones de España y Portugal juntas. Ésta es la macabra conclusión de los informes presentados en las cumbres sobre población y desarrollo de El Cairo y Pekín. No se trata exclusivamente de denunciar a los tratantes de tejido fetal, a médicos asesinos o a madres sin conciencia: el verdadero problema subyace a nivel antropológico, y es de una profundidad tal que puede hacer tambalear hasta sus cimientos los fundamentos del Derecho, de la democracia, de la política y de la vida en sociedad.
Se trata, en definitiva, de que cuando unas personas, legalmente y por escrito en el Derecho positivo, determinan arbitrariamente el plazo (8 semanas, 3 meses –es lo de menos–) para que el nuevo ser engendrado sea considerado persona y, por tanto, tenga derecho a la vida, se comete la monstruosidad de legislar contra un derecho fundamental (la vida) que es anterior a cualquier código legal (así lo reconoce la Constitución). Es la mayor y más grave intolerancia que puede cometerse contra el hombre: negarle el derecho a existir.
Las excusas pseudocientifistas no tienen fundamento: la Medicina ya ha demostrado sobradamente que hay vida desde el momento de la concepción. Pero ya lo sancionaba el famoso Juramento Hipocrático, que todo médico debe hacer: Por Apolo, Médico y Esculapio, juro... me abstendré igualmente de administrar a las mujeres embarazadas pésaros abortivos; y la Declaración de la Asociación Médica Mundial de 1971: Mantendré el mayor respeto por la vida humana desde el momento de la concepción.

Inma Álvarez

Historia de una vida humana

Día 1: Inmediatamente después de la fecundación comienza el desarrollo celular. Incluso antes de la implantación, el sexo de la nueva criatura ya puede determinarse. El juego cromosómico está completo.
Día 4: Las células comienzan a diferenciarse.
Día 8: Implantación en el útero. La nueva vida ya está compuesta por cientos de células y ha desarrollado una hormona protectora que evita el rechazo por parte de la madre.
Día 17: El hígado comienza ha desarrollar sus propias células sanguíneas.
Día 18: Se aprecian las contracciones del músculo del corazón.
Día 20: Aparece la base completa del sistema nervioso.
Día 28: Han comenzado a formarse los ojos, la médula espinal, el sistema nervioso, los pulmones, el estómago y los intestinos.
Día 30: La sangre fluye con regularidad. Empieza a verse el desarrollo de la oreja y la nariz.
Día 35: En los ojos se distingue ya la retina, el cristalino y los párpados. Las orejas y la nariz empiezan a tomar forma.
Día 40: Ya se puede hacer un electrocardiograma.
Día 42: El esqueleto está completo y aparecen los reflejos. Los órganos genitales están diferenciados. Empiezan a distinguirse los dedos de pies y manos.
Día 43: El cerebro ya da señales de actividad eléctrica. Se puede hacer un encefalograma.
Día 49: Los labios se entreabren, hace pequeñas muecas y, de vez en cuando, saca la lengua; si le hicieran cosquillas, las sentiría. El cerebro está completo. Las huellas digitales de los pies ya están fijadas.
Día 56: El niño puede formar un puño, tener hipo, chuparse el pulgar, dormir y despertarse. Funcionan todos los sistemas del cuerpo.
Día 60: El cuerpo está completo. A partir de ahora, hasta los 23 años, el niño no hace sino crecer y perfeccionarse.
Desde la 9ª semana siente dolor, puede agarrarse un cabello, recuerda los ruidos y mueve los brazos y las piernas.
Desde la 11ª y 12ª semana respira a través del líquido amniótico, se da cuenta de los sentimientos de su madre, duerme y se despierta cuando ella lo hace.
Desde la 18ª semana ya funcionan las cuerdas vocales, puede llorar. Da patadas y gira sobre sí mismo.

Fuente: Vida y muerte en el seno de una madre. Asociación Pro-Vida

 

Matanza de inocentes

Junto con las innumerables víctimas del aborto, en este día de los Santos Inocentes de 1997 hay que recordar a tantos millones de niños que mueren de hambre, que son víctimas de malos tratos, de explotación y vejación sexual, que sufren los horrores de la guerra o que son abandonados por sus padres.
El diario francés Le Figaro publicaba, el pasado 17 de diciembre, en la sección La vie scientifique, un resumen del informe anual de Unicef: Siete millones de niños menores de 5 años murieron a consecuencia de la malnutrición en 1995.
Si bien las cifras del hambre se reducen en Sudamérica, aún se mantienen en Asia y África. La ONU calcula que unos 200 millones de niños menores de 5 años padecen graves carencias proteino-energéticas, en una edad en que su cuerpo está en pleno crecimiento. Hasta 1990, 40 millones de niños nacían cada año con riesgo de retraso mental por la falta de yodo en la alimentación de sus madres, aunque esta cifra ha disminuído desde entonces.
Por otro lado, el National Institute for Occupational Safety and Health, de los Estados Unidos, denunciaba recientemente que, sólo en ese país, muere un niño cada 5 días en accidentes laborales, en la mayoría de los casos realizando trabajos para los que la ley federal no permite contratar a menores. A nivel mundial, las cifras son dramáticas: según la Organización Mundial del Trabajo (OIT), son casi 300 millones de niños entre 5 y 14 años los que trabajan, la mitad de ellos a jornada completa. En Asia, las cifras con enormes, debido al bajo coste de la mano de obra infantil.
Por si esto fuese poco, las noticias sobre prostitución infantil y violaciones a menores son, por desgracia, de lo más corriente. El periódico italiano Il Corriere della Sera publicaba recientemente el caso de una niña que se había quedado ciega debido al shock traumático que le produjo ser violada por su propio padre.
En el Mensaje para la Jornada Mundial por la Paz del próximo 1 de enero, el Papa Juan Pablo II clama contra la violencia de la prostitución forzada, de la pornografía infantil y de la explotación laboral de los menores en condiciones de auténtica esclavitud.

Opiniones autorizadas

Profesor Jerôme Lejeune, catedrático de Genética de la Sorbona (París): «Desde el momento mismo de la fecundación, desde el instante en que a la célula femenina le llega toda la información que se contiene en el espermatozoide, existe un ser humano».

Consejo de Europa, Resolución n. 4376, Asamblea del 4-X-82: «La ciencia y el sentido común prueban que la vida humana comienza en el acto de la concepción y que, en este mismo momento, están presentes en potencia todas las propiedades biológicas y genéticas del ser humano».

Doctor Bernard Nathanson, antiguo abortista y actualmente médico pro-vida: «Con la ciencia en la mano, en la actualidad, no hay ninguna duda: cuando se permite el aborto se permite un acto de violencia mortal, un acto deliberado de destrucción y, por lo tanto, un crimen».

Doctor Lyley, conocido como el «padre de la Fetología»: «El embrión domina su medio ambiente y su destino. Se implanta con tal fuerza fisiológica que suspende la menstruación de su madre. Tam-
bién resuelve, por sí solo, el problema del trasplante; una admirable proeza: convive dentro de su madre, aunque sean inmunológicamente incompatibles. Ninguno de los dos recibe del otro ni tejidos ni sangre; sin embargo, se toleran mutuamente en un ambiente de parabiosis. Finalmente, determina su nacimiento; pues, sin duda, el comienzo del parto lo decide el feto unilateralmente».

Juan Pablo II, en la encíclica Evangelium vitae: «Aunque la presencia de un alma espiritual no puede deducirse de la observancia de ningún dato experimental, las mismas condiciones de la ciencia sobre el embrión humano ofrecen una indicación preciosa para discernir racionalmente una presencia personal desde este primer surgir de la vida humana: ¿Cómo un individuo humano podría no ser persona humana?»

Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2270 y 2272: «La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de su concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre ellos, el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida. La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave, que la Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión»

 

RU-486, la píldora asesina

La píldora RU-486 (o Mitepristone) es una hormona esteroide similar en estructura a la hormona progesterona. Inventada en 1980 por el doctor Etienne-Emile Bauileu para la compañía Roussel-Uclaf, es parte de una nueva generación de drogas abortivas llamadas antiprogestinas. El cuerpo de la mujer produce una hormona natural esencial para que se produzca y desarrolle el embarazo: la progesterona; la RU-486 es un antagonista de esta hormona. Sólamente funciona en las primeras 9 semanas de embarazo, ya que, a partir de este momento, la mujer produce tanta progesterona que la píldora deja de afectarle. Debido a su alto nivel de fallos, los investigadores de Roussel comenzaron a combinarla con prostaglandinas (que producen contracciones uterinas). Los efectos secundarios incluyen: hemorragia de tipo menstrual, dolores y calambres similares a los de un aborto quirúrgico, náuseas, vómitos y diarreas. En muchos casos no se produce la expulsión del feto y hay que extraerlo quirúrgicamente.
No es un anticonceptivo, sino un abortivo fulminante, que supone en Francia, por ejemplo, el 30% de los abortos. Está legalizado su uso en Francia, Gran Bretaña, Suecia y China, país este último que la utiliza en cantidades industriales. Sólamente en Europa ha producido 200.000 abortos en los últimos 15 años. Las grandes firmas farmacéuticas y la Organización Mundial de la Salud se han negado a comercializarla.

I. A. /Provida/Aceprensa



 

El momento de la fecundación: el espermatozoide entra en el óvulo