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Esta semana, en Alfa y Omega
Próximo libro sobre los obispos españoles mártires
Entre los miles mártires de la persecución religiosa del siglo XX en España, hay 12 obispos y un sacerdote Administrador apostólico. Con motivo del 75 aniversario de su martirio, celebrado el año pasado, la editorial de la Conferencia Episcopal está a punto de publicar un libro en el que se recogen por primera vez juntas sus imágenes y sus biografías
Noticia digital (08-II-2012)

La noticia sobre la publicación del libro sobre los obispos españoles mártires de la persecución religiosa del siglo XX la ha dado el obispo auxiliar de Madrid y Secretario General de la Conferencia Episcopal, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, quien en una entrevista a Alfa y Omega, señala que «la sangrienta persecución de los años treinta del siglo pasado en nuestra nación tuvo como objetivo la aniquilación de la Iglesia».
Asimismo, explica que «lo que sucedió en España en los años treinta no puede entenderse más que formando parte de la gran persecución desatada en el siglo XX contra el cristianismo por ideologías ateas de cuño marxista, y luego también nacionalsocialista». Sin embargo, «ellos murieron perdonando. De ese modo, muestran la belleza de la fe católica y la falsedad de las ideologías ateas».
También en la actualidad, según monseñor Martínez Camino, «los cristianos son perseguidos en muchos lugares de modo violento. Pero debemos estar preparados para todo: No es el siervo mayor que su Señor».
Asimismo, monseñor Martínez Camino se refiere a algunas cuestiones de actualidad, y advierte de que, en España, «hay leyes que no protegen de modo adecuado derechos fundamentales como son el derecho a la vida, los derechos del matrimonio y de la familia, o el derecho de los padres como primeros educadores de sus hijos». Por eso, «los pastores tenemos la obligación de ayudar al discernimiento de las situaciones injustas por medio del magisterio»; y los fieles laicos, «según su capacidad y su vocación profesional concreta, han de utilizar todos los medios legítimos para que se legisle de modo justo». De este modo, «en la parroquia, en la familia, en la escuela católica, etc., se juega el futuro de una sociedad que se dote de leyes justas. Dios concede a algunos el martirio de sangre, pero nos pide a todos el martirio de la vida. Tanto aquél como éste son expresiones de la alegría de la fe», asegura.