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Muestrario de cristianos
El agujereado
Ya se sabe que la vida da muchas cornadas a creyentes e incrédulos; que a medida que se crece en años aumenta también el censo de cicatrices y costurones que llevamos en la piel del alma. A veces una persona mayor se parece a un colador por el número de agujeros que lleva encima.
Es un poco el caso del cristiano agujereado. Él nota que insensiblemente va perdiendo sustancia espiritual, como los coches desvencijados pierden combustible. Se va quedando vacío, como desinflado. Las cosas de la fe cada vez le dicen menos. Cada vez le resultan más lejanas, más sin razón. Y lo lamenta el agujereado. La fe contó mucho en su vida. Le proporcionó no sólo consuelo sino, sobre todo, sentido. ¿Por qué ahora se ha quedado vacío? ¿Por qué se le ha ido el agua de entre las manos? Eso es lo que quisiera saber. Daría una fortuna por que se lo explicaran. Aunque fuera con dureza.
Son muchos los factores y los agentes que pueden agujerear el alma del cristiano. El egoísmo, la frialdad, la alta temperatura de los vicios, el abandono de la práctica regular. Y así sucesivamente. El agujereado, que ve cómo ha ido quedándose sin nada dentro, es una versión más de la sal; que si no se tiene cuidado puede volverse insípida. Ya lo advirtió el Maestro (Lc 14, 34).
Joaquín L. Ortega