Alfa y Omega > Nº 159 > Desde la fe
La Santa Sede busca la paz mediante contactos diplomáticos
Guerra en Yugoslavia: «Una derrota de la Humanidad»
La Santa Sede está manteniendo en estos días contactos diplomáticos, a diferentes niveles, para alcanzar una solución a la crisis que angustia a los Balcanes. Según el embajador de Juan Pablo II en Belgrado, la diplomacia vaticana «está haciendo todo lo posible para reanudar el diálogo, pues las acciones de fuerza tienen que terminar». El mismo Nuncio constata que «esta cercanía de la Santa Sede a los yugoslavos es considerada como un acto amigableno sólo por parte de las autoridades, sino también por el pueblo que sufre»


Disparo de un misil desde alta mar
Desde que, en la noche del 24 de marzo, comenzaran a llover sobre los cielos de Yugoslavia las bombas de la OTAN, el Santo Padre y la Santa Sede han manifestado su profunda desaprobación a la intervención militar. En aquellos momentos, Joaquín Navarro-Valls, Director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, recalcaba la voz del Papa: El recurso a la fuerza constituye siempre una derrota de la Humanidad.
El mismo Navarro-Valls revelaba que, ante las noticias de intervención armada, la Santa Sede no puede dejar de pensar en las eventuales víctimas y en los sentimientos de odio que surgirán necesariamente.
Para explicar el carácter dramático de estos acontecimientos, citó las palabras de Pío XII del 24 de agosto de 1939, pocos días antes de que la Alemania de Hitler atacara Polonia: Nada se pierde con la paz. Todo se puede perder con la guerra.
Según ha revelado el Nuncio Apostólico en Belgrado, monseñor Santos Abril y Castelló, la Santa Sede está manteniendo estos días contactos diplomáticos para lograr una solución pacífica a la crisis.
En los últimos días, el Vaticano ha presionado a Rusia y a la Unión Europea para que asuman, de manera más directa, sus responsablidades y abran de nuevo las negociaciones. El Santo Padre sigue con profunda preocupación los sufrimientos de las poblaciones golpeadas por la dolorosa situación que se ha creado en Serbia y Kosovo. Se trata de una solidaridad que se extiende a todos: albaneses y serbios, musulmanes y cristianos, ortodoxos y católicos; porque son hijos del Padre que está en el Cielo.
La Santa Sede sigue en contacto con las partes en causa, invitándoles a reanudar el diálogo cuanto antes y a encontrar situaciones honorables para todos. La Santa Sede ha lanzado esta invitación a las autoridades de Belgrado, para que busquen la colaboración de los demás países europeos. La pertenencia común a la cultura de Europa podrá ofrecer una base de diálogo entre todas las partes.
El Domingo de Ramos, el diario vaticano L«Osservatore Romano pedía, en primera página: Se hace más insistente la oración por la paz en toda la región balcánica. Si bien no se pueden verificar totalmente las noticias de guerra, se parecen demasiado a lo que ha sucedido en otras ocasiones para que puedan suscitar ilusiones. La guerra avanza, arrastra consigo a sus escuderos: el odio y el furor; anuncian su herencia cruel: la venganza y el rencor. Es necesario detener todo esto. La tolerancia, el respeto y la cooperación entre los hombres y los pueblos son algo posible.
La OTAN lleva varios días denunciando el aumento de la represión de la población civil albano-kosovar a manos de tropas y de bandas paramilitares serbias. Mujeres y niños han sido literalmente empujados más allá de la frontera de Kosovo con Albania.
Cuando una intervención armada se hace inminente, siempre surge la pregunta: ¿se ha hecho todo lo posible desde un punto de vista diplomático y político? Radio Vaticano ha planteado este interrogante al profesor Antonio Papisca, catedrático de Relaciones Internacionales en la Universidad de Padua y director del Master europeo en Derechos Humanos y Democratización, quien responde: Considero que no se ha hecho todo lo que se podía y se debía hacer en términos políticos. Además, según mi parecer, se ha querido perseguir una vía poco fructuosa desde el punto de vista político, es decir, la que pone a las Naciones Unidas al margen de esta intervención.

Un grupo de prófugos kosovares
Ahora bien, el experto consultado por Radio Vaticano cuestiona, de manera particular, el lenguaje de guerra utilizado. Al anunciar a la prensa los ataques, Javier Solana, Secretario general de la OTAN, aclaró que esta organización no está en guerra con Yugoslavia, pero reconoció que se trataba de una acción militar. Sin embargo, Papisca recuerda que las acciones de guerra están prohibidas por el Derecho Internacional vigente, que tiene por fundamento la Carta de las Naciones Unidas;por tanto, no es posible dejarse de preguntar: ¿cuánta irresponsabilidad, cuánto cinismo existe en el actual grupo gobernante del mundo?
Entonces, los ataques de la OTAN, ¿cómo han de ser calificados? Según este experto, desde un punto de vista estrictamente jurídico, esta intervención hace referencia al capítulo VIII de la Carta de la Naciones Unidas, y más en concreto al artículo 53, donde se dice que, para que pueda intervenir una organización, en este caso de carácter militar, como la OTAN, se requiere la autorización del Consejo de Seguridad.
En este sentido, el catedrático constata que esta autorización no se ha dado. Existen soluciones -aclara- más o menos intimidantes con relación a la Federación de Serbia y de Montenegro, pero no existe la autorización exigida explícitamente por el artículo 53 de la Carta de Naciones Unidas.
¿Son ataques ilegales? Nos encontramos en la ilegalidad -responde el catedrático a la pregunta planteada por el informativo internacional de Radio Vaticano-, desde el punto de vista del Derecho Internacional general, que tiene por fundamento la Carta de la Naciones Unidas.
Pero, ¿no nos encontramos ante el típico caso de injerencia humanitaria? No -aclara Papisca-. Al hablar de acciones de guerra, como se ha hecho, nos encontramos fuera de la legalidad internacional.
Marginar a Rusia en todas estas negociaciones puede provocar una desestabilización internacional, considera el experto.
Es una situación sumamente delicada. ¿Cómo es posible que las Naciones Unidas no sean capaces de intervenir?, concluye.
Jesús Colina. Roma
Encuentro del Papa con los jóvenes
El pasado 25 de marzo, Juan Pablo II se reunió con los jóvenes de Roma que hospedarán la Jornada Mundial de la Juventud en el marco del gran Jubileo del año 2000. En este emotivo encuentro, el Papa invitó a todos los chicos y chicas de Roma a esta cita que se celebrará entre los días 15 al 20 de agosto, y que acogerá a más de un millón y medio de jóvenes de los cinco continentes y dijo: «¿Cómo puedo creer en Dios cuando permite la muerte de un niño inocente? Vemos y casi tocamos con la mano el problema del mal en la vida de cada día. Las grandes explicaciones a este problema parece que no convencen de manera inmediata, sobre todo cuando se experimenta en primera persona la enfermedad, el sufrimiento, o cuando se vive la muerte de alguna persona querida (...)
Yo respondo: ¿por qué preguntamos dónde está el amor del Padre y no ponemos de manifiesto más bien las responsabilidades que se derivan del pecado de los hombres? En definitiva, ¿por qué tenemos que hacer culpable a Dios, cuando los responsables son los hombres libres de tomar decisiones?
El pecado no es una teoría abstracta; es más, sus consecuencias se pueden verificar. El mal tiene su fundamento en el pecado y en el rechazo de vivir según las enseñanzas de Dios. Lacera la existencia y la lleva a rechazar el bien. Nos encerramos en la envidia, en los celos, en el egoísmo, sin darnos cuenta de que estos comportamientos llevan a la soledad y quitan el sentido auténtico de la vida. A pesar de todo, el amor del Padre no desfallece, pues Dios mismo ha querido compartir con nosotros el sufrimiento y la muerte».
Cardenal Rouco:
«El pueblo, víctima inmediata»
Glosando el mensaje del Papa por la Jornada Mundial de la Juventud 1999, celebrada en Roma el pasado Domingo de Ramos, el cardenal Rouco Varela, arzobispo de Madrid, reflexiona así sobre la guerra en la ex-Yugoslavia

La Iglesia necesita a sus jóvenes, de forma muy especial, hoy dramáticamente actual, para preservar y promover el bien inestimable de la paz. De nuevo, en el corazón de Europa, se masacra y expulsa a poblaciones enteras de su tierra y hogar con la fuerza militar. De nuevo se hace uso de la acción bélica para poner fin a esa situación, pero con riesgos y sufrimientos sin cuento para los más débiles e indefensos: el pueblo, víctima inmediata y mediata de los efectos de la guerra.
¡Cómo necesitamos en esta Semana Santa, mirar al Jesús del Domingo de Ramos, el Rey Pacífico, que entra en Jerusalén abriendo camino alReino de Dios: Reino de perdón, de salvación y de paz! Mirémosle y pidámosle, como nos insiste el Santo Padre, para que el lenguaje de las armas sea sustituido lo más pronto posible por el lenguaje del diálogo diplomático, honrado, generoso, reconciliador, en el espíritu justamente de Jesús que no se arredra ante la Cruz, para instaurar definitivamente el Tiempo nuevo de la Humanidad: el de la reconciliación de los hombres con Dios y de los hombres entre sí.
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid