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Televisión
Las sombras del directo
Una guerra en directo no es un plato de gusto para nadie. Aunque las imágenes de las misiones militares de los cazas aliados no sean más que puntos indescrifrables de luz, o cristales rotos y mechones de humo diseminados aquí y allá en terreno yugoslavo, el espectador contempla los efectos devastadores de una medida que intuye precipitada y, a todas luces, inicua.
La CNN es la cadena de televisión que se precia de ser el líder en información global, por encima de la muy seria Skynews, de arrojar las imágenes en directo con más solvencia, y de ser el abrevadero en el que bebe la prensa del día después. En estos días estamos viendo un despliegue abrumador de periodistas repartidos por todos los escenarios de la contienda (Bruselas, las fronteras con Macedonia y Albania, el Pentágono, el areopuerto de Aviano, Londres) que recogen las declaraciones de todos los actores implicados en la trama (Clinton, Solana, los diferentes embajadores estadounidenses, los portavoces civiles y militares de la OTAN, los analistas). Todo ello aparece en la pantalla como una gran superproducción de Cecil B. de Mille, con su columna interminable de extras y su llamativa puesta en escena. Sin embargo, bien saben los especialistas que la obsesión por el directo puede llegar a tener efectos perturbadores para los contenidos, porque cuanto más directo se haga, menos periodismo se practica y más espectáculo se ofrece. El directo suprime el tiempo entre el acontecimiento ocurrido y el acontecimiento divulgado, disminuyendo, por tanto, la posibilidad del análisis, el reposo, la comprobación y el imprescindible contraste.
Tras la primera noticia, el pasado domingo, sobre el éxodo de medio millón de albano-kosovares sobre territorio albanés y macedonio, al espectador sólo le podía quedar una palabra: ¡Qué barbaridad! Y si además contempla recurrentemente a Clinton y al equipo de cabeza de la OTAN, en sucesivas ruedas de prensa, cargando las culpas contra el enemigo, al espectador no le quedan dudas de dónde están los malos. Sin embargo, le serían de provecho nuevas claves que le invitaran a una reflexión más profunda, como el clamoroso razonamiento que hizo el Santo Padre en la homilía del Domingo de Ramos sobre la necesidad de que ambas partes regresaran a la mesa de negociaciones, al tiempo que pronunciaba su recurrente grito siempre es la hora de la paz. Siguiendo el directo de las ruedas de prensa, la CNN se puede convertir claramente en el despacho contiguo y departamento de Prensa del Presidente Clinton.
Javier Alonso Sandoica