Alfa y Omega > Nº 184 > Iglesia en Madrid
Cómo vivir la Misa

Advertencia: Esta comunidad parroquial toma en serio la misa como el más precioso regalo del Señor. Éste es, en síntesis, el primer punto del folleto La misa y la vida. Un decálogo de la buena participación en la misa, que ha editado la parroquia Nuestra Señora de Covadonga, de Madrid. Y del reconocimiento de esta realidad fundamental, de un repaso (¿necesario?) a lo que significa -o debe significar- la celebración de la Eucaristía en la vida del cristiano, se pasa a una serie de puntos que, la experiencia lo demuestra, no viene mal de tarde en tarde recordar: puntualidad, desconectar los teléfonos móviles, permanecer en los asientos hasta que el sacerdote haya entrado en la sacristía... Se trata, en definitiva, de asumir cada uno este compromiso fundamental, que recoge el decálogo en su punto número 5: Toda la comunidad es responsable de que salga bien la celebración, tomando también parte activa cada cual según su carsima: lecturas, canto, colecta, etc. (resonó en el Concilio Vaticano II).
Casarse por la Iglesia

El matrimonio cristiano es el tema de un segundo folleto que la parroquia a distribuido entre sus fieles y que lleva por título: ¿Qué es casarse por la Iglesia? (Carta abierta a los novios). Se quiere, de entrada, ofrecer a las parejas de la parroquia un cursillo prematrimonial. Pero que nadie se asuste ante la palabra cursillo o crea que ya sabe todo lo que hay que saber y, por tanto, no necesita más preparación. Y es que el objeto fundamental de tal preparación no consiste sólo en estas cuestiones, sino, sobre todo, en la profundización y vivencia de la fe y en el contacto comunitario con la Iglesia. Para lo cual es ocación privilegiada la prepreparación al matrimonio.Y se trata, sobre todo, de hacer reflexionar a todos aquellos que estén a punto de dar ese crucial paso, de modo que la decisión sea realmente libre y se acuda al sacramento con plena conciencia de lo que ello significa.
El folleto no ahorra preguntas a los novios. Y preguntas no siempre cómodas. Un ejemplo: ¿Es vuestro amor suficientemente maduro? ¿O se trata más bien de un romanticismo sin seriedad ni consistencia? ¿No sería mejor dejar el matrimonio para más tarde? No se trata de descorazonar a nadie, de complicaros las cosas o hacer perder el tiempo; ni mucho menos de constituirse en jueces de la fe de los novios. Pero el matrimonio, y en concreto el sacramento del Matrimonio, no es algo que pueda tomarse a la ligera: ¿Casarse en la Iglesia sólo por presiones sociales?No parece sincero y honrado en tema tan importante. Cuando la Iglesia exige ciertas condiciones para el sacramento del Matrimonio, lo hace por fidelidad al Evangelio y a la vocación humana concreta de los novios. Es un servicio valioso para las parejas. Así seréis más felices.
ón posterior con la comunidad parroquial es otro de los fines que se persiguen. Y no sólo a ellos. Muchos son los recién casados que se han trasladado a vivir a la plaza de Manuel Becerra. A ellos se les anima también a integrarse en la vida concreta, participando en alguna comunidad eclesial concreta.
Ricardo Benjumea
Sugerencias para aquellos a los que la Misa no les dice nada
Con cariño y algo de humor.
He aquí unas normas que suelen seguir quienes asisten a la misa dominical por compromiso, rutina, para que los vean o por otros motivos.
Al oir en la mañana del domingo la llamada de la campana, que invita a los creyentes a la oración y acción de gracias a Dios, no la dejes resonar en tu interior, bastante estás ocupado en organizarte bien el domingo.
Nunca llegues a la iglesia unos minutos antes, con tiempo suficiente para estar un rato en silencio y prepararte a vivir la celebración, es mejor entrar a última hora de manera atropellada, así se hará todo más corto.
Colócate lo más atrás posible, porque es más difícil seguir de cerca lo que se realiza en el altar, pero se domina mejor la situación, se está más tranquilito, además puedes salir con los primeros.
A ser posible, no abras la boca en la celebración, ni para cantar ni para unirte a la oración, esto es para personas más piadosas, a ti te va una postura más seria y digna.
Si te animas a cantar, no se te ocurra fijarte en la letra para ver qué estás diciendo, lo importante es que la canción salga bien; ya habrá tiempo para comunicarte con Dios.
Al sentarte para oir la Palabra de Dios, no escuches el mensaje de la lectura bíblica, para qué; es un buen momento para ponerte cómodo y descansar, puedes observar qué personas han acudido a la misa.
La homilía puede ser un verdadero ejercicio de paciencia, todo hay que decirlo; en cualquier caso ya te sabrás más o menos lo que dirá el sacerdote, puedes incluso comentarlo a la salida, pero no se te ocurra escuchar interpelación o llamada alguna para ti.
Aprovecha los momentos de silencio para recordar lo que tienes que hacer al salir de misa. No entres dentro de ti, para dar gracias a Dios o pedirle perdón, a ti no te van esas cosas; al comulgar muestra tu habilidad, hazlo de manera rápida y ágil, así podrás pasar revista a los que vienen después de ti.
Al llegar a tu sitio no te recojas interiormente para comunicarte con Cristo, eso se hacía antes del Concilio. Sobre todo sé rápido al final, porque ya sabes cómo se amontona luego la gente al salir.
No necesitas quedarte a recibir la bendición de Dios, Él te quiere y te bendice incluso cuando estás ya fuera del templo, pero eso sí, cuando el sacerdote diga en la misa Levantemos el corazón, tú no abras la boca, no digas Lo tenemos levantado hacia el Señor, no lo digas, porque no es verdad, todavía no has levantado el corazón hacia el Señor, y si no lo haces difícilmente te podrá decir algo la misa.
Con ironía, pero así viven la misa no pocos cristianos.
(de Iglesia en Plasencia)