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Punto de vista
Tolerancia y fanatismo

Llegan buenas noticias de Alemania. Casi medio milenio después de que dos bulas papales (Exsurge Domine y Decet Romanum Ponticifem) condenaran y excomulgaran a Martín Lutero, los católicos hemos firmado con los protestantes una Declaración Común que proclama que la creencia en la Gracia de Dios es el corazón de la fe cristiana y levanta aquella vieja excomunión. Esos teólogos que, como sabemos, tiene la Santa Madre Iglesia explicarán sin duda a los fieles sencillos la esencia de un texto que se ha tardado en negociar treinta años, porque la cosa no era fácil. Para los fieles es motivo de alegría cualquier paso adelante hacia la deseable unidad de los cristianos, que requiere sin duda tolerancia mutua.
Mientras, en la democracia mayor del mundo que es la de la República India, se producen algunos sucesos inquietantes. Doña Pamela Constable lo ha contado en el Washington Post. Grupos de fanáticos hindúes se prepararon a fondo para hacer incómoda la segunda visita de Su Santidad el Papa a una nación que es, por cierto, aquella a la que dedicó su vida, más que a cualquier otra, una católica, hindú de adopción y pasión, a la que no por casualidad llamamos Teresa de Calcuta. Parece que, inseguros de su propia fe, algunos grupos hindúes se resisten a comparar sus creencias con las de sus compatriotas cristianos.
Y aquí tampoco vendría mal algo menos de fanatismo, aunque sea dulce. Quizá cae en él quien pontifica, sin ser Pontífice, sobre el futuro del movimiento que fundó Jesús de Nazaret hace 20 siglos, como lo hace habitualmente don Enrique Miret Magdalena en El País, que lo tiene por su teólogo seglar, al carecer de uno eclesial. Leído siempre con respetuosa atención, don Enrique suscita en los fieles sencillos más discrepancias que acuerdos. Por ejemplo, cuando se pregunta si existirá el cristianismo en el siglo XXI, nada menos. A los fieles sencillos no parece aceptable que la bondad personal y salvífica de los creyentes en otras religiones, nunca negada por el cristianismo, signifique la equivalencia absoluta de la una y las otras creencias. Conviene no olvidar quién es Pedro y sobre qué piedra Cristo edificó su Iglesia.
El teólogo seglar es más consultado que los eclesiales. Una revista tan institucional que la encabeza el escudo de España nos informa sobre la proliferación de cultos (Muface, otoño-99); y él nos dice:La juventud no se encuentra comprendida por las religiones cristianas, y por ello se aproxima a las orientales, para meditar. Creíamos, ingenuamente, que desde la Patrística hasta hoy, pasando por nuestros teólogos, meditar era parte esencial del catolicismo.La revista asegura que los otros cultos apenas reúnen al uno por ciento de la población, dos millones y medio de españoles. Y meditando mucho, cae uno en la cuenta de que el uno por ciento de 39 millones son sólo 390.000 españolitos. Sigamos con el mazo dando; pero aquí no parece que se acabe el cristianismo.
Carlos Robles Piquer
Anorexia de espíritu
La situación de los jóvenes españoles ha sido noticia reciente por la publicación de dos estudios, uno de la Fundación SM y el otro, de la Confederación de Religiosos, realizado entre jóvenes cercanos a sus apostolados. Después de ver los datos que aportan, vienen a la memoria las palabras de santa Teresa de Jesús, cuando ponderando la santidad de fray Pedro de Alcántara, confiesa que no está ya el mundo para sufrir tanta perfección. Dicen que están las saludes más flacas. Puede que ahora el espíritu de los jóvenes esté afectado también por la anorexia.
En el informe de la CONFER, donde el 91 por ciento de los jóvenes se confiesa creyente, se les ha preguntado por qué no se deciden a ser religiosos. Y la respuesta ha sido que no están dispuestos a tomar este camino. No quieren perder la libertad por la obediencia y ven imposible asumir los votos de castidad y de pobreza.
Así las cosas, estos datos tienen que hacernos revisar la actual pastoral juvenil y vocacional, pues si entre los más cercanos así nos va, ¿qué ocurrirá con los alejados de la Iglesia? También de ellos ha habido respuestas. Son las que refleja el estudio de la Fundación SM, donde se dice que sólo el 67 por ciento de los jóvenes se confiesa creyente y que, además de discrepar de la Iglesia en cuestiones morales, entre ellos se ha reducido la práctica religiosa.
Lejos de achicarnos por semejante panorama, que en otros terrenos tiene puntos positivos, tendríamos que analizar las causas que lo han originado, sin convertir los datos en armas arrojadizas para adjudicar fracasos, sino conjuntar fuerzas y, en línea con el reciente Sínodo para Europa, buscar el modo de evangelizar mejor a los jóvenes siendo más explícitos en la propuesta del seguimiento de Cristo y mostrándoles no sólo lo que hacemos, sino también, y sin complejos, lo que somos.
Sería una buena manera de prevenir y curar la actual anorexia de espíritu, pues aunque no tengamos más que cinco panes y dos peces, el Maestro nos sigue mandando dar de comer a multitudes. El milagro, ahora como entonces, es cuestión suya.
José María Gil Tamayo
Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de medios de comunicación social
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