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Sobre cómo dividir a los católicos
Si ETA lo permite, el tramo de legislatura que nos queda se anuncia muy diferente, al menos en términos de marketing político. El nuevo consenso que intenta forjar el PSOE con los nacionalistas más o menos radicales se aleja, por el momento, de los elementos que peor digiere la opinión pública, y apunta hacia derroteros aún más letales, para afianzar y expandir el consenso progresista.
Dos de los nuevos ministros llegan con cierto beneplácito general. Aquí se demuestra que ni la oposición política ni la social tienen interés alguno en crispar. El nombramiento del tercer ministro, sin embargo, sólo puede entenderse como una provocación interesada. ¿Qué pinta en Sanidad un señor que niega al embrión la condición de ser humano? Un ser vivo que es humano, ¿será acaso una gallina?
La cuestión es dividir a los adversarios potenciales. Fueron víctimas propiciatorias las víctimas del terrorismo. Ahora se atisba una nueva ofensiva contra los católicos, que quedarán catalogados en buenos y malos según sus actitudes frente a Educación para la ciudadanía, la experimentación con embriones, o la ley de memoria histórica... El CIS anuncia, oportunamente, un estudio sobre el catolicismo español, que hará las delicias de quienes, como José Antonio Marina, afirman que los derechos humanos no son más que un bello mito. No hay, pues, que tomarlos demasiado en serio, como tampoco -nos dirá el CIS- toman demasiado en serio a los obispos los c atólicos buenos y demócratas
Si volviera a ganar el PSOE, ya sabemos cuál será la próxima batalla. Los socialistas rechazaron, hace unas semanas, una propuesta comunista sobre el aborto, aunque dicen compartirla «en esencia». Ya lo sabíamos. La Fundación Alternativas, think tank del PSOE, lo deja claro en su documento El aborto en la legislación española: una reforma necesaria. Los católicos demócratas serán bienvenidos al consenso.
Ricardo Benjumea
