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Esto ha dicho el Concilio
La formación espiritual de los candidatos al sacerdocio ha de estar en íntima conexión con la intelectual y pastoral, y ha de darse, sobre todo, con la ayuda del director espiritual, de manera que los alumnos aprendan a vivir en trato familiar y constante con el Padre por su Hijo Jesucristo en el Espíritu Santo. La sagrada ordenación los va a configurar con Cristo sacerdote; por eso han de acostumbrarse a estar unidos a Él como amigos, también con una íntima unión de toda la vida. Deben vivir su Misterio Pascual de tal manera que sepan iniciar en él al pueblo que se les confiará. Han de aprender a buscar a Cristo en la meditación fiel de la palabra de Dios, en la participación activa en los sagrados misterios de la Iglesia, sobre todo en la Eucaristía y en el Oficio divino, en el obispo que los envía y en los hombres a los que son enviados, sobre todo en los pobres, niños, enfermos, pecadores y no creyentes. Deben amar y venerar con confianza filial a la Santísima Virgen María, a quien Cristo, al morir en la cruz, dio como madre al discípulo. Han de fomentarse por todos los medios los ejercicios de piedad recomendados por la venerable tradición de la Iglesia, pero ha de cuidarse que la formación espiritual no se reduzca sólo a ellos ni que cultive únicamente el sentimiento religioso. Más bien, los alumnos deben aprender a vivir según el estilo del Evangelio, a tener como fundamento la fe, la esperanza y el amor, de tal modo que, con su práctica, adquieran el espíritu de oración, consigan la fuerza y la defensa de su vocación, obtengan el vigor de las demás virtudes y crezcan en el deseo de ganar a todos los hombres para Cristo.
Los alumnos han de estar penetrados del misterio de la Iglesia, iluminado principalmente por este santo Sínodo; así, sintiéndose unidos al Vicario de Cristo con amor sencillo y filial, y ya de sacerdotes, mostrando su adhesión a su obispo como fieles cooperadores suyos y colaborando con los hermanos, darán testimonio de aquella unidad que atrae a los hombres a Cristo.
Decreto Optatam totius, 8-9