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Cine
Harry Potter y la Orden del Fénix
A estas alturas de la saga, ya no queda mucho espacio para la sorpresa y la exigencia del espectador. A las dos horas y veinte minutos de Harry Potter y la Orden del Fénix sólo se le pueden pedir un cierto interés en el guión, alguna sorpresa visual-digital y la transmisión de ciertos valores positivos. En general nos atreveríamos a decir que la nueva adaptación de la novela de J.K. Rowling cumple con solvencia estos tres requisitos


Un momento de la película
Harry Potter regresa a Hogwarts para su quinto año de estudios. Allí se dará cuenta paulatinamente de que el malvado Voldemort ha regresado. El cobarde Ministro de Magia, Cornelius Fudge, lejos de enfrentarse a él, quiere mirar para otro lado y acusa a Dumbledore -venerable director de Hogwarts- de estar mintiendo sobre el retorno de Voldemort. Nombra a una nueva profesora para mantener vigilado a Dumbledore y a los estudiantes de Hogwarts. Ante esa situación de indefensión y pasividad, Harry tomará cartas en el asunto y preparará a algunos de sus compañeros para poder enfrentarse a la temible amenaza de Voldemort.
El guión de esta película tiene no pocos ecos de La Guerra de las Galaxias, y el duelo final entre Voldemort y Dumbledore es todo un duelo Jedi, aunque también evoca al memorable enfrentamiento entre Gandalf y Saruman en las tolkianas películas de Jackson. Pero en la película de Harry Potter estos ecos cuentan con una simbología menos trascendente. La allí llamada Fuerza aquí subsiste bajo una forma mucho más subjetivista, reside en la capacidad de concentración y se identifica con los buenos pensamientos. El personaje de Harry se vuelve vulnerable al lado oscuro, denominado aquí señor oscuro, cuando sucumbe a los malos pensamientos. Si recuerdan, lo mismo ocurría en la última entrega de Spiderman o en Peter Pan. La gran aventura (2003). El bien y el mal se enfrentan, pues, en una guerra interior de tipo psicológico, y la victoria de Potter dependerá de la clase de pensamientos que albergue su mente en el trance final. Este inmanentismo políticamente correcto no es óbice para que dichos pensamientos que evoca Harry sean buenos, ya que aluden al valor de los amigos de verdad como alegría de la vida. Por otra parte, el film vuelve a presentar la bondad de la familia, el valor de sacrificarse por los seres queridos, la conveniencia de asumir responsabilidades y la importancia de la desobediencia civil ante lo clamorosamente injusto.
Hechos estos comentarios a la concepción del guión, hay que decir a su favor que se agradece un tono humorístico muy bien conseguido, con ciertos gags inteligentes, y sobre todo con la incorporación de la actriz Imelda Staunton como la malvada profesora totalitaria Dolores Umbridge. Su simpatía contagiosa contrasta con su papel de represora de sabor estalinista, contradicción que funciona muy bien en el film. Sin embargo, en general parece que los personajes de esta entrega tienen menos desarrollo dramático, un recorrido evolutivo mucho menor que en la anterior película, que nos mostraba los conflictos propios de la llegada de la adolescencia. Incluso algunas tramas, como la de la relación entre Harry y Cho Chang (Katie Leung), quedan insatisfactoriamente resueltas. Se agradece la pequeña, pero deliciosa, aparición de un nuevo personaje, el Gigante Grawp, hermanastro de Hagrid, que despierta la ternura de los espectadores. El trabajo de los demás actores (los habituales Daniel Radcliffe, Rupert Grint, Michael Gambon, Robbie Coltrane, Gary Oldman, Alan Rickman o Maggie Smith) no va más allá de lo que han logrado en los anteriores capítulos, son sencillamente correctos. Quizá se nota especialmente el despertar de una futura actriz adulta en Emma Watson (Hermione).
Vence el bien
Visualmente, la película, a pesar de llover sobre mojado, no decepciona. Podemos ver hermosas vistas de Londres, espacios interesantes como el Departamento de Misterios, o efectos curiosos como la mágica sala de ensayos de Hogwarts. También es interesante el contraste entre las imágenes del Londres moderno y el ambiente gótico y romántico de Hogwarts, contraste con el que arranca el film en el ataque de los Dementores en un Londres lleno de calor y bochorno.
Hay que decir que el director, David Yates, debuta en el largometraje con esta película, aunque acredita una importante carrera en la televisión y en el mundo del cortometraje. Ahora ya está preparando su siguiente encargo, Harry Potter y el misterio del príncipe, que se estrenará a finales del año que viene. Su primer trabajo demuestra que no es Orson Welles, pero que tiene la virtud y el oficio del buen artesano.
En fin, un producto extrañamente veraniego -siempre se han estrenado en Navidades- que sigue muy fiel a la saga de Harry Potter y que agradará y disgustará a las mismas personas a las que agradaran o disgustaran las anteriores entregas. Amena, entretenida, y en la que, a pesar de su indefinición metafísica tan postmoderna, vence el bien sobre el mal. Ya es algo.
Juan Orellana
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