Alfa y Omega > Nº 554 > Contraportada
Ya en Brasil, el Papa adelantó el documento vaticano presentado anteayer
La salvación, sólo a través de Cristo
Cuando, el 11 de mayo, Benedicto XVI pronunció su homilía ante los obispos de Brasil, en la catedral de Sao Paulo, su contenido pudo pasar inadvertido. Las palabras del Papa se adelantaban al documento de la Santa Sede Respuestas a algunas preguntas sobre la doctrina de la Iglesia, cuyo texto íntegro pueden encontrar en la página 21, que no hace sino confirmar lo que el cardenal Ratzinger plasmó en la Declaración Dominus Iesus. Reproducimos un extracto de la homilía:

Jesús nos atrae hacia su voluntad, la voluntad del Hijo, y, de este modo, nos guía hacia la salvación. Yendo al encuentro de la voluntad de Dios, con Jesucristo, abrimos el mundo al reino de Dios. Nosotros, los obispos, somos convocados para manifestar esa verdad central, pues estamos vinculados directamente a Cristo, Buen Pastor. La misión que nos es confiada, como maestros de la fe, consiste en recordar, como el mismo Apóstol de los gentiles escribía, que nuestro Salvador «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad». Ésta, y no otra, es la finalidad de la Iglesia, la salvación de las almas, una a una.
Son palabras simples y sublimes en las cuales están indicados el deber de predicar la verdad de la fe, la urgencia de la vida sacramental, la promesa de la continuada asistencia de Cristo a su Iglesia. Éstas son realidades fundamentales y se refieren a la instrucción en la fe y en la moral cristiana, y a la práctica de los sacramentos. Donde Dios y su voluntad no son conocidos, donde no existe la fe en Jesucristo ni su presencia en las celebraciones sacramentales, falta lo esencial también para la solución de los urgentes problemas sociales y políticos.
La fe es una caminata conducida por el Espíritu Santo, que se condensa en dos palabras: conversión y seguimiento. Éstas dos palabras-clave de la tradición cristiana indican con claridad que la fe en Cristo implica una praxis de vida basada en el doble mandamiento del amor, a Dios y al prójimo, y expresan también la dimensión social de la vida cristiana.
La verdad supone un conocimiento claro del mensaje de Jesús, transmitido gracias a un comprensible lenguaje inculturado, pero necesariamente fiel a la propuesta del Evangelio. En los tiempos actuales, es urgente un conocimiento adecuado de la fe, como está bien sintetizada en el Catecismo de la Iglesia católica con su Compendio.
Exactamente porque fe, vida y celebración de la sagrada liturgia, como fuente de fe y de vida, son inseparables, es necesaria una aplicación más correcta de los principios indicados por el Concilio Vaticano II. Como sabéis, entre los varios documentos que se ocupan de la unidad de los cristianos está el Directorio para el ecumenismo, publicado por el Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos. El ecumenismo, o sea, la búsqueda de la unidad de los cristianos, se vuelve, en ése nuestro tiempo en el cual se verifica el encuentro de las culturas y el desafío del secularismo, una tarea siempre más urgente de la Iglesia católica.
Sin embargo, con la multiplicación de cada vez nuevas denominaciones cristianas y, sobre todo, ante ciertas formas de proselitismo, frecuentemente agresivo, el empeño ecuménico se vuelve una tarea compleja. En tal contexto, es indispensable una buena formación histórica y doctrinal que posibilite el necesario discernimiento y ayude a entender la identidad específica de cada una de las comunidades, los elementos que dividen y aquellos que ayudan en el camino de construcción de la unidad.
El gran campo común de colaboración debería ser la defensa de los fundamentales valores morales, transmitidos por la tradición bíblica, contra su destrucción en una cultura relativista y consumista; más aún, la fe en Dios creador y en Jesucristo, su Hijo encarnado. Además, vale siempre el principio del amor fraterno y de la búsqueda de comprensión y de proximidad mutuas; pero también la defensa de la fe de nuestro pueblo, confirmándolo en la feliz certeza, de que la «única Christi Ecclesia... subsistit in Ecclesia catholica, a succesore Petri et Episcopis in eius communione gubernata» («la única Iglesia de Cristo... subsiste en la Iglesia católica gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con Él» (Lumen gentium, 8).