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No es verdad


Máximo, en El País

Antes de que el gran humorista Máximo desapareciera, repentinamente y sin explicación alguna de las páginas de El País, publicó la elocuente viñeta que acompaña a este comentario, y otras dos más en las que se ve a un intelectual -no se den por aludidos los que se llaman tales pero no lo son ni podrán serlo nunca- que dice: «Nos empeñamos en unir a España, cuando lo que hay que unir es a los españoles»; y también: «Los Reyes Católicos iniciaron la unidad de España, pero todavía no la han conseguido». Digo yo que este interés de Máximo por la unidad de España a lo mejor tiene algo que ver con su desaparición de las páginas de El País... En cualquier caso la subasta de chollos, momios y similares que el gran humorista burgalés satiriza en la viñeta hace pensar en si no sería conveniente que las elecciones, en vez de ser cada cuatro años, fueran todos los meses, porque hay que ver la cantidad de ofertas y promesas que, un día tras otro, los candidatos rivalizan en brindar a cambio del voto. Lo triste es que, si uno va a comprobar las promesas que hicieron en anteriores convocatorias electorales y cuántas de ellas se han cumplido y en qué medida, el resultado es verdaderamente desolador. Es más: hay quien, como el actual candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno, no sólo no ha cumplido casi nada de lo que prometió, sino que se ha sacado de la manga decisiones contrarias a la unidad de España que ciertamente no aparecían por ninguna parte en su programa electoral de las anteriores elecciones. Y ahí lo tienen ustedes, tan fresco y pidiendo alegría.
Tanto en la Universidad de Santiago de Compostela como en la Pompeu Fabra, de Barcelona, como en la Complutense de Madrid (Somosaguas), se han producido intolerables agresiones a personas (María San Gil, Dolores Nadal y Rosa Díez) invitadas a exponer su oferta electoral. El nacionalismo de la barbarie avanza alarmantemente; en Vascongadas ni siquiera se atreve Universidad alguna a cursar tal invitación; pero con ser lo sucedido abyecto e indignante y antidemocrático, todavía es mucho más preocupante que quienes por su cargo y su responsabilidad en la vida pública, civil y universitaria, deberían haber salido inmediatamente a condenar y denunciar tales agresiones, no lo han hecho, ni lo van a hacer, y ya veremos si la Justicia hace algo y en todo caso cuándo, contra esos perdonavidas de salón, que de universitarios no tienen nada y a los que sus propios compañeros deberían ser los primeros en echar de la Universidad.
A pocos días del voto, es verdaderamente preocupante que, a estas alturas, visto lo que ha hecho Zapatero y su Gobierno, vayan a decidir el resultado de las elecciones unos debates televisados en los que previamente todos sabemos lo que va a decir cada cual. Es fundamental que los votantes caigan en la cuenta de que mucho más que quién gane las elecciones importa quién va a formar el próximo Gobierno y con quién. Lo imprescindible no es ganar, sino ganar suficientemente para no tener que estar al albur de esa crecida y arrogante minoría de radicales nacionalistas, separatistas e independentistas. ¿España va a seguir siendo España en la próxima legislatura? ¿Vamos a saber, de una vez, quién organizó y financió el atentado del 11-M? ¿Los terroristas asesinos van a ser tratados como lo que son? ¿Los padres y madres españoles van a poder educar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones? ¿Los niños que tienen derecho a nacer van a poder hacerlo? ¿Nuestra nación va a contar algo entre las naciones europeas? ¿La gente joven va a poder pagar su hipoteca y van a poder llegar a final de mes las viudas y jubilados? ¿La familia va a ser respetada? ¿Y las víctimas del terrorismo también? De todo esto se está hablando más bien poco en una campaña electoral, en la que, por lo visto, lo que le importa al Presidente del Gobierno es crear tensión - a río revuelto, ganancia de pescadores - y, en el mejor de los casos, ir por delante en el pugilato del Quién da más en la subasta de chollos imposibles. De creer la cuarta parte de lo que prometen, esto va a ser Jauja; sobre todo, con la ayuda inconmensurable de algunos cosmovisionistas o cosmovisionadores que meditan sobre la Iglesia tan sutilmente que ponen objeciones a la Nota del colectivo de los obispos, sobre todo en materia terrorista. ¡Toma cosmovisión!
Gonzalo de Berceo
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