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Teatro y literatura
Los rumanos, imprescindibles

Andamos los españoles faltos de datos y juicio, a la hora de saber de la entraña rumana. Creemos que los rumanos sólo vienen a nuestro país patrocinados por un puñado de mafias y que se quedan en nuestras ciudades para el negocio del ajuste de cuentas. Si ellos son delincuentes, ellas se dedican a las tareas domésticas o a la prostitución, o vete tú a saber si también les da por amparar a los chulos de las mafias. Si llegamos a alcanzar cierto prurito cultural, decimos que la tierra rumana es la tierra madre del conde Drácula, por aquello de la misteriosísima Transilvania, con su azogue de fantasmagoría y su lumbre de terror. Así de rudimentaria es nuestra información. La semana pasada, el Teatro Arenal, de Madrid fue la sede de un festival de teatro en el que las más prestigiosas compañías de Bucarest ofrecieron montajes de diversas obras de autores rumanos y rusos. Impresionante la interpretación y puesta en escena de El inspector, de Gogol. Con un lenguaje realista y sin eufemismos, el escritor ruso se dedica a denunciar la corrupción y la estupidez de los funcionarios y los burócratas, desnudando la inoperancia y la inmoralidad de los gobernantes. «¿A cuánto ascienden sus urgencias?», pregunta el funcionario al supuesto inspector llegado de San Petersburgo a una provincia de la Rusia zarista, cuyo Gobernador se enorgullece de recibir regalos de cualquier individuo dispuesto al soborno.
Estos días he descubierto un buen lote de material literario rumano (para mí, pulmón oriental de una Europa espiritual creciente) del que nos podemos servir los occidentales (pulmón ya de fumador, propio de una Europa espiritual en pleno curso menguante) para salir de nuestro embarrancamiento burgués. Acaba de salir en español el libro Diario de la felicidad, de Nicolae Steinhardt, escritor rumano, judío, que se convirtió al cristianismo por su inmoderada pasión por la verdad, se bautizó en plena cárcel en 1960, fue perseguido por la Securitate y se ordenó sacerdote ortodoxo. También se acaba de publicar una colección de cuentos de otra rumana, Ana Blandiana, una crítica inteligente de la dictadura comunista de Ceaucescu, a la vez que una defensa de la libertad interior y la necesidad de la vida como referente de lo cotidiano. Y el sociólogo H. R. Patapievici que, en El hombre reciente, critica la prosperidad fatua y la ligereza de Occidente por haberse desprendido de Dios. ¡Más que interesantes, los rumanos se nos han vuelto imprescindibles!
Javier Alonso Sandoica
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