Alfa y Omega > Nº 590 > España
Obispos, padres y plataformas de Vascongadas denuncian la exclusión de la materia
Cerco a la clase de Religión
La campaña de acoso y derribo de los nacionalistas vascos contra el uso del castellano en las escuelas ya ha saltado la barrera lingüística. Ahora, según acaban de denunciar los responsables educativos de las tres diócesis vascas, el objetivo es sacar de las aulas la asignatura de Religión. Y, para ello, no dudan en servirse de procedimientos ilegales. Lo peor, sin embargo, es que no todos los ataques provienen de ambientes laicistas...

Ésta es la situación: el claustro de profesores de una ikastola vasca celebra una reunión en la que se somete a votación si, a partir de ese momento, el centro va a ofertar, o no, la asignatura de Religión. Poco importa que la Ley Orgánica de Educación y que la Ley de Escuela Pública Vasca así lo exijan. La iniciativa del organismo escolar, además de ser ilegal, tampoco tiene en cuenta a los padres que han solicitado matricular a sus hijos en esa materia. Tras una votación, la mayoría del profesorado decide que en sus aulas ya no se va a permitir dar clase de Religión católica. La dirección accede complacida. Más aún, a partir de ese momento, los responsables del centro se ponen en contacto con las familias que habían elegido la asignatura, para persuadirlas de que no matriculen a sus hijos en esa materia el próximo curso. La alternativa que se propone es dedicar las dos horas semanales de Religión al refuerzo de Matemáticas, Euskera o lectura. En algunos casos, incluso, se llega a llamar a los alumnos, menores de edad, para convencerles directamente, sin pasar por el filtro de los padres. Y todo -es preciso subrayarlo- en ejercicio de una flagrante ilegalidad que atenta contra una ley nacional, otra autonómica y un artículo de la Constitución (el 27.3, que garantiza el derecho de los padres a que sus hijos reciban la formación moral y religiosa que deseen). Por increíble que pueda parecer, ésta es la situación que acaban de denunciar los responsables educativos de las tres diócesis de Vascongadas. Y no en un centro aislado, no, sino en más de un centenar de casos.
Llamadas coactivas
La denuncia parte de la asociación familiar Bagara, respecto a un grupo de familias del Instituto Mendizabala, de Vitoria, que recibieron las llamadas de la directiva con el objetivo de presionarles para que no matriculasen a sus hijos en la asignatura de Religión católica. Las excusas eran de lo más variadas: No va a salir grupo; La alternativa será Historia de las religiones; Sus hijos quedarán marginados; Por ser tan pocos los alumnos que lo han solicitado... Además, Bagara ha contabilizado hasta un centenar de colegios, institutos e ikastolas en las que el procedimiento ha sido similar. En total, siete de cada diez centros públicos del País Vasco han suprimido la materia.
Para don Íñigo Urien, portavoz de la plataforma vasca Educación y Libertad, se trata de «algo increíble. Los centros están obligados a ofertarla, aunque no haya padres que la elijan. No importa que no salga grupo, la tienen que ofertar por ley, y no pueden decidir, porque sí, que no van a hacerlo». Según Urien, «esta situación no es nueva, sino que viene de hace tiempo. Aquí todo lo que sea verdaderamente católico no se acepta, porque la proyección universalista católica es incompatible con el reduccionismo nacionalista». A pesar de que los Delegados de Enseñanza de las tres diócesis vascas han llevado la situación ante la Inspección Educativa de la Consejería de Educación del País Vasco, Urien lanza una mirada autocrítica hacia la Iglesia: «La denuncia ha nacido de los padres, porque los Obispados no han hecho nada. Desde hace años, hay una enorme dejadez en las diócesis, porque muchos de sus responsables son instrumentos del nacionalismo. A mucha gente de la Iglesia vasca no le importa la religión, sino la política nacionalista, y por eso la pastoral se ha convertido en puro activismo, sin referencias a la visión trascendente de la vida». Esta desidia de la que habla Urien es lo que, en su opinión, «ha dado alas a los que proponen que la religión católica tiene que quedar fuera de la escuela. Si los que tienen que defenderla no lo hacen, los que quieren ir contra ella se encuentran a sus anchas». Eso sí, el cerco de los radicales a la clase de Religión ha pinchado en hueso contra la resistencia de los padres: «Nos van a intentar callar algunos, y otros ni nos ayudan a hablar. Pero aquí hay padres que nos preocupamos por la fe y por la formación de nuestros hijos, y no van a conseguirlo. Proponen un nacionalismo sin alma, y eso está abocado al desastre».
José Antonio Méndez
«Si transmites la fe, eres un españolista retrógrado»
La situación de los padres vascos que desean formar a sus hijos en la moral católica, no sólo encuentra escollos dentro de las escuelas. Como denuncia don Iñigo Urien, «la presión es social, porque para ellos lo sagrado es ser nacionalista. Si defiendes que la Iglesia debe ser transmisora de la fe, y dejarse de nacionalismos, eres un españolista retrógrado. Muchos curas y Vicarios han convertido a la Iglesia en una ONG, y se han olvidado del Magisterio. Tienen una visión pobre, aldeana...» Y se lamenta Urien de una sinrazón clamorosa: «Aquí vivimos en el mundo al revés: los padres que queremos Religión y objetamos a Educación para la ciudadanía somos insumisos, retrógrados y radicales. Pero los claustros que se saltan la ley, que violan nuestros derechos y que son rebeldes, ésos son progresistas y tienen razón».