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Confianza y control (y II)

Gran Hermano ya no está fuera de nosotros. ¿Para qué prohibir libros, si nadie los lee? Las tácticas de control y represión del pasado provocan carcajadas a las oligarquías de Occidente. Endeudados como miserables, pero con una suculenta y asequible oferta de baratijas y gaseosas con las que evadirse, las clases medias ni protestan, ni piensan en exceso. Se tienen menos hijos de los que se quiere, y no se pasa tiempo con ellos. Y la mujer, legítimamente orgullosa de sus conquistas, tampoco cae en la cuenta del precio que ha pagado por su emancipación, ni de quién se beneficia de su trabajo y de su ocio.
Mensajes con alto contenido sexual inundan el espacio público y mantienen la máquina engrasada, durante esas treguas frente al televisor, que recargan las pilas para seguir produciendo y consumiendo sin descanso. El recurso mantiene al ser humano en un estado primario, pendiente sólo de satisfacer sus apetitos. Sobran niños y ancianos, y qué decir de peregrinas ideas como la abstinencia y la castidad... A los 10 años comienza ya la educación para la fornicación en Cataluña. A los 13 ó 14, muchas niñas van al sexólogo, llevadas por sus madres, porque se dicen incapaces de tener una penetración... Está ocurriendo, sí. Hay adolescentes llenos de complejos sexuales. Las relaciones hombre y mujer también se deterioran, y con ellas la familia: el sexo, que hace de hombre y mujer un solo organismo, a efectos de procreación, es entonces un producto más de consumo, sólo que con forma humana.
Lo gracioso es que ni siquiera somos tan promiscuos como pensamos... Un reciente estudio demuestra que más del 70% de las españolas tienen una sola pareja a lo largo de su vida. ¿Por qué nos llega continuamente lo contrario? El autocontrol no es funcional. Uno piensa, dos se entienden, y entonces...
Ricardo Benjumea
ONO
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