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El mejor Ministerio de Igualdad

Ha comenzado en Zaragoza la Expoparadoja. Así la llama, desde ABC, Ignacio Camacho, porque «no deja de tener bemoles que vayan a reunirse en la Expo 08 expertos internacionales de toda laya a predicar la necesidad de un uso compartido, sensato, ecuánime y fraternal del agua en el mundo, mientras el Ebro, que baña el contorno de sus modernísimos pabellones, tira cada año al mar un caudal doce veces mayor que el que se necesita para abastecer a todo el Levante, Murcia y parte de Andalucía».
Bemoles tienen también los intentos de la ministra Bibiana Aído por alterar la gramática española, quizá porque «tenía el encargo de entretenernos en medio de la huelga» de transportistas, como sospecha Gloria Lomana, desde las páginas de La Razón. Pero no hay que menospreciar a la ministra, alerta en el mismo diario Gabriel Albiac: «No hay totalitarismo si no hay neolengua». Al final, quizá, «todos hablaremos como Aído y Zapatero»... Salvo Alfonso Guerra, que, por su pedigrí de izquierdas, se puede permitir mofarse, desde Telemadrid, del nuevo pensamiento políticamente incorrecto feminista. Más mérito tiene la profesora del IESE Nuria Chinchilla, que, siguiendo al Nóbel de Economía Gary Becker, se atrevió a decir ante la joven ministra que «el mejor Ministerio de Igualdad» es la familia (que carece, por cierto, de Ministerio, como se encargó de recordar la profesora), y que, en lugar de supuestos enfrentamientos entre sexos, en la empresa «debemos partir de las diferencias entre hombre y mujer y de su complementariedad para conseguir sinergias en su trabajo conjunto». La joven fichaje del Gobierno acompañaba a doña Letizia Ortiz a la inauguración, en el IESE (la escuela de negocios de la Universidad de Navarra), de un Encuentro sobre cómo humanizar la empresa a través de la conciliación. Son propuestas, al parecer, a contracorriente de los aires que corren por Europa. Nuestros ministros de Trabajo proponen poder ampliar la jornada laboral a 65 horas. «¿A quién le extraña que los irlandeses hayan dicho No al Tratado de Lisboa?», se pregunta, en ABC, María Jesús Pérez. Y no son los trabajadores los únicos que padecen la falta de conciliación: «Las largas jornadas laborales de los padres, culpables del fracaso escolar», cuenta La Razón.
Especialmente difícil lo tienen ahora los inmigrantes, a quienes el Gobierno incentiva para que hagan las maletas, vuelvan a sus países y no regresen a España durante una larga temporada. También tienen problemas quienes intentan acogerse a medidas de reagrupación familiar. El poder discrecional de los funcionarios en los consulados y embajadas españolas no conoce límites, según documenta el diario gratuito Latino. «Las denegaciones de visados no tienen ninguna justificación... Consuelo Rumí, Secretaria de Inmigración, explicó al embajador de Ecuador que conceder los visados es optativo de los cónsules». Mayor prueba aún de que unos son más iguales que otros es que nadie parece querer investigar la muerte de, al menos, 36 personas, muchas de ellas bebés, cuando las fuerzas de seguridad de Marruecos embistieron, todo apunta que adrede, a una embarcación que trataba de llegar a España. La web Solidaridad.net difunde un comunicado de varias organizaciones que exigen «una investigación exhaustiva» y acusan a los Gobiernos de la Unión Europea de hipocresía, por permitir que en sus fronteras se vulneren de esta forma tan clamorosa los derechos humanos.
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