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Casi un centenar de mártires catalanes, hacia la beatificación
Jóvenes y mártires
La Federación de Jóvenes Cristianos de Cataluña estaba compuesta por 18.000 jóvenes, los de menos edad contaban con 14 años. De diversas profesiones y grupos de fe, eran laicos, y lo que les unía era el deseo de ser santos en medio del mundo. En los años 30 mataron a muchos de ellos de distintas maneras, por el simple hecho de ser católicos. Escribe el Presidente de la Federación Internacional de Médicos Católicos
Imágenes de miembros de la Federación
de Jóvenes
Cristianos, durante los años 30:
armando un castillo humano
La Causa de beatificación de J. M. Armengol y compañeros de la Federació de Joves Cristians de Catalunya es única en el mundo. Nunca se han viso tantos laicos y tan jóvenes en un martirologio, que es realmente impresionante por el número y la juventud de sus integrantes.
La Federació sumó en menos de seis años 18.000 inscritos, en 358 grupos de jóvenes y en 226 de niños, todos ellos de espiritualidad seria y profundamente eucarística. Sucedía en los años 30 del siglo pasado, en una época en la que, como lloraba el ya Beato doctor Pere Tarrés, niños y jóvenes se prostituían a menudo por un par de cigarrillos y la persecución religiosa empezaba a arreciar virulentamente en España.
Imágenes de miembros
de la Federación de Jóvenes
Cristianos, durante los años 30:
en un campamento
Me he fijado especialmente en dos de ellos, siguiendo el tradicional corporativismo de que gozamos los médicos... Joan Giribert era un chico soltero que trabajaba en el Hospital de Cervera, de las Misioneras del Corazón de María. No tenía facilidad de palabra, pero era un buen peón y un buen ejemplo para los que le rodeaban, caritativo y piadoso. Al estallar la guerra, el hospital fue asaltado y se llevaron a los religiosos enfermos, a Joan y al claretiano médico doctor Buixó. Ataban a los religiosos de dos en dos y a él lo atan con el médico al que ayudaba como enfermero. Fue asesinado en el cementerio de Cervera y echado a la fosa común.
Al doctor Pere Bonada lo detuvieron cuando intenta trasladar a Francia a dos hombres perseguidos. Sufrió malos tratos, mentiras y la hipocresía de sus captores, que querían ocultar sus pésimos designios. Recibió siete disparos y agonizó en un cuneta desangrándose en la carretera de Barcelona a Vich. Uno de sus lemas -que curiosamente he visto en el borde de las monedas de 5 francos suizos- fue Dios proveerá o La Providencia ya vela.
Procuraba siempre hacer el bien, especialmente a los jóvenes y con los enfermos, a los que dedicaba horas extraordinarias, curaba, consolaba y aliviaba. Nunca olvidaba a sus familias y estaba presto a facilitar los auxilios espirituales si la enfermedad se agravaba. «Hemos de hacer como Él, devolver bien por mal». Pocos días antes de su martirio (canónicamente tenemos aún que decir presunto martirio) se confesó y preparó como si fuera la última vez.
Desligados de cualquier bandera política, los mártires de la Federació fueron llevados a la muerte única y exclusivamente por su fe en Cristo. ¡Ojalá el ejemplo de estos jóvenes anime a los catalanes de hoy a ser fieles a Jesús en su Iglesia!
Dr. J. M. Simón Castellví
Jóvenes Cristianos de Cataluña
Fundada la Federación de Jóvenes Cristianos de Cataluña por el padre Albert Bonet en 1931-1932, con el objetivo de que todos los jóvenes alcanzasen la santidad, su trayectoria se quebró en 1936. José María Gironella fue uno de los miembros de la Federación y resume la importancia que tuvo en su vida: «El programa fejocista me llenaba por completo. Me enseñaba a amar a Dios, lo que colmaba mi sed de trascendencia. Me enseñaba a amar el intelecto, pensamiento del hombre más noble de cuanto ha sido creado. Me enseñaba a amar a la familia, que son nuestra inmediata prolongación. Me enseñaba a amar el deporte, como descarga y vehículo compensador. Y me enseñaba a amar la tierra en que nací. Nos enseñaba, además, a amar la libertad. La visita a los enfermos era una de las actividades predilectas de la Federación. Estos postulados me han ayudado con eficacia mayestática en las noches oscuras que, como toda criatura humana, he sufrido a lo largo de mi peregrinar».
Una familia mártir
Plácido y Emilia estaban casados y tenían 10 hijos. Una familia auténtica que vivía la fe en Barcelona, con el negocio de una panadería. En el año 1936 distintos milicianos registraron su casa en varias ocasiones y siempre salían apaciguados por la actitud bondadosa de la madre. Sin embargo, un día, el jueves 24 de septiembre, fiesta de la Virgen de la Merced, de improviso, se presentaron unos milicianos, a las 6 de la mañana. Dijeron ser de la Federación Anarquista Ibérica y tenían el encargo de llevarse a los hombres de la familia al Comité para que declarasen. Estaban en la panadería los padres y varios hijos, miembros de la Federación de Jóvenes Cristianos de Cataluña, y Teresa, la única chica que estaba en ese momento con ellos. Tres hijos y el padre, y un amigo, también de la Federación, que trabaja con ellos, tuvo que ir. Emilia les quiso acompañar. Al salir del coche, al haber llegado al supuesto Comité, fueron tiroteados por la espalda.
María del Pilar Blázquez