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No es verdad
Martínmorales, en ABC
La viñeta que ilustra este comentario es elocuente: una cosa es ganar unas elecciones, y otra gobernar; una cosa es vencer, y otra convencer. Aquí, aparte de la galopante crisis económica -nunca las cosas han ido tan mal tan deprisa-, hay otras muchas crisis, más graves todavía que la economía; la crisis de la verdad, la crisis de la justicia, la crisis de la libertad de expresión, la crisis ética, la crisis de credibilidad de los políticos, de unos y de otros, la crisis de España. Son muchas crisis juntas, por desgracia. Nada, o muy poco, tiene de particular que haya pasado sin pena ni gloria por las portadas de los periódicos y de los telediarios otra importante crisis más: la crisis de Europa: poco más de la mitad de la mitad de los irlandeses con derecho a voto han puesto en solfa el tinglado de la nueva Europa que no quiere reconocer sus raíces verdaderas. Ahora andan buscando, a toda prisa, no saben qué, pero algo que vuelva a poner en marcha el motor de la construcción de Europa; un motor que funcione, vamos, y que sirva para algo más que para que se forren los euroburócratas.
Hay varias crisis más, concretas y realísimas, como la de los que, después de haber quedado más claro que el agua que todo lo referente a la ETA desapareció de papeles oficiales que tenían que ver con el 11-M, queremos seguir sabiendo qué pasó en realidad el 11-M: quién lo organizó, quién lo coordinó, quién lo financió, quién, en una palabra, es el verdadero responsable de la mayor matanza terrorista de la reciente historia de España. Esto es lo verdaderamente importante; no diré que lo único importante, pero sí, desde luego, muchísimo más importante que si sigue Pepiño, y se va, o si sigue Rajoy. Dicho sea todo ello, por favor, con el máximo respeto al honor de todos y cada uno, no vayamos a fastidiarla y nos llamen al Juzgado. Como ven, es absolutamente inevitable que alguien que escribe en un periódico se sienta condicionado y concernido por la reciente sentencia de una juez que deja en entredicho la libertad de expresión y abierta la veda para que cualquier mandamás pueda asustar a cualquier periodista que desee expresar libremente su opinión, como es su obligación profesional. Lo más triste y lo peor de todo esto es que haya quienes se consideran periodistas y se alegran -algunos hasta se ufanan públicamente desde las portadas de sus medios- de tan peligroso y escandaloso precedente. Ya veremos qué pasa cuando les toque a los de su cuerda y, eventual e hipotéticamente, políticos capaces de tal cosa lleguen algún día, por ejemplo, a la Presidencia del Gobierno. ¿Qué serían capaces de hacer desde allí los intocables? La señora Vicepresidente del Gobierno, refiriéndose a la huelga en el transporte, ha sentenciado: «El ejercicio de los derechos nunca puede vulnerar la libertad de los ciudadanos». ¡Muy bien, pero que muy bien! ¿Pero eso sólo vale en el transporte? ¿No vale para la libertad de expresión que la Constitución dice amparar?
Luego está también, ¿cómo no?, lo del PP vasco que, según los periódicos gubernamentales, ha dado un paso tibio hacia la moderación. ¡Cómo será, cuando a esos medios les gusta! ¿Pero es que no se dan cuenta de que los que hasta ayer, como quien dice, les ponían a caldo, de repente han empezado a bailarles el agua? Eso debería bastarles para poner en marcha todas sus alertas. Luego está, también, eso tan diver del encuentro de Zapatero con el cardenal Bertone en la FAO, en Roma, que fue pero que no fue, o que no se sabe cómo fue, pero fue, aunque Zapatero diga que no fue, y aunque fuera poco más que el ¡Hola!, ¿qué tal? de Bush. Si en la actual Moncloa hay alguien tan iluso que cree que la Santa Sede le va a hacer más caso sobre las relaciones Estado-Iglesia en España que a la Conferencia Episcopal Española, va apañado. Se puede nacer en Babia, pero estar tanto en Babia se sale de todos los esquemas.
¡Ah!, y también está lo del petróleo, que ya saben ustedes que es el culpable de todo lo que está pasando, en eso ha sustituido al PP. Pero da la curiosa casualidad de que el petróleo es igual de caro aquí que en Francia, Alemania, Inglaterra y todos esos otros países tan raros en los que no pasan las cosas tan raras que pasan en éste.
Gonzalo de Berceo