Alfa y Omega > Nº 598 > Desde la fe
Nace la Fundación López Quintás
Empresas por la ética
Cultivar la ética es rentable, dice un lema de la nueva Fundación, presentada ayer, de don Alfonso López Quintás, religioso mercedario y catedrático de Filosofía emérito en la Universidad Complutense de Madrid. Muchos estudios empresariales lo demuestran, pero la cosa va más lejos... La conciliación y la responsabilidad social corporativa son rentables a la larga, pero por añadidura. El reto es convertir la empresa en un lugar donde las personas desarrollen todo su potencial. Claro que entonces no sirve mirarse el ombligo: el sentido de una empresa está en prestar un servicio a la sociedad; la mejor será aquella en la que todos empujen en la misma dirección y persigan un mismo ideal

Toda la filosofía de don Alfonso López Quintás, miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, es, en cierto modo, un método para deshacer paradojas aparentes, que iluminadas de pronto con nuevos focos se revelan como perfectamente lógicas. Por ejemplo: La libertad no se opone a las normas, sino que, al contrario, se multiplica cuando se ajusta a ellas. «Un declamador literario, un intérprete musical, un actor de teatro... -explicó ayer el filósofo, en la presentación de su Fundación, en la sede de la Fundación Rafael del Pino- se sienten más libres cuanto más fieles son a los textos literarios y a las partituras musicales. Cuando actuamos creativamente, cuando asumimos de forma activa las posibilidades que nos da una obra -literaria, musical, teatral...-, convertimos el dilema libertad-norma en un contraste enriquecedor».
Es la conocida teoría de los niveles, del profesor López Quintás, que opera auténticas transfiguraciones de la realidad: la tabla que sólo es un objeto más, compartimentada en cuadros blancos y negros, se convierte en tablero de ajedrez. No establezco ya con él una relación de dominio arbitrario, como hacía con la simple tabla, sino de respeto y colaboración: me atengo a las normas, que dan alas a mi creatividad.
Obviamente, tiene mucho más valor el encuentro con otra persona. Y más riesgos: si a ésta la trato sólo como a un objeto, como a un simple cuerpo, un medio para satisfacer mis fines y apetitos, la envilezco, degrado y ejerzo violencia contra ella. Por el contrario, desde la colaboración con el otro, termino por descubrir el nivel de los valores y las virtudes: «El bien hay que hacerlo; el mal hay que evitarlo», es la síntesis que hace de este nivel el profesor López Quintás. Y el nivel 3 me lleva al 4: llego al Creador, «a la existencia de un Ser Supremo que nos ha creado a todos a su imagen y semejanza, y nos ha dotado así de una dignidad tan alta que no podemos perderla...»
Dar lo mejor de uno mismo
Son conocidas también las reflexiones e investigaciones del profesor López Quintás relacionadas con el mundo de la empresa, con idéntica vocación de transfigurar la realidad. Estas teorías tenían ya carácter práctico por la constatación de que se estaban aplicando ya en varias empresas, algunas de gran renombre internacional, aunque sin la sistematicidad que la teoría puede darles. Ahora, sin embargo, López Quintás ofrece sus propuestas a las empresas que quieran aplicarlas. Con ellas -anuncia-, se mejora el rendimiento y la satisfacción personal de trabajadores y colaboradores.
El planteamiento es bien lógico. Se trata de que todos participen, de que todos aporten algo a la empresa: «Cuando las personas tienen la posibilidad de dar lo mejor de sí mismas, acaban dándolo. En cambio, un operario suele volverse indiferente cuando no tiene posibilidad de participar». Esa promoción «no se reduce a permitirles acceder a ciertos puestos de responsabilidad; implica una voluntad de elevarlos de nivel en todos los aspectos».
El proceso debe ser gradual. Primero, se debe ofrecer a los trabajadores información. Se va generando confianza, y comienzan a establecerse relaciones de tipo claramente más cooperativo; se tiene en cuenta la opinión de todos y se va aumentando la participación del empleado en la empresa, hasta llegar a alguna participación en la propiedad, convertido ya entonces en co-gestor de la empresa.
Es imprescindible un liderazgo adecuado para este proceso, algo indisociable de la excelencia ética. Hacen falta «guías que sepan dar a la actividad empresarial un impulso permanente hacia lo valioso», explicó ayer López Quintás. La empresa debe tener un ideal a realizar, el cual «debe ser vivido y realizado a diario por los dirigentes».
Ricardo Benjumea
Ética para el éxito
López Quintás cita unas palabras de Juan Pablo II en la encíclica Centessimus annus: «El desarrollo integral de la persona humana en el trabajo no contradice, sino que favorece, más bien, la mayor productividad y eficacia del trabajo mismo».
No parecen muy en desacuerdo con esas palabras estas otras de don Ignacio Larramendi, fundador del Grupo Mapfre: «Sin ética, no se puede triunfar en la empresa a la larga. No es que con ética a veces se pueda triunfar, sino que, a la larga, sin ética no se puede triunfar».
O estas otras, de Roberto Servitje, cofundador de Bimbo: «La columna vertebral de la empresa es su filosofía. Una empresa debe tener algo que la anime, que le inyecte vida, que les dé a los sindicatos sentido, un propósito que vale la pena... La legitimación de la autoridad es la voluntad de servicio; el líder nace para servir».
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