Alfa y Omega > Nº 598 > PequeAlfa
PequeAlfa
Texto: María Martínez López. Ilustraciones: Asun Silva
Los campamentos (en albergue o en tiendas, en el campo o en la montaña, con unas actividades u otras) son una de las actividades favoritas en verano. Hablamos con Amparo González, de 14 años, que lleva varios años yendo, y con el padre Miguel Ruiz de Zárate, que los organiza desde hace 25 años

¿Amparo, a qué campamento vas?
Antes iba a campamentos con el colegio. A los diez años fui a las colonias de la Milicia de Santa María y llevo tres años yendo a sus campamentos en Gredos. Nos juntamos unas 50 chicas de entre 12 y 14 años. Las colonias son para niñas más pequeñas, no te enseñan tanto. En el campamento el día está más organizado, y haces más cosas.

¿Cómo son los días?
Hacemos casi todo al aire libre, y dormimos en tiendas. Nos levantamos sobre las ocho u ocho y media, recogemos, y hacemos un rato de oración. Luego desayunamos, ordenamos la tienda, y tenemos la tarea que hemos escogido: inglés, guitarra, baile, manualidades, teatro... Por la tarde, tenemos un rato de lectura y las reuniones por patrullas (grupos pequeños) sobre temas como la generosidad, el servicio... A veces hacemos una asamblea para ver cómo va el campamento. Luego hay días especiales, porque viene algún obispo o hacemos excursiones, por la montaña o a la laguna.

¿Lo pasaste mal cuando te fuiste de colonias, de pequeña?
Cuando vas de pequeña, al principio echas de menos estar con tus padres en casa. Hay que abrirse, así que se lo conté a mi monitora y me ayudó. Me dijo que no me preocupara más que del día en el que estábamos, de lo que estaba haciendo en ese momento, y que no pensara en todos los que quedaban hasta el final.

¿Qué es lo más divertido?
Para mí es conocer gente nueva (aunque no las conoces bien hasta la mitad del campamento), estar con ella, hablar en las marchas... Y también en el río, donde nos bañamos, pasan muchas cosas divertidas. Hay gente a la que le parece un horror estar en el campo, pero a mí me gusta cambiar de aires, te sientes en contacto con la naturaleza. Pero los bichos no me gustan, y encuentras muchos.

¿Qué le dirías a alguien que fuera a su primer campamento?
Debe, sobre todo, abrirse mucho a la gente, porque así no te centras en tus problemas. Y también que olvide un poco su casa y la vida normal: el móvil, la tele, el ordenador..., que se centre en lo que tiene que hacer. Así se pasa mucho mejor y el tiempo pasa más rápido.
Padre Miguel, ¿qué es lo más importante de los campamentos?
La característica del campamento es la convivencia entre chavales de la misma edad y con adultos. Ahí, la propuesta de vida cristiana no es teoría, sino algo palpable que abarca todos los aspectos de la vida. Yo mismo empecé yendo de pequeño, y lo que descubrí fue que Cristo y la Iglesia eran realidades no sólo mías, sino de más gente con la que podía convivir. Los campamentos nunca son un tiempo para quitarse a los niños de en medio, sino un momento privilegiado para que descubran esto.

Después de ir a campamentos de chico, ahora los organiza. ¿Cómo son?
Los chicos de 10 a 14 años van a Peguerinos, y de 14 a 19 a Picos de Europa. En el de Peguerinos, aparte de la rutina diaria, hacemos un momento de reflexión en el que miramos juntos la vida. Por la mañana hay excursiones, juegos, piscina, talleres (de pintura, plástica, trabajo con telas, globoflexia, talleres de sal, de arena). Los que más les gusta a los chicos es cuando construyen algo con lo que pueden jugar, y cuando hacen cosas bonitas que pueden regalar a otro.

¿El campamento ayuda a ser mejores?
Los chicos colaboran con la limpieza y las tareas del campamento. Saben que participan y construyen con nosotros, y eso les hace crecer en responsabilidad y libertad. Nos preocupa que, mirando, aprendan. Les invitamos a fregar y fregamos con ellos. Rezamos juntos, y jugamos juntos. El niño tiene que aprender a ser él mismo, pero no es un ser aislado, sino en relación con Dios y los demás.

El contacto con la naturaleza es también muy importante, ¿no?
Para ellos es algo muy poco habitual, y descubren varias cosas: que existe y está ahí puesta por Alguien; que hay que conocerla, respetarla y vivir en ella, no dominarla; y que cuando uno se relaciona bien con ella se convierte en algo beneficioso, un regalo.
Pasa en todos los colegios: hay matones que hacen la vida imposible a otros niños sólo porque son diferentes por algo. Algunas de las víctimas son los niños que están enfermos, o tienen alguna discapacidad, por ejemplo, síndrome de Down, o algún defecto físico o retraso mental. Se dice que los niños sois muy crueles por tratar así a otros niños, pero algunos adultos son mucho peores, aunque a escondidas. Hoy en día, por los avances de la Medicina, se puede saber si los niños van a nacer con algún problema, y hay gente que, si es así, los mata cuando todavía están dentro de sus madres.
Ponen muchas excusas: dicen que vivir así no vale la pena, cuando cada vida, aunque sea difícil, es un regalo de Dios y tiene mucho valor; dicen que las personas enfermas o con discapacidades sólo van a sufrir, cuando muchas de ellas pueden ser tanto o más felices que nosotros; dicen que sus padres no van a poder cuidarlos, pero hay muchas familias dispuestas a adoptar a niños con problemas. Además, nos estamos acostumbrando tanto a la idea de que todos los niños tienen que ser sanos, guapos y listos, que se está matando a niños por defectos cada vez más pequeños.
La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Sydney va a tener una embajadora muy especial, que podrá conocer al Papa: una niña de siete años, Sophie Delezio. Siendo tan pequeña, ha estado a punto de morir dos veces en dos accidentes distintos, pero sus ganas de vivir, la fe de su familia y las oraciones de mucha gente la han ayudado a salir adelante. Cuando tenía dos años, un coche se estrelló contra su guardería y causó un incendio. Se le quemó casi todo el cuerpo (y aunque se curó, hoy le quedan cicatrices), y perdió los pies, algunos dedos y una oreja. Desde entonces la llevaban siempre en una sillita. Cuando tenía cinco años, un coche atropelló la sillita donde iba, y perdió las piernas. Ha tenido que estar muchas veces en el hospital, pero mucha gente de Australia conocía su historia y rezaron mucho por ella. Sus padres han explicado: «La fe en Cristo y en la Iglesia nos han dado fuerza para seguir adelante, y a Sophie la esperanza en el futuro. Ser embajadora de la JMJ es una manera de agradecérselo a Dios y a la Iglesia».
El jueves pasado se celebró la Jornada Mundial contra el trabajo infantil. En el mundo, hay 165 millones de niños entre los 5 y los 14 años que trabajan, casi la mitad de ellos en actividades peligrosas. Estos niños trabajan más horas que las que trabajan los adultos en los países ricos, para ganar un dinero que es muy poco, pero que sus familias necesitan para salir adelante. Últimamente, además, los precios de los alimentos básicos están subiendo mucho en todo el mundo de forma muy rápida, por lo que más familias más pobres se están viendo obligadas a poner a sus hijos a trabajar para ganar más dinero y poder comprar comida.
Libros
Portada del libro
Título: Vida de la Madre María Félix
Autor: Compañía del Salvador
Editorial: Compañía del Salvador
Edad: A partir de 9 años

El año pasado se cumplieron cien años del nacimiento de la Madre María Félix, una religiosa española que fundó una congregación (la Compañía del Salvador) y los colegios Mater Salvatoris, que están en España y en otros países, como Venezuela. Con motivo del centenario, la Compañía del Salvador ha editado un bonito libro ilustrado en el que cuenta a los niños la vida de esta religiosa y cómo quiso enseñar a los niños a querer más a Jesús. Más información: www.mariafelix.org
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