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Cristiano=libre

No hay política al margen de la antropología ni, por tanto, de la teología. Lo explica el cardenal Carles, arzobispo emérito de Barcelona, en La Razón, y cita ni más ni menos que a Proudhon, que, en sus Confesiones de un revolucionario, dejó escrito: «Es cosa que admira el ver de qué manera en todas nuestras cuestiones políticas tropezamos siempre con la teología». La máxima es hoy igual de válida, sólo que no suele ser evidente a primera vista. Rafael Serrano, en Aceprensa, e Ignacio Sánchez Cámara, en La Gaceta, se toman la molestia de considerar en serio el Proyecto Gran Simio, y analizan la antropología y la teología que subyacen. «Se trata de un ataque radical a la idea de la dignidad de la persona humana -escribe Sánchez Cámara-... El pretexto es elevar lo inferior, pero en realidad consiste en deprimir lo superior. El propósito no es otro sino suprimir la realidad espiritual. Es la solución final del proyecto de destruir la espiritualidad humana».
Por qué tanto empeño en esta tarea lo explica Juan Manuel de Prada en ABC, que comenta la rabieta de algunos contra los símbolos cristianos. «El laicismo reacciona ante la visión de un crucifijo como reaccionaría el conde Drácula o la niña de El exorcista». Pero no es sólo un problema personal. «El crucifijo, en fin, sólo puede injuriar a quienes desean que arrojemos incienso ante la estatua del Emperador».
Pero, gracias a Dios, nunca faltan cristianos con el valor suficiente para plantarse ante el César. Acaba de hacerlo el Presidente de E cristians, don José Miró i Ardevol, que abandona el partido que contribuyó a fundar, Convergencia Democrática de Cataluña, socia mayor en CiU. «Entre lo que considero que es fidelidad a mis creencias y el partidismo político no tengo dudas», explica en su blog, en Forum Libertas. El partido ha asumido posiciones que un cristiano no puede compartir en materia de derecho a la vida, matrimonio, familia y libertad de educación, lo que supone «un engaño a la buena gente que cree en una CDC que ya no existe».
De forma más clara que ese partido, sin embargo, otros muchos en Europa se reconocen explícitamente en los valores del humanismo cristiano. Los democristianos alemanes son un claro referente. El Presidente del grupo parlamentario de la CDU/CSU en el Bundestag o Cámara Baja, Volker Kauder, aclara en el Frankfurter Allgemeine Zeitung en qué sentido la C (de cristiano) es programa para su partido. «Un partido democristiano no es un partido de las Iglesias ni de los cristianos». La clave está en que «el cristianismo nos regala la concepción cristiana de la persona», caracterizada por «la creatividad y su condición de criatura». La semejanza a Dios es fundamento de nuestra libertad: «Un cristiano es un hombre libre sobre todas las cosas», y todo individuo está dotado de dignidad humana. Por ello, toda vida debe ser defendida «desde el comienzo de la vida humana hasta su final». En negativo, explica el homólogo alemán de doña Soraya Sáez de Santamaría, esto significa que nadie puede quitar la vida a otro, porque «todo hombre es semejante a Dios, pero ninguno igual».
Por desgracia, hay quien sí lo cree. Cristina López Schlichting escribe, desde La Razón, a don Luis Montes, de quien el Colegio de Médicos de Madrid ha dicho que aplicó sedaciones injustificadas a pacientes del hospital Severo Ochoa, en decenas de casos. «Usted entendía, simplemente, que su calidad de vida no era la adecuada. Y no preguntó ni a esos señores ni a sus familias. Esto tiene un nombre muy feo, doctor... Lo malo es que el Gobierno le apoya, Zapatero lo ha felicitado en público, nuestro Presidente está de acuerdo en que gente como usted decida sobre la vida y la muerte... No me gusta su progreso social, doctor. No quiero morir en manos de gente como usted».
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