Alfa y Omega > Nº 603 > Testimonio
Fidel Mateos, salmantino de 25 años, cuenta la comida de 12 jóvenes con Benedicto XVI
Almuerzo en familia
Fue una comida sencilla, pero la compañía era excelente. Entre todas sus intervenciones públicas en la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney, el Papa Benedicto XVI quiso invitar a comer a 12 jóvenes de todo el mundo, en esta ocasión para escucharlos. Fidel Mateos, un joven periodista de Salamanca, fue uno de los afortunados que pudo compartir sus experiencias e inquietudes con el Santo Padre
Un momento de la comida de 12 jóvenes
con el Papa Benedicto XVI
Sopa de patata con pera, pollo y tarta de limón con merengue y fruta. «Una comida sencilla, no demasiado abundante, pero muy rica». Así la define Fidel Mateos, el joven salmantino que, el pasado viernes, tuvo la oportunidad, junto a otros 11 jóvenes de todo el mundo, de compartir una comida con el Papa Benedicto XVI.
El Papa, que ha pasado estos días hablando a los jóvenes, aprovechó la ocasión para encontrarse con algunos de ellos: «Habló más bien poco. Se dedicó, sobre todo, a escuchar, a intentar conocer lo que vivíamos cada uno. El cardenal Pell nos iba presentando a cada uno, e íbamos contando de dónde veníamos, quiénes éramos, cuál era nuestro trabajo y nuestra labor en la Iglesia. También hablábamos entre nosotros, y el Papa escuchaba, como si estuviéramos en casa. Actuaba con enorme cercanía y normalidad. Fue todo muy agradable». Tanto, que hasta los más tímidos, como la chica brasileña, que al principio no se atrevía a intervenir, «terminó hablando tanto, que el cardenal Pell tuvo que sugerirle que dejara algo a los demás».
El Papa mostró especial interés por las explicaciones sobre África y Asia, «especialmente las de un joven del Congo, que habló de la situación de los católicos allí, donde son minoría y además hay una guerra. Le ha dicho al Papa que sería un regalo para los africanos que se les visitara». Cuando le llegó el turno a España, «le dije que los jóvenes le tienen mucho cariño, y muchísimas ganas de recibirle cuando él quiera». Fidel también le contó que «intento acercarme a otros jóvenes y ser coherente con mi vida, para que tengan la oportunidad de tener una imagen positiva de la Iglesia».
Además del encuentro con el Papa, la comida le sirvió a Fidel para conocer a «gente formada, que sabe con claridad lo que es la Iglesia y quiere implicarse en ella», a pesar de las dificultades que hay en cada país, «con mucha ilusión y muchas ganas». Comprobar cómo «cada uno está comprometido en el día a día de sus ambientes y grupos» fue enriquecedor, y les ayudó a sentirse como si se conocieran de toda la vida.
Él se encontraba en Sydney como miembro de la delegación del Departamento de Juventud, de la Conferencia Episcopal Española. Como tal, no pudo compartir con otros jóvenes españoles tanto tiempo como le hubiera gustado, pero pudo hablar lo suficiente con ellos como para saber que estaban «muy contentos. Muchos de ellos estaban alojados en familias, muy repartidos por los barrios, compartiendo cómo viven los católicos en Sydney. Los han acogido muy bien y nos decían que la Jornada estaba saliendo fenomenal».
Cristo, en el centro
Los peregrinos también mostraban mucho interés por los mensajes del Papa, «los escuchaban con atención y los comentaban entre ellos». Entre todo lo dicho estos días, a Fidel le llamó especialmente la atención la «centralidad de Cristo», y la invitación «a mirarle y llegar al Cristo real dentro de la Iglesia, apartando ideologías como el relativismo», algo que se ha repetido también mucho en las catequesis de los obispos y cardenales.
Pero, en las conversaciones entre los peregrinos españoles, no podía faltar la elección de Madrid como próxima sede de la Jornada Mundial de la Juventud en 2011. Incluso antes de que el Papa lo anunciara, tras las insinuaciones del padre Lombardi, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, «había ya todo un clamor de que iba a ser Madrid. Los españoles lo acogieron con alegría y ya estuvieron haciendo amigos y promocionándolo». Otros países han compartido la alegría: «A los hispanoamericanos les ha parecido fenomenal. Nos decían: Nos veremos allí, claro que iré. Ya anuncian que esperan tener una presencia fuerte. Los italianos también están encantados, porque nuestro carácter es muy parecido al suyo, y ya han estado haciendo contactos para ir a conocer Madrid».
De la comida con los jóvenes, el Papa se llevó, como recuerdo de España, un rosario en plata de filigrana charra típica de Salamanca, la primera edición del proyecto marco de Pastoral Juvenil, de la Conferencia Episcopal Española y un obsequio relacionado con Santiago de Compostela que, sin ser tan llamativo como las orejas de Micky Mouse que le llevó un estadounidense, de origen mejicano, despertó su curiosidad e hizo posible un breve intercambio sobre el Camino.
Fidel y los demás jóvenes recibieron del Papa una medalla conmemorativa de la JMJ. Les ayudará a recordar este encuentro, que les ha reafirmado, «delante del sucesor de Pedro», en su fe cristiana y en su labor «dentro y al servicio de la Iglesia de Cristo». Ahora, ya de vuelta en España, Fidel espera , por fin, «poder leer con tranquilidad todos los discursos del Papa».
María Martínez López