Alfa y Omega > Nº 603 > España
Sydney, Santiago... y Madrid
Tan lejos, tan cerca
Con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud en Sydney se celebró, durante el pasado fin de semana, un encuentro paralelo en Santiago de Compostela. Las conexiones en directo con Sydney, los testimonios, la música en directo y las diferentes celebraciones que tuvieron lugar en la archidiócesis compostelana no hicieron sino acrecentar, pese a la distancia, la misma fe y la unión con el Papa
Un momento de la Vigilia,
en Santiago de Compostela
Los actos del encuentro en Santiago de Compostela comenzaron, el pasado viernes, con un acto de acogida presidido por monseñor Francisco Cerro, uno de los obispos responsables del Departamento de Pastoral de Juventud, de la Conferencia Episcopal Española. Fue un acto festivo, con canciones, con música, con testimonios de jóvenes que han hecho durante estos días el Camino de Santiago, procedentes de todas partes del mundo, y también con palabras de jóvenes que han participado en otras Jornadas Mundiales de la Juventud. Durante esa misma noche, se celebró una Vigilia de oración en la iglesia de San Martín Pinario -de aquí partió, siendo abadía benedictina, fray Rosendo Salvado, pionero de la evangelización de Australia-, con la participación de unos 250 jóvenes, y previamente hubo un festivo acto de acogida en esa plaza, en la que actuó la tuna de Derecho de la Universidad de Santiago. Allí, el catedrático don Mario Clavell habló sobre la relación entre el Camino de Santiago y los peregrinos, estableciendo un sugestivo paralelismo con varios documentos del Papa Benedicto XVI. Y luego, ya dentro de la iglesia y durante la Vigilia, se hizo un repaso de otras Jornadas Mundiales de la Juventud, al hilo de sus eslóganes, todo seguido de una celebración de la Palabra y exposición del Santísimo, con una meditación dirigida por monseñor Francisco Cerro. Los jóvenes participantes en este encuentro paralelo celebrado en Santiago procedían de toda Galicia, y a ellos se sumó un grupo considerable venido de las diócesis de Castilla y León, y bastantes peregrinos, muchos extranjeros, que habían terminado el Camino en los días previos.
Al día siguiente, sábado, se estableció la primera conexión con la Vigilia que tuvo lugar en Sydney, presidida por Benedicto XVI, y se hizo una celebración de la Reconciliación en el monasterio de las benedictinas, presidida por monseñor Carlos López, obispo de Salamanca, en la que cerca de treinta sacerdotes ofrecieron este sacramento a los jóvenes. Más tarde, tuvo lugar una multitudinaria celebración de la Eucaristía en la catedral de Santiago, tras la cual los peregrinos pudieron dar el tradicional abrazo al Apóstol y visitar su tumba. Y ya por la noche, una velada con una actuación de guiñoles a cargo del grupo Valiván, basada en las parábolas de Jesús, dejó a los presentes boquiabiertos. También hubo la actuación cómica de un faquir, un grupo de jotas castellanas y otro de música pop. Y a continuación se hizo una última conexión con Sydney, para seguir en directo la Eucaristía presidida por el Papa. Esa noche, se acercaron muchas personas desde toda Galicia, para vivir juntos este encuentro.
Todo concluyó el domingo con la Eucaristía en el Seminario Menor, en la que se recogió todo el ambiente festivo que se había vivido el fin de semana. Para don Javier Porro, delegado de Pastoral de la Juventud de la archidiócesis compostelana, «todo lo vivido en Santiago durante estos días se ha celebrado en medio de un ambiente extraordinario. Además, el anuncio de la celebración de la próxima Jornada Mundial de la Juventud en Madrid, en el año 2011, para nosotros es también un reto muy grande, porque el año 2010 es Año Santo Compostelano, lo que esperamos sirva como preparación a la Jornada de Madrid. Y, además, el año que viene vamos a celebrar también el XX aniversario de la Jornada Mundial de la Juventud que se celebró aquí en el año 1989, lo cual es también una fecha muy especial para nosotros». En definitiva, el encuentro celebrado durante este fin de semana en Santiago confirma que, pese a la distancia, la fe no conoce fronteras.
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo