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La crisis

Tenemos el deber moral, hacia las futuras generaciones, de preservar la naturaleza, pero no hay deber alguno que garantice a esas generaciones el derecho de nacer... ¿Contradictorio? Cuando la crisis moral resulte insostenible, algún lince dirá, con la expresión muy seria: «El sistema necesita regulación».
La crisis financiera ha estallado cuando el mercado ha dejado de comprar basura con preciosos envoltorios. Los mejores cerebros de Wall Street dedicaban todas sus fuerzas a idear nuevas formas de venderla. Los millones volaban de un lado para otro, y nadie preguntaba demasiado. Lo advierte a chaqueteros y desagradecidos el seminario The Economist: ese tipo de capitalismo, ahora tan denostado, ha permitido largos años de crecimiento sin inflación...
Convendrá recordar todo esto cuando la violencia y la descomposición social estén tan extendidas que no haya más remedio que afrontar nuestra crisis moral. Los mejores lugares de la plaza pública están hoy reservados a cerebros que se dedican a fabricar envoltorios para vender apestosos excrementos: aborto (interrupción voluntaria del embarazo, derechos de la mujer...), criba de ancianos y enfermos (muerte digna, autonomía personal...), divorcio y destrucción de la familia (liberación de la mujer, derechos de la minorías...) La crisis no llegará cuando desaparezca el mercado para toda esa basura. Al contrario, ése será el principio de la salvación. Pero habrá entonces quien recuerde que «aquella moral ahora tan denostada permitió largos años de fiesta», en contraposición a décadas anteriores de supuesto oscurantismo conservador (llámese -según el país- puritanismo, patriarcado, nacional-catolicismo...) Los hijos de familias rotas y los inmigrantes explotados, en cambio, seguramente no echen de menos la fiesta.
Ricardo Benjumea
ONO
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