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Esto ha dicho el Concilio
Es necesario que los fieles católicos, en la acción ecuménica, se preocupen de los hermanos separados, orando por ellos, tratando con ellos de las cosas de la Iglesia, dando los primeros pasos hacia ellos. Pero, sobre todo, ellos mismos deben considerar con ánimo sincero y atento todo aquello que hay que renovar y llevar a cabo en la propia familia católica, para que su vida dé un testimonio más fiel y más claro de la doctrina y de las normas entregadas por Cristo por medio de los Apóstoles. Pues aunque la Iglesia católica está enriquecida por toda la verdad revelada por Dios y todos los medios de la gracia, sin embargo sus miembros no viven con todo el fervor que a ello corresponde; de suerte que el rostro de la Iglesia resplandece menos ante nuestros hermanos separados y el mundo entero, y se retrasa el crecimiento del reino de Dios. Por lo tanto, todos los católicos deben tender a la perfección cristiana y, cada uno según su condición, esforzarse para que la Iglesia se purifique y se renueve cada día más, hasta que Cristo se la presente a sí mismo gloriosa, sin mancha ni arruga. Por otra parte, es necesario que los católicos reconozcan con gozo y aprecien los bienes verdaderamente cristianos, procedentes del patrimonio común, que se encuentran en nuestros hermanos separados. Es justo y saludable reconocer las riquezas de Cristo y las obras de virtud en la vida de otros que dan testimonio de Cristo, a veces hasta el derramamiento de la sangre: Dios es siempre admirable y digno de admiración en sus obras. No hay que olvidar tampoco que todo lo que la gracia del Espíritu obra en los hermanos separados puede contribuir también a nuestra edificación. Sin embargo, las divisiones entre los cristianos son un obstáculo para que la Iglesia lleve a cabo la plenitud de la catolicidad que le es propia en aquellos hijos que, incorporados a ella ciertamente por el Bautismo, están, sin embargo, separados de su plena comunión. Incluso se hace más difícil para la propia Iglesia expresar la plenitud de la catolicidad bajo todos los aspectos en la realidad misma de la vida.
Decreto Unitatis redintegratio, 4b