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Con la gentileza de

En la fiesta de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael
El príncipe de los ángeles
San Miguel, victorioso en la batalla contra Satán, es el protector por antonomasia de los fieles frente al mal. Por ello, abundan las iglesias dedicadas a él, también en nuestro país. En la localidad palentina de Aguilar de Campoo se encuentra una de estos templos, cuyo retablo mayor luce como nuevo, tras una cuidadosa restauración
Iglesia de San Miguel en Aguilar de Campoo
El arcángel san Miguel, jefe de los ejércitos del Señor, es un protagonista clave del principio y el final de la historia de la salvación. Según la tradición que cristianos y judíos comparten, su fidelidad a Dios hizo que, al rebelarse Lucifer y sus seguidores, él, al grito de ¿Quién como Dios?, confirmara en la obediencia a la mayoría de la corte celestial. En el Apocalipsis aparece jugando un papel muy similar, «luchando contra el Dragón». Así se le suele representar: un ángel con armadura sobre el demonio, con forma de serpiente o dragón, armado con una lanza o espada, y, en ocasiones, con una balanza en la otra mano para pesar las almas.
Con distintos matices, la devoción al príncipe de los ángeles se mantiene en el cristianismo (especialmente entre católicos y ortodoxos), en el judaísmo e incluso en el Islam. En el Antiguo Testamento, en particular en el libro de Daniel, y en la tradición rabínica, aparece como defensor del pueblo de Israel ante las tribulaciones. Con la Nueva Alianza, este rol de jefe militar fue dando paso al de defensor de la santidad de Dios, y es reconocido, sobre todo, como protector de los cristianos contra los poderes diabólicos, especialmente a la hora de la muerte, defendiéndolos de las últimas tentaciones y conduciendo a las almas al Paraíso.
Unido a la Eucaristía
Por esta razón la devoción a san Miguel suele renovarse en los tiempos de dificultad. Así ocurrió, por ejemplo, durante la Contrarreforma, cuando proliferó la imagen del arcángel expulsando a los ángeles rebeldes del Cielo, como imagen de la Iglesia de Cristo en lucha contra las herejías. Su presencia en la iglesia de Aguilar de Campoo, sin embargo, no se puede atribuir a esto, pues, aunque su retablo es del siglo XVI, la titularidad de la iglesia y la imagen del arcángel que preside el retablo son muy anteriores. El lugar donde está, justo encima del sagrario, también es significativo. Por su especial cercanía a Dios, también se vincula a san Miguel de forma muy íntima con la Eucaristía, pues preside el culto a Dios y le ofrece las oraciones de los fieles, simbolizadas en el incienso.
En un segundo nivel se encuentra la Asunción, y el retablo está coronado con un Calvario y la imagen de Dios Padre. El resto del retablo está dedicado a varios misterios de la vida de la Virgen, además de algunas imágenes relacionadas con la resurrección de Cristo, que se aprovecharon del retablo anterior. Por el mismo motivo, hay dos juegos distintos de evangelistas.
En los últimos años, entre noviembre de 2005 y febrero de 2007, la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León restauró todo el retablo, en el cual no se tuvo sólo que reparar el deterioro de las imágenes, sino vencer incluso vicios en la misma estructura del retablo. Aprovechado la ocasión, también realizó la exposición Los secretos del silencio, para acercar a la gente tanto el significado de las obras como la labor de restauración.
María Martínez López
Un aliado para nuestros tiempos
En 1884, mientras estaba reunido con los cardenales en su capilla privada del Vaticano, el Papa León XIII tuvo una visión del demonio desafiando a Dios, y pidiéndole cien años para poder influenciar al mundo como nunca antes y destruir así la Iglesia. Acto seguido, vio a san Miguel aparecer y lanzar a todas sus huestes al infierno. Luego se encerró para escribir la siguiente oración, que ordenó que se recitara después de las misas (aunque desde el Concilio Vaticano II no es obligatorio): «San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las asechanzas del demonio. Que Dios le reprima, es nuestra humilde súplica; y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, con la fuerza que Dios te ha dado, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén».
Tres décadas más tarde, en 1916, san Miguel se apareció junto a la Virgen a los pastorcillos de Fátima en tres ocasiones. En su primera aparición, arrodillado en tierra, pidió a los tres pastorcitos que rezaran con él: «Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman». La segunda vez, insistió en la necesidad de oración y sacrificios, y en la tercera les enseñó esta oración, mientras adoraba la Eucaristía: «Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores».