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Habla el Papa
Crisis conyugal
Al Movimiento Retrouvaille

El Espíritu Santo suscita respuestas adecuadas a las necesidades de todas las épocas. En nuestros días, la separación y los divorcios se han convertido en una emergencia muy sentida. Por tanto, fue providencial la intuición de los cónyuges Guy y Jeannine Beland, en 1977, de ayudar a las parejas en grave crisis.
La crisis conyugal constituye una realidad con dos caras. Se presenta como la prueba de que el sueño ha terminado. Pero hay otra cara, que desconocemos con frecuencia, pero que Dios ve. Toda crisis constituye el paso a una nueva fase de la vida. En los momentos más oscuros, los cónyuges han perdido la esperanza; entonces se da la necesidad de auténticos amigos dispuestos a compartir su esperanza con ellos. Pero no de manera sentimental o superficial, sino organizada y realista. En el momento de la ruptura, ofrecéis una referencia en la que confiar frente a la desesperación. Os veo como a custodios de una esperanza más grande para los esposos que la han perdido.
Cuando una pareja en dificultad o incluso ya separada se encomienda a María y se dirige a Aquel que ha hecho de los dos una sola carne, puede estar segura de que la crisis se convertirá en un momento de crecimiento. Esto sólo lo puede hacer Dios, que quiere servirse de sus discípulos como de válidos colaboradores para acercarse a las parejas. Reaviva y hace que vuelva a arder la llama; no como en el enamoramiento, sino de una manera diferente, más intensa y profunda.
Queridos amigos al servicio de los demás en un campo tan delicado: os aseguro mi oración. Vuestro servicio va contra corriente. Hoy, cuando una pareja entra en crisis, se encuentra con muchas personas dispuestas a aconsejar la separación. Incluso a los esposos casados en el nombre del Señor se les propone con facilidad el divorcio.
(26-IX-2006)