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No es verdad


MMingote, en ABC
Mientras en Vascongadas una parte de los vascos elige por cuarta vez como candidato a lehendakari a un Ibarreche que, cerrilmente, se empeña en cargarse unilateralmente las reglas del juego democrático que afectan, no sólo a unos vascos y vascas, sino a todos los españoles, los Ayuntamientos en los que ocupan poltronas ensangrentadas representantes de organizaciones políticas que han sido declaradas ilegales siguen sin ser disueltos, a pesar de que hay mecanismos legales más que suficientes para ello. Va siendo hora ya de que el Estado, a través del Gobierno, pase de la palabrería retórica (ETA nunca nos va a ganar), en la que llevamos más de 40 años, a hechos terminantes y concretos, como la disolución de esos Ayuntamientos y su vuelta a la legalidad. Ahí, narcos aparte, podría desempeñar un papel verdaderamente práctico y útil el juez Garzón, en vez de dedicarse a exhumar viejos rencores y heridas que la más elemental sensatez, no ya política ni judicial, sino humana, recomienda. El genio de Mingote ha pintado un náufrago que desde un salvavidas grita: ¡Necesitamos un Gobierno progresista que nos haga progresar hasta 1978!
No faltan corifeos que azuzan al juez Garzón con titulares como Garzón pone firmes a los obispos, que aparte de provocadores y falsos, harían troncharse de risa si no dieran ganas de llorar. El diario El País tituló la reciente intervención del cardenal arzobispo de Madrid y Presidente de la Conferencia Episcopal Española en un Foro periodístico así: Rouco ataca la memoria histórica por trasladar la Guerra Civil a los jóvenes. Y con este subtítulo: El cardenal de Madrid promueve miles de beatificaciones del bando vencedor. Hace falta no sólo no tener las ideas claras, sino tener muchas ganas de ensuciar y oscurecer las ideas de los demás para mezclar la sangre de los mártires ignominiosamente asesinados durante la Guerra Civil con la Guerra Civil misma, como si los mártires tuvieran la culpa de aquella incivil guerra fratricida... Son cosas que sólo se le ocurren a un diario tan sectario y tan beligerantemente anticatólico como el que lleva a su portada la foto del nuevo Presidente del Tribunal Supremo saludando al cardenal arzobispo de Madrid, con el título: El jefe de los jueces se estrena junto a su amigo Rouco, y al que le molesta hasta que, con ocasión del comienzo del Año Judicial, los magistrados católicos quieran celebrar una misa en memoria de los magistrados fallecidos durante el año. Así entiende, desgraciadamente, El País el respeto al inalienable derecho a la libertad religiosa y así entiende también la laicidad. El cardenal arzobispo de París, tras la histórica visita de Benedicto XVI a París y Lourdes, y tras el discurso del Presidente Sarkozy sobre la laicidad positiva, ha declarado: «La pertenencia religiosa ha dejado de ser un tabú y se considera útil para la sociedad». ¿Cuánto tardarán en enterarse, en La Moncloa y en El País, de algo tan constatable, también en España? ¿Tal vez necesitan que se lo explique, por ejemplo, Leonardo Boff, que sin el menor pudor intelectual acaba de afirmar: «El Papa no tiene un proyecto de Iglesia»? Vivimos en una sociedad tan cloroformizada por el relativismo, que da como aceptable -y, naturalmente, los mismos de siempre se apresuran a destacarlo en los medios- que el físico y premio Nobel Stephen Hawking salga diciendo, a estas alturas de la película, que «la ciencia no deja mucho espacio para Dios». Lo curioso y lo verdaderamente interesante es que Dios sí deja espacio para la ciencia, y hasta para científicos como Hawking, que dicen eso tras una presunta peregrinación a la tumba del apóstol Santiago. Giovanni Guareschi ironizaba, en su Don Camilo, sobre los cretinos que, en lugar de ser unos cretinos cualquiera, creían ser unos cretinos importantes.
Luc Ferry, filósofo y ex ministro francés de Educación, ha reflexionado y ha hecho reflexionar, en una reciente entrevista, publicada por La Razón, bajo este elocuentísimo título: Todo está permitido, pero seguimos insatisfechos. Efectivamente, en este mundo tan super tecnificado, tan avanzado, tan todo, el ser humano concreto, cada uno de nosotros con nuestro nombre y apellido -Hawking incluído- andamos a la búsqueda de las huellas de Dios en la creación, y cuanto más se nos permite todo, más insatisfechos nos sentimos; incluido el cineasta Rosales, que en el Festival de Cine de San Sebastián, dictamina que, «en esto de ETA, no hay buenos y malos...»
Gonzalo de Berceo
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