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¿Hablamos en serio?
La escena es una desternillante metáfora de nuestro tiempo... En Villaba, Navarra, gobierna Nafarroa Bai, que se niega a retirar del salón de plenos del Ayuntamiento la Ikurriña, bandera oficial vasca, colocada por la filoetarra ANV. «Cuestión de sentimientos». Apelando también a los sentimientos, el grupo socialista desplegó una bandera del grupo de rock Iron Maiden. Y UPN, otra del club de fútbol Osasuna... Por supuesto, hay una ley que regula el uso de banderas, pero el Derecho en España es relativo cuando afecta al nacionalismo -en cualquier versión-, a las clínicas abortistas o a la prerrogativa de la izquierda y de ciertos caciques locales de imponer su ideología por cualesquiera medios. ¿La moraleja? Que no hay ley que valga sin acuerdo previo en torno a ciertos principios éticos, principios que deberán estar suficientemente asentados como para no temer imponerlos con todo el peso de la ley, si fuera necesario.
Otra metáfora más: un consejero madrileño vive permanentemente expuesto al peligro de un mamporrazo, por presunta privatización de la sanidad pública. En Madrid no hay más servicios sanitarios externalizados que en otras Comunidades gobernadas por otros partidos, pero las siglas imprimen carácter. En todo caso, entre exabruptos, a veces se escuchan argumentos interesantes: las privatizaciones (no entraremos en si alteran la condición pública de un servicio) son irreversibles a corto y medio plazo.
Ése es el punto. ¿Lo fiamos todo a la mayoría simple, o ponemos límites? Más irreversible que una privatización es el exterminio de niños no nacidos. Y tampoco tiene fácil arreglo la empanada mental que inculca el sistema educativo en los jóvenes... La cuestión, en definitiva, es que no hay muchas opciones: o nos sentamos a hablar en serio, o cada cual desplegará su bandera, y allá se las arregle el resto.
Ricardo Benjumea
