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Congreso en Alcalá de Henares: La familia, en la encrucijada
Es la hora de los laicos
Los obispos alzan su voz frente a los ataques contra el derecho a la vida y contra las instituciones del matrimonio y de la familia. Pero no basta: todos los fieles están llamados a dar testimonio en estos ámbitos tan decisivos... Con esta exhortación del obispo de Alcalá de Henares (Madrid), monseñor Catalá, comenzaba el Congreso La familia en la encrucijada, que reunió, el pasado fin de semana, a pastores, expertos y católicos comprometidos en la propagación de la cultura de la vida
Una familia ofrece su testimonio en la celebración
Por la familia cristiana, del pasado 30 de diciembre
Monseñor Jesús Catalá comenzó su intervención con una elocuente cita de san Pedro: «Salvaos de esta generación perversa». La vigencia de estas palabras, a su juicio, es hoy plena. «No penséis como una sociedad que se ha alejado de Dios», dice el obispo de Alcalá. No se trata de declarar la guerra al mundo. Lo que pide es justamente lo contrario: hay trabajar sin descanso por su salvación. Los frutos de la conversión serían inmediatos. «Si nuestra sociedad se dejase iluminar por la luz del Evangelio», dice, experimentaría «mucho mayor gozo y libertad». En negativo, basta pensar en las terribles cifras de muertes de niños no nacidos, de hogares rotos, de ancianos solos... ¿Es ése el mundo que queremos?
El compromiso de la Iglesia
No basta -advirtió- con que los obispos alcen su voz. Los laicos, en virtud de su «responsabilidad bautismal», deben ofrecer su testimonio en defensa de la familia y de la vida. Es un testimonio «cada vez más necesario», aunque, «gracias a Dios, cada vez más laicos se empeñan en estas cuestiones de vital importancia». De hecho, el propio Congreso La familia en la encrucijada ha ofrecido un cuadro fiel sobre cómo la Iglesia entera defiende estas realidades. Estuvo el cardenal Rouco, arzobispo de Madrid, donde se prestará este curso una atención pastoral muy especial a las familias y a los jóvenes; el obispo auxiliar de Bilbao, monseñor Mario Iceta, gran experto en bioética; monseñor Reig Pla, obispo de Cartagena, que habló sobre la ideología de género... Y, junto a ellos, personalidades del mundo asociativo, que han destacado en su labor de divulgación social y movilización en defensa de estos valores, como la Presidenta de la Red europea del Instituto de Política Familiar, doña Lola Velarde, consultora del Consejo Pontificio para los Laicos; don Carlos Cremades, Presidente de la Unión Familiar Española; o don Benigno Blanco, Presidente del Foro Español de la Familia, asociación que, gracias a su extensa red de voluntariado, ha podido liderar una gran movilización social por la vida y la familia y ofrecer a los Parlamentos autonómicos toda una serie de propuestas y medidas a favor de la mujer embarazada con problemas, para liberarla de la presión que la empuja a deshacerse de su hijo.
Intervinieron también los principales responsables de Profesionales por la Ética, referente indiscutible del movimiento social contra la imposición de la asignatura Educación para la ciudadanía y en defensa del derecho a que se eduque a los hijos en la escuela conforme a las convicciones morales y religiosas de los padres...Y Cristina López Schlichting, que ha dado voz desde la COPE a todas estas realidades asociativas y a sus reivindicaciones, o el ex Vicepresidente del Tribunal Constitucional don José Gabaldón, que puso algunas de las primeras piedras en España de este movimiento asociativo de clara inspiración católica. Completaron el panel catedráticos y profesores universitarios, en buena medida responsables de la solvencia de todas estas propuestas.
Ricardo Benjumea
«El Estado se ha apropiado de la familia»
Por primera vez en la historia de la civilización, se cuestiona que el matrimonio sea algo distinto que la unión hombre y mujer, o que la familia sea un matrimonio con hijos, advirtió el cardenal Rouco en la conferencia inaugural del Congreso La Familia en la encrucijada. Basta una simple mayoría parlamentaria para alterar la definición de estas realidades. El fundamento ideológico que lo permite es la teoría de género, de «muy escasa consistencia» intelectual, pero de gran predicamento en las escuelas y centros de difusión cultural. «Uno elige su sexo. No nace... ¡Resulta tan llamativo! La lógica falla estrepitosamente, y con ella, la ética, la estética, la cultura...» Se trata de una «verdadera revolución cultural», cuyas consecuencias más trágicas están aún por verse, aunque hay suficientes datos que deberían suscitar preocupación. Entre ellos, el cardenal citó el hundimiento demográfico y «las situaciones de soledad personal, que se dan en cada vez más número, y en todas las edades», incluso en la infancia.
Un primer origen del problema lo sitúa el cardenal Rouco en la Reforma protestante, que niega el carácter sacramental del matrimonio. Después, el pensamiento racionalista negará su carácter trascendente, aunque los juristas mantienen un derecho natural desprovisto de trascendencia. Por último, en los siglos XIX y XX, se elimina también aquella referencia, y el matrimonio y la familia pasan a ser realidades instituidas por el Estado... En definitiva -resumió el arzobispo de Madrid-, «el hombre quiere colocarse en lugar de Dios, especialmente a través del Estado, con todo su enorme poder». A ello hay que añadir la disociación entre sexo y procreación, que pone en cuestión la donación mutua entre los esposos. Esa donación la comprobamos en toda su grandeza en el matrimonio cristiano: «No es casualidad que el ser humano sea hombre y mujer. Tiene que ver con la realidad de Dios, que es amor y vida... Los niños nacen porque se quieren los padres sin límites. Hay una comunión que no tiene miedo a que vengan los niños; eso es lo normal, en función no sólo de la biología, sino de la realidad espiritual subyacente. Ese amor pide al niño».