Alfa y Omega > Nº 610 > España
La caridad resiste a la crisis
Los medios de comunicación llevan ya un tiempo tomándole la temperatura a la crisis económica, y no hay día en el que no nos desayunemos con la evolución de los datos macroeconómicos y la fluctuación de la Bolsa. Sin embargo, muchos llevan ya años pasando por una auténtica recesión en su vida personal y familiar, que les obliga incluso a pedir ayuda para comer

Angélica es una mujer mayor, de sonrisa débil y de acento lejano, que se resguarda bajo la puerta de la casa de las Misioneras del Santísimo Sacramento para hacer frente al frío que acaba de entrar estos días en Madrid. Allí, en pleno barrio de Chueca, espera que le den algo para desayunar y un poco de comida para pasar el día. Son las nueve de la mañana, y poco a poco empiezan a llegar más personas: varios inmigrantes, un par de españoles entrados ya en la cincuentena, algún borracho..., algunos de ellos con aspecto de haber pasado la noche en la calle. Uno de ellos ojea un periódico gratuito, en el que aparecen las últimas noticias sobre la crisis económica, el cierre de Lehman Brothers, la crisis en Wall Street: noticias que parecen muy lejanas cuando uno hace cola para poder empezar el día comiendo algo.
«Hace un año -cuenta Angélica-, yo estaba trabajando por horas, pero ahora no puedo trabajar porque mi madre se pone nerviosa cuando se levanta y empieza a llorar diciendo que está sola. Yo tengo que cuidarla, porque soy la única que se hace cargo de mi madre enferma; mis otros hermanos son unos borrachos y no le hacen caso. Tenemos una pensión de mi madre por 239 euros y vivimos en una casa con otra señora. Yo vengo a desayunar aquí y luego voy a casa a cuidar de ella; aquí nos dan un poco de pasta o arroz, y con eso comemos a lo largo del día».
Una de las religiosas que se ocupa de repartir el desayuno es la Hermana Almudena. Cuenta que muchas de las personas que hacen cola frente a la casa de las hermanas viven en la calle, han pasado la noche durmiendo por ahí... Ellas les ofrecen un café con leche, bollos, un bocadillo. A veces van al banco de alimentos y allí consiguen yogures, «que es lo que más les gusta». Afirma también que no ha notado una mayor presencia de personas que recurren a ellas para desayunar, pero sí advierte que ahora dan alimentos a más familias que antes. En total, son cerca de 250 familias, todas con niños, procedentes de Ecuador, Bolivia, Marruecos, Brasil..., a las que ayudan repartiendo alimentos básicos. «Traen aquí a sus familiares y necesitan ayuda para comer», dice la hermana Almudena. Una o dos veces al mes, ellas les dan una bolsa con arroz, legumbres, pasta, azúcar, aceite..., cosas básicas que sirven para espantar el hambre, al menos durante un tiempo.
No hemos notado más gente
En general, los comedores no han percibido una mayor afluencia de personas con motivo de la crisis económica. En la capital de España, hasta el día de hoy, tanto los comedores regentados por la Comunidad de Madrid como los que dirigen religiosos o religiosas no se han visto desbordados por la demanda. La Hermana Ramona, responsable del comedor que regentan las Hijas de la Caridad en la calle Martínez Campos, de Madrid, afirma: «No hemos notado una mayor presencia de gente. Hace años venían a comer más de 500 personas. Luego pasamos por un bajón fuerte, especialmente después del 11-M, porque muchos inmigrantes tenían miedo de que fuera a buscarlos la policía, ya que no tenían papeles. Luego el número se estabilizó en torno a 400 personas, y así nos mantenemos. Se está oyendo que hay más paro, pero hasta este momento no hemos notado nada».
Casi el 80% de las personas que acuden son inmigrantes, muchos sin papeles -recalca que no son ilegales, «porque las personas no somos legales o ilegales»-. Los españoles que vienen aquí son transeúntes, trabajadores que han quedado en paro o personas que, bien por enfermedad o por otras causas, tienen una pensión mínima con la que pagan una habitación pero que no les llega para comer. También reparten comida a familias que lo necesitan para poder pasar el mes. En cualquier caso, su obra es más que un comedor. «Aquí lo que se conoce -afirma la Hermana Ramona- es el comedor de Martínez Campos, porque lleva funcionando desde 1916, con la única interrupción de la Guerra Civil. Pero en el año 92 creamos el Programa Integral San Vicente de Paúl, que, aparte del comedor, incorpora un centro de día con lavandería, bolsa de trabajo, talleres de habilidades domésticas para poder colocarse luego en casas y cuidar ancianos y niños, clases de castellano, de encuadernación; además, tenemos seis pisos de inserción para inmigrantes y siete pisos de renta baja». En la sala de estar, los sillones están muy cotizados, porque muchos pasan el día en la calle y aquí pueden sentarse algún tiempo sobre algo blando; también disponen de Internet para poder ponerse en contacto con la familia, o para buscar trabajo. Todo ello habla con una elocuencia sobre una labor, la de la caridad, que lleva siglos resistiendo los embates de la crisis, de cualquier crisis.
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo