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El Papa abre el Sínodo de la Palabra
«Cristo siempre tiene la última palabra»
Con una celebración inédita en la basílica de San Pablo extramuros, de Roma, Benedicto XVI inauguró el pasado domingo el Sínodo de los Obispos, que quiere mostrar a un mundo secularizado que Dios no ha muerto
Sesión inaugural de los trabajos sinodales,
en la Sala del Sínodo de los Obispos
La cumbre eclesial, que durará hasta el 26 octubre, reúne a 253 padres sinodales -51 de África, 62 de América, 41 de Asia, 90 de Europa y 9 de Oceanía- para afrontar el tema La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia. El Papa marcó los desafíos que debe afrontar el Sínodo en la homilía de la celebración eucarística de apertura, en la que concelebraban, entre otros, el cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid y Presidente de la Conferencia Episcopal Española. «Naciones que en un tiempo tenían una gran riqueza de fe y vocaciones, ahora están perdiendo su identidad, bajo la influencia deletérea y destructiva de una cierta cultura moderna», dijo el Papa. «Hay quien, habiendo decidido que Dios ha muerto, se declara a sí mismo dios, considerándose el único agente de su propio destino, el propietario absoluto del mundo -añadió-. Desembarazándose de Dios, al no esperar de Él la salvación, el hombre cree que puede hacer lo que quiere y ponerse como la única medida de sí mismo y de su acción».
Pero cuando el hombre elimina a Dios de su horizonte, cuando declara que Dios ha muerto, se preguntó el Papa, «¿es verdaderamente feliz? ¿Se hace verdaderamente más libre? Cuando los hombres se proclaman propietarios absolutos de sí mismos y únicos dueños de la creación, ¿pueden verdaderamente construir una sociedad en la que reinen la libertad, la justicia y la paz?», se preguntó. En esos casos, «como demuestran cotidianamente las crónicas, se difunden el poder arbitrario, los intereses egoístas, la injusticia y la explotación, la violencia en todas sus expresiones». El resultado es que, «al final, el hombre se encuentra más solo y la sociedad más dividida y confusa», constató. Por este motivo, el Sínodo sobre la Palabra quiere mostrar al mundo que «el mal y la muerte no tienen la última palabra, sino que, al final, Cristo vence. ¡Siempre!»
Las sesiones de la Asamblea comenzaron este lunes con la relación del cardenal Marc Ouellet, arzobispo de Quebec, Relator General del Sínodo, quien aclaró que la Palabra no puede reducirse a la Biblia. «La Palabra de Dios significa, antes que nada, Dios mismo que habla, que expresa en sí mismo el Verbo divino que pertenece a su misterio íntimo», aclaró. La Palabra no es un simple texto escrito -insistió-, porque es el mismo amor de Dios hecho hombre en Cristo. Esto significa que la Palabra de Dios establece una relación de amor, pues interpela directamente al hombre.
Por primera vez, un rabino
Por otra parte, a este Sínodo ha asistido por primera vez un rabino, a quien el Papa pidió que ilustrara a la Asamblea la importancia de la Escritura para el pueblo judío. Shear Yashuv Cohen, gran rabino de Haifa (Israel), presentó momentos típicos del culto en la sinagoga: «Rezamos a Dios utilizando sus propias palabras, como nos son relatadas en las Escrituras», dijo. «Del mismo modo, le alabamos utilizando sus mismas palabras tomadas de la Biblia».
Los rabinos, cuando en sus sermones hablan de temas como la santidad de la vida, el secularismo, la promoción de los valores de fraternidad..., «siempre tratamos de basar nuestras palabras sobre citas bíblicas». Y añadió: «Es sorprendente constatar cómo las Sagradas Escrituras nunca pierden su vitalidad e importancia para presentar cuestiones de nuestro tiempo y época. Éste es el milagro de la perpetua Palabra de Dios».
Jesús Colina. Roma